LOS OTROS HUÉSPEDES DEL PARQUE CENTRAL DE MACHALA.

Temerosa, una iguana cruza el muro de la pileta para alimentarse de las amarillentas hojas de un jacinto; se asoma al reservorio del agua y se aleja atravesando el soleado piso de cerámica, sorteando las pisadas de los transeúntes que la miran con curiosidad y miedo.

Las campanas del reloj de la catedral anuncian las cuatro de la tarde, es un sábado de octubre en el parque central de Machala. Presurosa, la iguana llegó al pie de su árbol, donde otros cinco reptiles de su misma especie toman el sol de la tarde, recorriendo el césped, bajo las miradas de algunos turistas; a pocos pasos un enjambre de palomas de castilla “aterrizan” en la plazoleta, atraídas por lluvias de maíz y arroz que generosos infantes les ofrecen. Algunos las corretean, mientras otra bandada se eleva a posarse en el filo de la entrada a la iglesia central, que se observa tapizada de manchas de heces porque la han hecho su hogar.

Palomas e iguanas, y otras pocas especies de aves son los otros huéspedes que lidian su vida adaptándose al hábitat de la selva de cemento de este verde lugar de la ciudad.

Algo asustadas y tímidas, las iguanas empiezan a escalar el tronco del árbol mas grande que está frente a la iglesia, mientras otro grupo permanece inmóvil en las ramas de la copa. Las palomas de castilla ya han invadido la plazoleta y algunas vuelan espantadas por el correteo de los niños y los flashes de cámaras y celulares las capturan.

No se conoce de un estudio de las aves que habitan en el parque central de la ciudad; tampoco de un plan de manejo ambiental para asegurar su bienestar.

Eso si, la memoria registra dolorosos momentos que han atravesado estos seres: la muerte masiva de palomas hace un par de años, presuntamente envenenadas con su alimento; varios intentos de los sacerdotes por deshacerse de ellas, debido a que han osado haber hecho de su hogar la casa de oración; y algunos casos de maltrato de las iguanas por parte de algún desaprensivo niño o adolescente.

También se recuerda el caso de un par de pericos ligeros victimas de acoso de los turistas, que fueron salvados hacia un bosque de Piñas.

Queridas por los niños, aborrecidas por los sacerdotes y olvidadas por las autoridades y la comunidad, así sobreviven las palomas e iguanas del parque central de la ciudad.

Una opinión sobre los animales del parque

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