Problemas de diseño y actos sagrados

Ayer me tropecé con esta abominación (por lo menos a mí me lo parece):

y comenté:

Alicia Chavero me puso en un aprieto en Facebook:

Menuda pregunta… A ver, voy a pensar en voz alta.

Supongo que si te pones las gafas etnográficas, ves “actos con significado”, y si te pones las gafas del diseño o la invención, ves “problemas”. Ambas visiones pueden integrarse siempre que la “resolución del problema” no se cargue “el significado”, o al menos no lo haga sin una buena razón.

Si yo veo un “acto con significado” y alrededor de él veo sufrimiento (un sufrimiento real, no estas tonterías que a veces asignamos de forma un poco demasiado liberal a la categoría de “pain points”), probablemente tengo licencia para contemplar tratarlo como un “problema” aun a riesgo de cargarme el significado. Si yo veo que un grupo de chicos adolescentes se dedica a espetarles cochinadas a las chicas que pasan, y eso hace que las chicas se sientan mal, tengo licencia para mirarlo como un “problema” por mucho que esa conducta tenga un “significado” (por ejemplo, iniciático) para ellos. ¡El fin no justifica los medios, y el significado no justifica el acto! (de la MGF mejor ni hablamos).

En cambio, cuando veo a una madre o un padre de múltiples presa de la desesperación porque sus tres bebés se han puesto a llorar a la vez y no puede consolarlos a todos simultáneamente, me vais a perdonar, pero pienso que esa desesperación tiene cierto significado que prefiero conservar, antes que regalarle ese artilugio del infierno que sale en el vídeo. Yo soy padre de múltiples y, en retrospectiva, me alegro muchísimo de no haber tenido ese chisme. Y los momentos de desesperación que hemos tenido su madre y yo, por favor que nadie nos los quite… Es más: si un ejército de neurocientíficos me dijera que la reacción del cerebro del bebé es exactamente la misma con un Babocush que con mi abrazo, no cambiaría de opinión. Y si luego un ejército de pediatras me dijeran que los bebés puestos en Babocush crecen sin carencia afectiva ninguna, seguiría en mis trece. Porque es el significado atribuido por mí al gesto de agarrar a mi bebé, pasearme balanceándome, canturreando cansado e impotente por toda la casa, y co-sufrir su cólico con él, lo que quiero preservar. No los efectos del gesto, sino el significado que yo le doy.

Ojo, eso no quiere decir que yo considere malos padres o madres a los que opten por usar ese artilugio. Solo quiero decir que hay casos en los que lo que para uno puede ser un problema que resolver, para otro puede ser un acto con significado que preservar, y viceversa. Por ejemplo, a pesar de mi aversión al Babocush, yo soy practicante y partidario del método Estivill y no del colecho, porque no le atribuyo al colecho el mismo significado que sus defensores. ¡Seré así de raro!. Cuando no se sabe admitir, legitimar y gestionar el hecho de que lo que para uno es un acto con significado para otro es un problema, el diálogo se hace difícil (pensemos, por ejemplo, en el uso de hiyab en países europeos).

Otro ejemplo interesante que intentaré contar con pleno respeto y sin intención alguna de ofender: Es un hecho que los sacerdotes católicos durante la celebración de la Eucaristía infringen la normativa de manipulación de alimentos. Si viéramos la Eucaristía con los ojos con los que se ve un “problema”, podríamos pedir a los sacerdotes que se pusieran guantes de látex o silicona. O que empleen pinzas. También podemos inventar envasitos individuales de papel abrefácil para cada Sagrada Forma. Podríamos incluso concebir un ornamentado artilugio que el sacerdote puede utilizar para dispensar cada Sagrada Forma directamente hacia la boca de cada fiel, sin necesidad de tocarla con las manos. Algo parecido a un dispensador PEZ pero de latón y con ornamentos litúrgicos.

Estas “soluciones” a ese “problema” suenan imbéciles, además de irreverentes ¿verdad?. Porque estamos usando la lógica de la resolución de problemas para cosas que son, en este caso muy literalmente, “sagradas”. Para mí el concepto de lo “sagrado” no es otra cosa que la forma más elevada de “acto con significado”. Lo “sagrado” no se toca. Es algo que deliberada, consensuada, y arbitrariamente mantenemos fuera de aquello que puede ser enfocado como un “problema”. ¿Por qué? Porque nos importa lo suficiente el vínculo entre el acto y su significado, y no queremos romperlo ni modificarlo.

En cambio, aquí un ejemplo donde un “acto con significado” admite ser visto como un “problema”. En 2004, unos publicitarios al servicio de la ginebra Hendrick’s identificaron un “problema”: que el acto de pedir tu gin tonic con Hendrick’s tiene limitada su propagación social (boca a oreja) porque cuando sales de la barra tu gin tonic no lleva rastro, no conserva ninguna evidencia visible de qué marca de gin has elegido. Entonces se les ocurre una genialidad: el gin tonic con pepino. Cuando vuelves de la barra con un gin tonic en el que la rodaja de limón ha sido reemplazada por un corte de pepino, tus amigos saben que has elegido Hendrick’s. El nuevo signo no es arbitrario, por cierto: Hendrick’s contiene esencia de pepino en su fórmula, lo que le da legitimidad al gesto. Esto me lo contó Alex Pallete, si no recuerdo mal. Álex, perdóname si no lo estoy contando con precisión. Los publicitarios “hackearon” un acto con significado, y en el proceso lo resignificaron parcialmente, o al menos le añadieron una nueva capa de significado. Y abrieron la caja de Pandora de los GTs con pijaditas. El resto, como dicen, como dicen, es historia (repetición intencionada 😁).

La tradición no es necesariamente inmutable. A veces se puede profanar lo “sagrado”. Pero hay que tener una buena razón.