En obra

Mientras pasa el primer día está bien recordar su fugacidad

A punto de alcanzar el mediodía valoramos el silencio que surge en la ciudad por esta fecha.

La gran mayoría de los citadinos comienza a reponerse de los excesos de hace unas horas mientras otros inician esas labores invisibles, pero significativas, que hacen girar al mundo.

El mundo, precisamente. En los lugares más distantes inicia el día siguiente. El dos. Acá, desde esta ventana, mientras el sol busca su cúspide, la fiesta concluye apenas.

Las notificaciones, ésas mismas que certifican que aún el mundo gira, llegan con lentitud, tomando brío. Las personas empiezan a conectarse, y con ellas llegan sus pedidos y demandas. Todos buscamos atención y amor. Sin medida. Sin importar el momento o la hora.

Estamos en 2018. Es un momento que presupone realismo, pero es más ciencia ficción que otra cosa. Nada puede detenerse por dictado de la entropía. Somos nosotros quienes en algún momento pararemos. Y seremos material del olvido.

Pero ésa no es nuestra razón de ser. Tal vez ninguna otra más potente que la dúctil habilidad que tenemos de remontar cada anochecer dando un suspiro de alivio por ingresar a otro día, cargado de historias, frustraciones y deseos.

Cuánto ha cambiado todo y la capacidad de sorpresa sigue vigente. No sufre, acaso se mengua. Pero está lista para sorprender a unos sentidos que aparentan embotamiento.

Sí, vivimos en una realidad de ciencia ficción. Y todo lo demás aparenta ser parodia. Sin embargo, es significativo que no renunciemos a ella, que la abracemos con tal pasión que, sin duda, demuestran que esta época es única y quedará testimonio de ella.

Así como cuando recordamos lo vivido y accedemos al pasado de otros que, con la misma perplejidad con la que asisto a este mediodía, narraron su momento para no perderlo.

2018.


Contacto

| Instagram | Twitter | Bibliofilia | Facebook | Correo|