Clock with alarm” by Ксения Колганова (CC BY-NC-ND 4.0)

Creo que desde que mi viejo se murió que estoy obsesionada con el tiempo. Hablé (y hablo) mucho en terapia sobre lo mucho que me cuesta aceptar que el tiempo en algún momento se acaba y que nunca es suficiente.

No por nada soy project manager, un trabajo en el que básicamente tenés que administrar el tiempo y los recursos, tuyos y del resto. A veces me gusta pensar que es cómo jugar a los sims.

El otro día leí un tweet de alguien que decía que la peor combinación es ser autoexigente y vago a la vez. Es verdad, yo soy las dos. Es horrible.

Mi trabajo me gusta mucho, pero no hacer nada me gusta más. Lo que hago en mi día a día, cada vez que me asignan un proyecto nuevo, es ver qué puedo hacer para terminarlo rápido y poder boludear en internet. El 50% de mi motivación está ahí. El otro 50% está en hacerlo lo más perfecto posible, no por ego ni nada por el estilo, es que no quiero que vuelva como un boomerang y me rompan las bolas con que falta algo, algo se rompió, pesa mucho el archivo, etc.

Además, sí, ok, soy un poco maníaca y tengo un listado de cosas que en mis proyectos se deben cumplir si o si. En mi primer trabajo de verdad, tuve un jefe que estaba obsesionado con los Fav Icons (el ícono que representa un sitio web en tu navegador), siempre que hacíamos un sitio web lo primero que preguntaba era “¿y el fav icon?” Me quedó tan grabado que ahora la que hace esa pregunta soy yo, siempre. “AAAHHH”, responden todos. En general nunca nadie se acuerda de los fav icons.

Esos íconos son parte de una listado de items que tengo que cumplir en mis proyectos. En esa lista también están: los formatos de las planillas de excel, los nombres de los archivos… Si estás pensando que trabajar conmigo es un bajón porque soy super rompe huevos, estás casi en lo cierto. Casi porque a veces termino arreglando las cosas yo, son las 5.45 de la tarde y no me voy a mi casa hasta que todos los archivos estén renombrados siguiendo una nomenclatura que todos podamos entender. Ya acepté que es mi problema y no el de los demás, aunque siempre les recuerdo a todos cómo deben estar renombrados los archivos.

En definitiva, la conclusión siempre es la misma: “terminemos rápido que me quiero ir a mi casa”.

Pero después llego a mi casa, me doy cuenta que me quedan solo 5 horas para hacer cosas que no estén relacionadas con trabajo y me pregunto, ¿cómo puede ser? ¿Y si tuviese un fin de semana de 3 días me alcanzaría? Porque el fin de semana de 2 días se pasa muy rápido. Mañana ya es lunes.

La ansiedad que me agarra cuando me doy cuenta que nunca voy a leer todo lo que quiero leer, mirar todas las pelis que quiero mirar y así, es tan grande que creo que nunca la voy a superar y me va a seguir a todos lados por siempre. Incluso cuando sea un fantasma.

Ayer Diego escribió sobre la gente que está siempre a full:

Hay gente que vive a full, como si eso fuera un valor, un elogio del stress. Les escribís por cualquier cosa y te dicen “estoy a full, bancá”. Bancá qué?

Una forma de compartir el tiempo con un amigo que está en otra oficina horrible en otro punto de la ciudad es mandarle una canción y escucharla al mismo tiempo. “Estás? Escuchaste el tema nuevo de El Mató? Dale play y lo escuchamos juntos” Y hablas boludeces por la ventana del whatsapp un rato. Besos por Webwhatsapp, como cantaba Mollo. Pero no, algunos te dicen “bancá que estoy a full”.

Ayer tuve esta conversación con mi tío que vive en Córdoba:

Jueves:

Tío: Audio 1–0.37s

Tío: Audio 2–0.13s

Tío: Audio 3–0.19s

Sábado:

Yo: Hola tío! No me olvido que me escribiste, pero es que tuve unas semanas muy intensas en el trabajo.

Tío: Hola reina, estás muy a full?

Yo: Si.

Conclusión: Soy todo lo que odio.

No es que esté orgullosa, ni un poco, de haber tenido dos semanas *intensas* en el trabajo, de estar muy a full, es que no sé cómo administrar mejor mi tiempo. Que paradoja. Claro que me gustaría priorizar mejor el tiempo para poder hablar con mi tío más seguido, con mi mamá, mi hermana, mis amigos, pero cada vez me cuesta más priorizar. No es que ellos tengan poca prioridad, es que yo priorizo mal. En realidad, no quiero priorizar, aunque debería hacerlo.

La verdad es que no quiero fraccionar mis días en pedacitos, 30 minutos para hacer esto, 10 minutos para hacer lo otro, 1 hora para hacer tal otra cosa. Si hago eso me siento esclava de mi misma, pero si no lo hago tiendo un poco a vivir en un caos infinito. Las dos son terribles, pero prefiero el caos antes que la esclavitud.

¿Qué hacés después del trabajo? Nada

Quiero tirar abajo el mito de que ser solitario estar mal. En el trabajo estamos 8 horas, y no sé ustedes, pero yo tengo que interactuar con mucha gente. Después de las 6 de la tarde, no quiero interactuar con nadie más que no sean mis gatos. Es que no tengo más energía, necesito hacerme una bolita en el sillón y mirar la tele (youtube).

El viernes me pasó esto: “es la despedida de juanito, juanita y marta, ¿no vas a venir?”. “No, me voy a casa a tomar sopa”. Tuve la suerte de que mi novio ese día no estaba tampoco, entonces llegó el viernes a la noche y estaba yo sola en casa. Una bendición que no pasa casi nunca.

Estaba muy contenta con mi decisión, pero igual me costó mantener el no cuando un montón de mis compañeros me miraron con cara de qué aburrida que sos.

Me parece gracioso que cuando preguntan qué hiciste el fin de semana, si no saliste de tu casa, por lo general, la tendencia es contestar “nada”. Cuando claramente es mentira, si hiciste cosas. Creo que muchas veces valoramos más el hacer cosas con gente, que el hacer cosas con uno mismo. Y si salís con gente, sumás 10 puntos, si salís solo -5 puntos.

Cuando digo que no hago nada, en realidad es porque no quiero contar que me quedé en mi casa leyendo o que estuve 3 horas jugando tetris sin parar mientras escuchaba podcasts (últimamente, mi combo favorito). Cada vez me da menos vergüenza admitir que mis fines de semana están reservados para mi misma, para hacer todas esas cosas que se clasifican como nada, pero que en realidad son geniales, pasar tiempo con tus viejos tomando mate, dormir 3 horas de siesta, pasarse el domingo mirando películas, etc.

Si esa es la definición universal de no hacer nada, quiero hacer nada toda mi vida.

Creo que, en el fondo, hay que tener mucho valor para bancarse el estar solo con uno mismo. Si te lo ponés a pensar, es de la única persona que no te podés escapar.

Conclusión: el mejor sistema de productividad es decir que no y priorizar. Es un sistema infalible y un combo fulminante si lo sabés usar bien.

La vida de los otros.

Esta semana me puse a pensar en algo increíble: desde que me mudé de país, pienso que todo el mundo está viviendo una vida super emocionante, mientras yo estoy acá, en el culo del mundo, cagándome de frío.

Me dí cuenta de esto porque cada vez que le escribo algo a mi hermana espero que me cuente una historia increíble sobre su vida, algo así como “estaba yendo a trabajar y un dinosaurio se paró frente al colectivo, así que llegué tarde”. Cuando la realidad es que quizás llegó tarde porque se quedó dormida.

Me parece que la distancia cambia nuestra percepción y valoración de los eventos. La vida cotidiana y la rutina parecen un evento único e irrepetible para quienes están lejos, mientras que para el otro es solamente eso, una sucesión de cosas que se repiten todos los días sin emoción alguna.

Qué loca es la percepción de la presencia también, si no sigo el día a día de las vidas de mis seres queridos en Argentina parece que no estuviese viviendo en otro país, sino más bien en otra galaxia. Antes, dos días sin hablar estaba bien, una semana también, no había nada para contar. Y ahora, una semana parecen 3 meses, y quiero que me cuentes cuántas miguitas hiciste comiendo esa tostada en el desayuno, no vaya a ser que me pierda algo importante.

Conclusión: Los detalles son todo.

Disparadores

Me di cuenta que muchas de las cosas que escribí y pensé este mes, fueron disparadas o complementadas por diferentes lecturas, podcasts, etc.

En vez de linkearlas por separado, creo que sería mejor si las linkeo acá abajo:

No leí, ni escuché, ni miré nada relacionado con la obsesión del tiempo. Así que si me querés recomendar algo, me vendría genial.

Si te gustaron estas misceláneas, podés suscribirte al newsletter en este link y recibirlo en tu inbox todos los domingos a la mañana. Escuché por ahí que el desayuno es más rico si lo acompañas leyendo.

Project manager 👩🏻‍💻 • Internet kid • Feminist • Made in Ushuaia, living in The Netherlands • Escribo un newsletter sobre misceláneas http://bit.ly/2SICqcd

Project manager 👩🏻‍💻 • Internet kid • Feminist • Made in Ushuaia, living in The Netherlands • Escribo un newsletter sobre misceláneas http://bit.ly/2SICqcd