
Se venden espejitos, no golpes
Por: Angel Mario Martínez.
Una imagen: Floyd Mayweather de pie, con su piel aceitada y una mirada seria. Frente a él, una foto del campeón de peso pluma del UFC: Connor McGregor, con sus guantes de MMA y el cinturón al hombro, todo en un fondo negro enmarcado con el nombre de los peleadores en verde chillante.
Este cartel fue publicado el domingo 29 de mayo en las redes sociales del multimillonario boxeador y en menos de 12 horas tenía más de 130 mil likes, 35 mil compartidos en Facebook y 10 mil RT en Twitter. Todos los sitios especializados hicieron eco de la publicación, que no incluía más información que la leyenda Pay-Per-View y el logo de la cadena CBS, despertado cientos de especulaciones.
Francisco San José, especialista en marketing deportivo, comenta que la ausencia de figuras hacen que el negocio vuelva a ser jugoso para los retirados. «Como dice el dicho: ˝en tierra de ciegos, el tuerto es rey˝, hay una carencia de grandes boxeadores. El hecho de que se mueran los ídolos provoca que pugilistas como Mayweather se plantee la opción de regresar y avanzar en el negocio». No hay ídolos vigentes en el pugilismo, no hay figuras que inspiren y vendan los pagos por evento como pan caliente. El boxeo se encuentra en un pozo sin fondo.
Adelgazamiento del producto
«Levántate y pelea, cabrón», exclamó el campeón pesado Muhammad Ali en 1965, tras mandar a la lona a Sonny Liston. John Rooney tomó una foto que capturó ese momento y es más famosa que cualquier publicación de Instagram de Mayweather. Antes de que existieran las redes sociales, el boxeo gozaba de fama mundial, siendo uno de los deportes con más seguidores en el planeta, ofreciendo peleas épicas sobre los encordados. Si bien Facebook y Twitter no acabaron con la disciplina, sí la transformaron en un lugar donde ya no existen los ídolos de barrio, sino magnates coleccionistas de followers.
Lejos quedaron las figuras de Cassius Clay, Joe Frazier, Joe Lewis y Rocky Marciano; esos titanes que hicieron mítica la categoría de los pesados para heredarla a boxeadores como Mike Tyson, Evander Holyfield y Lennox Lewis. Estos personajes disfrutaron también de grandes fortunas. Ali logró acumular 60 millones de dólares, mientras que Tyson puso en sus bolsillos hasta 400 millones, de los cuales sólo mantiene tres (según Celebrity Net Worth). También fueron polémicos, pero respaldaban sus palabras con acciones.
«Todavía los recuerdo en sus años de grandeza, cuando al brillo de las luces del ring apasionaban a su público y llenaban las páginas de los periódicos con sus hazañas. Ahora, en la madurez, viven con nostalgia de su gran pasado que se fue y no volverá», escribió en su columna de El Universal el presidente del CMB, José Sulaimán, sobre la época dorada del boxeo.
La disciplina evolucionó en los 80: los protagonistas sufrieron un cambio físico muy drástico. El público estaba ya cansado de peleadores regordetes que a partir del quinto round ya no ofrecían espectáculo. Por eso las carteleras de Las Vegas comenzaron a ser encabezadas por nombres como Roberto ˝Manos de Piedra˝ Durán, Sugar Ray Leonard, Julio César Chávez y Oscar de la Hoya. La mina de oro se destapó a principios de este milenio, los Floyd Mayweather y Manny Pacquiao aparecieron para cambiar el negocio para siempre.
Make it rain
«Estoy bendecido al despertar cada mañana con la certeza de que mi cuenta de banco está creciendo. Siete cifras cada mes sin mover un sólo dedo», publicó este año Mayweather en su cuenta de Instagram, acompañado de un video donde aparece sentado en un sillón, con gorra negra y hablando por celular. Eso y 96 fajos de billetes muy chonchos de 100 dólares, acomodados en una mesa frente a él.
Desde 2005, cuando Mayweather y Pacquiao aparecieron por primera vez en los PPV de Showtime y HBO, el box supo que debía proteger a los divos amantes de la fama.
La idea dio frutos millonarios, desde ese año entre ambos han encabezado casi en su totalidad los PPV y desde 2006 fueron estelares en 32 de 43 ocasiones en total.

No se puede negar que son dos grandes nombres en la historia del pugilismo, sus números los respaldan. Sin embargo, se les ha criticado la pasividad a la hora de buscar rivales.
Mayweather ha pecado de eso por muchos años, prueba de ello está en el pleito de 2015 con el filipino. Quizás en ese año el combate sí hubiera sido espectacular.
Mientras ˝Pacman˝ enfrentaba rivales de mayor peso en su mejor momento, el popular ˝Money˝ puede presumir de medirse ante Zab Judah y Carlos Baldomir, además de veteranos con nombre en la disciplina pero en decadencia como Miguel Cotto y Óscar de la Hoya.
Esta fórmula de no tomar riesgos fue la mejor inversión de Floyd y su empresa. Hay que cuidar un récord y hablar mucho, eso es lo que vende los boletos, no los 12 rounds sobre la lona.
Canela insípida y chocolate escaso
Septiembre de 2015, Mayweather dice adiós (nuevamente) al encordado. Abril de 2016 Pacquiao hace lo propio. El boxeo se quedó sin una máquina de hacer billetes.
Se tenía que buscar a la nueva figura para los PPV y quién mejor que el mexicano de 25 años: Saúl Álvarez. Este pelirrojo y bien marcado muchacho, con más finta de irlandés que de mexicano, se forjó un nombre gracias a un titán que lo formó desde su esquina: Televisa.
«Es un producto lanzado por Televisa y cumple con las características de las personas que lanza esta televisora: alguien atractivo, que resalta entre los demás boxeadores y bien trabajado en el gimnasio. Desde el punto de vista del boxeo hay mucha controversia, aunque la gente dice que se va haciendo de nivel y cartera, es alguien que recibe críticas como quien tiene una falta de técnica boxística y que le ponen bultos; alguien muy artificial», analizó Francisco San José.
“Canelo” firmó un contrato con la televisora en 2009 para transmitir sus combates; logrando audiencia de 24 puntos de rating en siete ocasiones, con su pico más alto en 2013 cuando enfrentó a ˝Money˝ Mayweather con 41 puntos. Actualmente y por naturaleza, el mexicano es el heredero un negocio llamado boxeo, cobijado por una comunidad de más de 1.6 millones de likes en Facebook, 619 mil seguidores de Twitter y 1.1 millones en Instagram.
Pero fuera de cualquier aparador brillante, se encuentra un peleador de Managua, Nicaragua, ubicado en la plaza 14 de los mejores boxeadores libra por libra del mundo según boxrec.com. Él no ha encabezado una cartelera de PPV, mucho menos posee billetes o éxito en redes sociales, pero si tiene un récord de 45–0 (38 KO). El “Chocolatito”, como es conocido, es dueño de los títulos del CMB y The Ring en peso mosca, además ha ganado cinturones en otras divisiones (mínimo y minimosca). Es reconocido por muchos como un peleador de grandes cualidades, acumula 5 defensas de título y 10 nocauts en sus últimas 11 peleas. Pero, ¿porqué no encabeza los Pago Por Evento?
El nicaragüense no cumple con el perfil de fama necesario. Para empezar, su división aún no está de moda, los pesos ligeros apenas se están haciendo espacio en las grandes carteleras en las peleas preliminares. Además, apenas es seguido por 47 mil personas en Instagram, 30 mil en Twitter y 36 mil en Facebook.
Estas situaciones lo han mantenido fuera de la frontera de Las Vegas, pues sólo ha peleado en una ocasión ahí (en el 2011 ante el mexicano Omar Soto). Ese pequeño centroamericano de gran pegada, que cobraba apenas 4 centavos americanos para que lo vieran pelear de niño, se ha tenido que hacer camino en el deporte a base de golpes.
De merolicos y habladores
Bien reflexionó don José Sulaimán pocos años antes de su muerte, al ver cómo el boxeo se transformó en un negocio:
Foreman, ese gran campeón que perdiera su título ante Ali en Zaire, vive hoy como un exitoso y millonario empresario. Me ubico en los tiempos actuales, donde vemos a los ídolos del presente tomar el lugar de los héroes del pasado, con un trío de ellos sin duda ya ubicados entre los mejores de la historia, como son Floyd Mayweather, Manny Pacquiao y Bernard Hopkins, pero en tiempos en que la bohemia, el orgullo y el amor por el boxeo ya son del pasado, hoy reina sólo el amor por el dinero.
Es por eso que el regreso de ˝Money˝ no suena descabellado, incluso si es contra un peleador del deporte de contacto en boga (Conor McGregor y las artes marciales mixtas), pues sin duda venderá millones en PPV. Qué importa ofrecer un espectáculo donde el morbo supere al deportivismo, al cabo los aficionados ya pagaron su boleto.