¿Cuántas semanas llevo en cuarentena ya, 3? No me acuerdo bien.

Por si te da curiosidad, estoy escribiéndote desde mi nuevo escritorio. Siento que ahora tengo mi propio espacio y me alivia la mente. Tener un espacio personal es importante, sobretodo en estos días.

Esta semana que pasó fue rara, tengo la sensación de haber vivido en dos líneas temporales. Además de eso, todas las preocupaciones que estaba… ¿evitando? Se dispararon todas las mismo tiempo y el viernes me largué a llorar. Le pegué a la predicción sobre mi estado anímico, qué orgullosa me siento. Me pregunto si todos nos sentimos en una montaña rusa emocional.

Día 17

Estuve pensando mucho sobre la locura de las video-llamadas que hay ahora y esto es lo que tengo para decir: una buena para los expats.

Para los que nos mudamos de país, las video-llamadas con amigos y familia son moneda corriente, estamos acostumbrados. Pero ahora podemos hacer más porque todos están en encerrados en sus casas. Todas esas reuniones que miramos por Instagram, pensando en que nos gustaría estar ahí, ahora se hacen digitalmente y podemos unirnos. No quiero sonar egoísta, pero realmente me parece una bendición.

Me siento 10 veces más incluida y menos lejos de todos los que quiero. Las zonas horarias interfieren un poco con esto, y si bien creo que el tiempo es una construcción social, no puedo hacer nada al respecto (todavía).

Día 18

Si esperar nunca fue lo mío, ahora que estoy encerrada en mi casa, no tolero ningún delay de nada. Quiero mi silla y mi escritorio ayer. Quiero que me contesten todos los mensajes y los mails dentro del minuto, pero esto último no lo cuento, me lo guardo para mi.

No puedo dejar de refrescar el sitio del correo que dice por dónde están mis paquetes. Ser impaciente es una maldición.

Me pregunto por qué quiero siempre acelerar todo, me quiero mover al nivel 10 estando en el nivel 8, y cuando llegue al nivel 10, seguramente quiera saltar al 15. Quiero todo rápido así puedo pasar a lo que sigue.

Una vez me marcaron que esto es una señal de que nada me conforma, durante mucho tiempo pensé que era una hipótesis válida y única, hasta que elaboré una superadora: es una señal de que no me quiero morir sin haber hecho muchas cosas. Esto confirma algo que siempre negué, mi miedo a la muerte. ¿Me vas a decir que vos no le tenés ni un poquito de miedo? No te creo.

Día 19

LLEGÓ MI SILLA. Me gusta armar cosas, pero tengo que entregar un trabajo. ¿Sabés que? Voy a hacer las dos cosas al mismo tiempo.

Confesión: Muchas veces juego carreras conmigo misma para no aburrirme. Agarro una tarea y me desafío a mi misma a terminarla en X cantidad de tiempo o a la misma vez que otra tarea, etc.

Casi una hora más tarde, entregué todo y terminé mi silla. No pude terminar todo al mismo tiempo, pero casi. Estoy de buen humor hoy, de muy buen humor. No se lo atribuyo a la silla igual. Me da un poco de miedo porque siempre fui muy inestable y si hoy estoy 10000% arriba, mañana o en 4 días voy a estar 5000% abajo.

Una vez un jefe me dijo que esperaba más estabilidad de mi. Que no entendía cómo es que un día estaba todo bien y al otro día todo era una mierda. Eso estaba mal y tenía que cambiarlo. Si bien lo consideraba un pelotudo, nunca me olvidé de esa charla porque reconocí que tenía razón.

Durante mucho tiempo esa observación fantasma me siguió a todos lados, pensaba que estaba funcionando mal en la sociedad, hasta que un día me desperté consumida por toda la energía que ponía en cumplir las expectativas de un pelotudo (¡que no trabajaba más conmigo!) y decidí dejar de esconder esa inestabilidad. Lo que cambió es que lo hablo menos con humanos y más con la pared.

Día 20

Me pregunto cuantas boludeces estamos justificando con el tema de la cuarentena. Sospecho que las giladas que estamos haciendo las hacemos siempre, pero ahora lo podemos decir en voz alta sin sentir vergüenza. ¿Quién nos va a decir algo? Que se atreva.

Llega la noche y, tal como predije, mi estado de ánimo se está yendo al tacho. Me voy a dormir en silencio.

Día 21

Hoy van a pasar muchas cosas:

  • Llega mi escritorio.
  • Doy una charlita sobre trabajar con diferentes culturas en una conferencia de diseño digital organizada por Bardo.

8 am: Ya estoy despierta, me voy a bañar.

9 am: Estoy tomando café, preparándome para mi video-llamada de las 9.30 con un cliente.

10 am: Mi video-llamada terminó y ahora espero que llegue mi escritorio.

11 am: Llegó. Me agarra una desesperación mezclada con emoción y alegría que no puedo explicar. Estoy hiper-acelerada.

Empiezo a destrozar los paquetes, que linda madera la de mi escritorio. ¿Cómo voy a ponerle las patas? Las tengo que atornillar. Me peleo con mi novio porque no me quiere ayudar porque tiene que trabajar. ¿A quién le importa el trabajo ahora? Que me ayude 10 minutos y listo, lo dejo en paz. Es que no me entiende porque tiene toda la mesa del comedor ya ocupada y yo hace 2 semanas estoy trabajando desde el sillón. 10 minutos más tarde me esta ayudando y me siento mal, le doy un beso y un abrazo, le digo gracias. Me explica qué tengo que hacer y empiezo, mientras chequeo Slack, Google Chat, mis mails y el teléfono. Tengo que estar lista para responder si pasa algo y tengo que hacerlo en menos de un minuto.

2 pm: Me saco el sombrero de carpintera porque tengo una video-llamada. Me pongo el sombrero de Global head of Client y le doy un update a mi equipo sobre lo último que hablé con el cliente a las 9.30.

4 pm: El escritorio está listo. Mi novio me dice que me tengo que calmar un poco, que hoy a la mañana no me sentía bien y que no me hace bien estar tan acelerada. No me importa. No lo escucho. Empiezo a decorar el escritorio. Le pongo luces, mi cosito de madera con mis marcadores, papelitos y chucherías.

5.30 pm: Me tengo que arreglar, en 2.30 horas es la charla y tengo una video-llamada con el equipo de Los Ángeles para hablar de un proyecto. Voy a mi cuarto y en mi cabeza suena un nuevo desafío: En menos de 30 minutos tengo que estar lista. Lo cumplo.

6 pm: En media hora es mi video-llamada con Los Ángeles. Aparece un nuevo desafío: tengo que armar una mesita que me compré para poner mis libros en 30 minutos. No llego y actualizo mi objetivo, tengo que terminar la construcción antes de las 7 y prestar atención a la video-llamada con mis compañeros para hacer comentarios que tengan sentido. Soy la única mujer en esta conversación, así que siento doble presión por hacerme escuchar y entender. Soy la que lidera este proyecto, no me puedo equivocar en nada.

7 pm: Terminé todo y, como bonus, tuve tiempo para acomodar los libros en la mesita. La conversación con mis compañeros no salió tan bien como yo esperaba, pero creo que mis comentarios fueron acertados. Detecté un problema que voy a tener que charlar la semana que viene. Odio esto. Decirle a un jefe que no estás de acuerdo con él, no es lo que más me divierte. Decírselo a un jefe, varón y holandés, mucho menos. Pero lo tengo que hacer. Va a estar todo bien. No pasa nada.

Mi novio me pregunta que quiero comer y siento que voy a vomitar. Le ladro diciendo que no tengo espacio mental para pensar en comida. Me hace otra pregunta en relación a esto y le digo que me deje sola, que me deje lo que sea que está cocinando, que después lo como. Me dice que todo va a estar bien.

7.30 pm: Me tiembla la voz y un poco la manos. Releo la presentación que hice y rápidamente la ensayo en mi cabeza. Esta vez fui re piola y me hice anotaciones que seguramente me olvide de leer, pero al menos están ahí. No hables rápido, me repito a mi misma, no seas atolondrada. Respiro.

8 pm: Empieza la charla. Veo que hay conocidos que se conectaron. Qué bueno y qué mal al mismo tiempo. Tengo 45 minutos para hablar, es tan obvio que lo voy a hacer en menos tiempo. Me trabo un poco con las palabras y las ideas que quiero comunicar porque no estoy tan relajada como me gustaría. Y bueno, estoy haciendo lo mejor que puedo.

La charla termina y me queda una buena sensación. Me acordé de una profesora de química a quien quería mucho. Me dio un feedback que jamás me olvidé: Celeste, dejá de decir UUHMM eeeMMM oOOOHH AMMM, cuando estás presentando algo, ¿estás dudando de lo que sabés? Quizás esa fue una de las lecciones más importantes que aprendí en la secundaria.

9 pm: Ahora sí tengo hambre. Me voy a comer un plato de ravioles con sal y nada más porque me da paja ponerles cualquier otra cosa. ¿Ya te conté que soy muy complicada para comer? Tengo gustos y costumbres extrañas, pero lo dejamos para otro día.

10 pm: La energía se agotó. Siento que estoy aturdida como cuando en una película explota algo y después se escucha un piiiiiiiiii finito. ¿Cómo puedo vivir haciendo 60 mil cosas a la vez? Leí muchas veces que el multitasking no es algo sano, intento no hacerlo pero pfff, ¿a quién quiero engañar? Soy un caos con patas.

11 pm: Terminé de ver el último capítulo de This is Us. Me agarró miedo y me puse a llorar. ¿Y si me quedo sin trabajo? ¿Y si no veo más a mis amigos o a mi familia? ¿Y si le pasa algo a mis gatos? Pienso en comprar una mochila transportadora de mascotas, si se desata un ataque zombie, los meto ahí y salgo corriendo. Mis gatos se mueven conmigo hasta el fin del mundo, de lo contrario, estoy lista para que apocalipsis me consuma.

Día 22

Me desperté a las 8 de la mañana y estuve 2 horas mirando videos en TikTok. El fin de semana no se siente como fin de semana si mi oficina es mi casa y mi casa es mi oficina y está todo mezclado en el mismo lugar.

Voy a poner Dare Me en Netflix. El primer capítulo me encantó y así, en modo automático, decido que es lo único que voy a hacer hoy, fumarme toda la temporada desde la comodidad de mi silla gigante.

Son las 3 de la tarde y un poco me aburrí de mirar la serie. Le pregunto a mi novio si quiere ir al supermercado, a la lavandería y a andar en bici un rato. Es nuestro permitido semanal, como si estuviésemos a dieta, pero del mundo exterior.

Íbamos a hacer pizza pero nos dió paja, así que cenamos lasaña. Yo me siento en mi escritorio y el se sienta en el sillón a mirar Star Trek. No hay mucha emoción en cenar juntos porque estamos todo el día juntos. Así que da igual.

A la 1 am terminé de ver los 10 capítulos de Dare Me, no puedo creer ese final, no sé cuánto tengo que esperar para la segunda temporada, pero sé que va a pasar mucho tiempo.

Día 23

Con mi novio desarrollamos una costumbre, mientras tomamos café a la mañana, miramos 2 videos en Youtube. En general yo quiero mirar a Jeffree Star, NikkieTutorials, Ratolina, y el quiere mirar a un grupo de chabones que trabajan en VFX y analizan películas. Me parece interesante, pero solo para llevarle la contra, le digo que los odio y me parecen un embole.

Para mi sorpresa, miramos el tour de la casa de Jeffree Star y el tour del estudio de Nikkie. Nos ponemos a pensar teorías conspirativas sobre sus vidas llenas de fama. Tengo cosas para decir sobre la vida de un famoso, porque imaginé cómo sería mi vida si fuese famosa, pero eso lo cuento otro día…

Ahora te dejo con esto que saqué de uno de mis newsletters y blog favoritos:

Aside from physical distancing, the biggest thing you can right now is choose to see the best in each other. Be kind. Be patient. Be tolerant. Be quick to help out in anyway you can. Be forgiving when you would otherwise be upset. See things through the eyes of others and try understand where they are coming from. Seek out opportunities for generosity. Reconnect with your community. Reconnect with yourself. Reconnect with your priorities. Live them. We’re all in this together.

Me voy a tomar otro café con leche.

Si te gustaron estas misceláneas, podés suscribirte al newsletter en este link y recibirlo en tu inbox todos los domingos a la mañana. Escuché por ahí que el desayuno es más rico si lo acompañas leyendo.

Project manager 👩🏻‍💻 • Internet kid • Feminist • Made in Ushuaia, living in The Netherlands • Escribo un newsletter sobre misceláneas http://bit.ly/2SICqcd

Project manager 👩🏻‍💻 • Internet kid • Feminist • Made in Ushuaia, living in The Netherlands • Escribo un newsletter sobre misceláneas http://bit.ly/2SICqcd