accept

“La verdadera seguridad reside en la aceptación de la inseguridad — en el reconocimiento de que en realidad nunca estamos parados sobre tierra firme, y que nunca podemos estarlo.”

La cita es de Oliver Burkeman en uno de mis libros de cabecera. Condensa en esa frase, una filosofía entera, la de los estoicos, que a diferencia de lo que normalmente se cree, no predicaban que tenemos que soportar cualquier cosa que nos suceda. Para los estoicos, todo parte de lo que podemos controlar y lo que no. La primer lección que me dejó Epicteto es exactamente esa. Muy bien expresada en la plegaria de la serenidad de Reinhold Niebuhr.

“Serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las cosas que puedo cambiar y sabiduría para reconocer la diferencia.”
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Son entonces, los juicios sobre el mundo, sobre las cosas que nos pasan lo que está en nuestra esfera de control para los estoicos, y por lo tanto, todo lo que necesitamos controlar para alcanzar la felicidad. La tranquilidad resulta de reemplazar nuestros juicios irracionales, por otros racionales. Una felicidad que se parece más a la calma que se encuentra en la aceptación y en la contemplación, que a la euforia que hoy en día imaginamos frente a ese concepto.

Fred Koffman, explica que tenemos una tendencia a querer poner siempre las causas (culpas) en el afuera. Las cosas nos pasan a nosotros, como si fuésemos meros espectadores de nuestra vida. “Había mucho tráfico”. “Me pusieron un dos”. “Se cayó”. “Se rompió”. El problema con pararnos desde este lugar de inocencia, es que perdemos la capacidad de accionar, de tomar responsabilidad, es decir, de poder darle solución a las cosas.

El precio de la inocencia es la impotencia.

Si no soy parte del problema, no puedo ser parte de la solución. Si llego tarde porque “hay mucho tráfico” poco puedo hacer para remediar la situación, me convierto en víctima, lo que se traduce en resignación, sufrimiento, resentimiento. En realidad si entiendo la parte que está en mi control, calcular correctamente el tiempo de ruta, puedo elegir salir más temprano, y me convierto en protagonista, responsable y empoderado ante la situación.

¿Por qué entonces nos cuesta tanto tomar este control de nuestro destino? Porque implica aceptar las inseguridades de la vida. Aceptar todo lo que queda fuera de nuestro control, es una proposición abrumadora en principio. Lo mágico reside en que una vez que aprehendemos esta idea, es liberadora. Todo el estrés, sufrimiento, angustia, dolor, e impotencia que nos generábamos intentando controlar lo que está fuera de nuestro control, desaparece. El esfuerzo de poner las culpas en el afuera y evadir la propia responsabilidad resulta agotador, librarnos de esa carga, nos da lugar a que podamos alocar esa energía en cuestiones positivas, sobre las que sí podemos tener impacto y ver resultados.

También implica aceptar que los resultados no siempre van a ser positivos. Y encontrar nuestra paz con ello. Vivimos en la sociedad del “entitlement”, nos creemos con derecho a, merecedores, estamos permanentemente reclamando lo que nos parece justo, sin considerar que los logros provienen de esfuerzo, trabajo, y sobre todo, aprendizaje a través de errores y fracasos. Un fracaso al que le tenemos tanto terror, que hasta nos cuesta admitirlo frente a nosotros mismos.

Oliver Burkeman nos explica dos ideas clave en este sentido:

“El esfuerzo por sentirse feliz es a menudo precisamente lo que nos hace miserables. Son nuestros esfuerzos constantes por eliminar lo negativo — la inseguridad , la incertidumbre , el fracaso, o la tristeza — lo que nos hace sentir tan inseguros, ansiosos, dubitativos e infelices.”
“Asegurar resultados positivos, en realidad puede agravar la ansiedad: cuando le asegurás a un amigo que el peor escenario posible que tanto teme, no va a ocurrir, inadvertidamente estás reforzando su creencia de que sería catastrófico si sucediera. Estás tensando la bobina de su ansiedad, no aflojándola. A menudo, señalan los estoicos, las cosas no van a resultar de la mejor manera posible.”

¿Y la respuesta a todo esto? Obviamente no es sencilla, pero empieza por aceptar. Esa aceptación estoica que nos lleva a poder discenir qué podemos controlar y que no. Aceptar el dolor, el sufrimiento, los errores, como parte de la vida y de tu camino. Aceptá donde estas, en vez de estar peleando por dónde querés estar.

Aceptar a la verdad es mucho más fácil que todo el tiempo y la energía que se necesita para escapar de ella.
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