resolutions

Quizás parece un despropósito arrancar -finalmente- a escribir mi post sobre resoluciones de año nuevo un 24 de febrero. Pero creo que ayuda aún más a reforzar mi punto. Se trata de un proceso, de un constante fluir de objetivos, no de un momento en el tiempo que determina un fin estático.

Me encanta mi ritual de new years resolutions. Hay una fuerza movilizadora en la sensación de renovación que brinda el cambio de año, y creo que es inteligente aprovecharla para tomar envión, y dejarnos sentir renovados.

Hace más de una década que de un modo u otro, seteo objetivos, deseos, resoluciones, o como prefieran llamarlas. Pero no siempre me han resultado útiles más allá del momento de reflexión puntual. Hoy puedo decir que se trata de un proceso, de un constante fluir de objetivos, hábitos e intenciones, no de un momento en el tiempo que determina un fin estático.

death to the stock photo

Las primeras veces eran casi un ejercicio de pensamiento mágico, pequeños papelitos en los que escribía dos o tres objetivos, o más bien deseos. Recuerdo que doblaba el papel hasta que entraran en un pequeño locket cuadrado que usaba colgado al cuello, y pocas veces volvía a consultar mi guía de acción. De haberlo hecho, tampoco hubiese servido de mucho, expresaban deseos. Deseos de logros que estaban fuera de mi control (enamorarme), o deseos genéricos como el clásico “bajar de peso” sin un plan concreto o un lifestyle en mente para lograrlo. Pero eran deseos al fín, y allí estaba manifestada mi intención de planificar y aprovechar mejor mi tiempo.

Como amante y estudiante del diseño que soy, con el tiempo estos pequeños y escondidos papelitos, evolucionaron en hermosos coloridos carteles tipográficos, que constituían ya una especie de decálogo de ideas y objetivos para el año. Estos sí, quedaban siempre a la vista, generalmente en mi cuarto, el espacio más íntimo que habitamos.

Explican muchos entendidos en el tema, que este tipo de deseos y forma de setear objetivos en general son una receta para el fracaso. Comencé a entender que necesitaba un enfoque distinto. Aspiraba a poder esbozar objetivos anuales que logren ser cumplidos, y que en el mediano plazo me ayudaran a desarrollar mi profesión, y mi vida, de modo que me sintiera conforme y realizada. De eso se trata después de todo, este ritual. No buscaba obligarme o forzarme a cumplir metas ciegamente, sino guiar con mejor intención y propósito los planes de mis días.

Estos son los tres pilares que aprendí, que me acompañan durante todo el año, no solo a la hora de sentarme a definir mis objetivos para el nuevo año.

Intenciones

Como con muchos aspectos que he ido definiendo en mi vida, hice un poco de research sobre el tema, y otro poco me fue llegado y lo fui absorbiendo orgánicamente. Esta nota, de uno de mis blogs de cabecera, fue esencial en la transformación del modo de setear mis new year resolutions. Llegó en un momento justo en que venía procesando cuestiones similares, tanto en torno a mis goals, como con mi práctica de yoga y otros aspectos que menciona la nota.

Traduzco a grandes rasgos los consejos que presenta la autora:

1.Visualizar cómo queremos sentirnos, o cómo queremos ser. 
2. Definir intenciones, en vez de objetivos, sobre como queremos sentirnos, qué queremos lograr, cómo queremos ser, etc.
3. Crear un ayuda visual: listas, imágenes, carteles.
4. Desarrollar un plan de acción para lograr las intenciones.
5. Finalmente, llevar el plan a la acción.

Para este entonces, mis listados fueron ya transformándose en mapas conceptuales, acompañados de listados de intenciones más que de objetivos. Algo flexible y dinámico que me permitía ir ajustando a lo largo del año si fuese necesario.

Este cambio de objetivos a intenciones, fue uno de los más importantes en la evolución de mis resoluciones de año nuevo. Hubo dos ajustes más, por ahora, que me han servido muchísimo.

Checkpoints

Me di cuenta que como profesional, constantemente estoy haciendo planes y definiendo objetivos, con una caracterísitca que es ineludible para su éxito: medir resultados periódicamente, y ajustar el plan en consecuencia. ¿Por qué entonces, no volvía nunca a releer siquiera mis objetivos personales para cada año?

En mi caso, sentí que revisitar mis objetivos cada dos meses era razonable. Tenía tiempo de avanzar en cada aspecto, y era lo suficientemente corto para darme lugar y tiempo a corregir desvíos.

Este 2016 es el tercer año que voy a estar implementando mis checkpoints. La diferencia es realmente grande. Pasaron de ser una lista que hacía en enero, y quizás recordaba una vez o dos en el año, a ser algo con lo que convivo cotidianamente. Esto me ayuda a absorberlos, amigarme con mis objetivos, poder sincerarme más con cuáles quiero seguir cumpliendo y cuales fueron deseos de año nuevo y deben quedar así, y sobre todo, me ayudó a cambiar el mindset de listados estáticos, a procesos. O dicho de otro modo, de objetivos a hábitos.

Hábitos

Uno de mis gurús, Mark Manson, me hizo el inmenso favor a principio de este año, de regalarme este maravilloso compilado sobre resoluciones de año nuevo. Explica por qué los objetivos fracasan y nuestra energía está mejor puesta en trabajar sobre nuestros hábitos.

Para resumirlo en términos injustamente sencillos (la nota es brillante y compleja, si pueden leánla!) es la diferencia entre decir “quiero bajar de peso” y definir “voy a aprender a cocinar y comer más saludable y adoptar una rutina de ejercicio”.

Cultivar hábitos en vez de perseguir objetivos es el escalón más intenso en el cambio que este proceso me permitió hacer. Se trata no ya de estar corriendo hacia un objetivo, que muchas veces es inalcanzable, por definición misma, sino de transitar la vida de otro modo. Acá la palabra clave es fluir, y disfrutar el proceso. Tiene todo que ver con dejar de esperar la felicidad como recompensa al final de un camino, y con encarar la felicidad como una actitud y una forma de hacer las cosas. Entonces, si bien cada año viene con esa energía renovadora, no se siente como una tabula rasa que agota de solo pensar en tener que volver a llenarla de cosas. Sino que se convierte en un paso más de un proceso que es nuestra vida misma, un fluir de deseos, objetivos, intenciones, hábitos y aprendizaje.