Lluvia

El fin de semana pasado decidí salir a caminar al centro. No tenía nada en mente que quisiera o necesitara comprar, no se me ocurría ningún lugar que quisiera visitar; simplemente quería salir a la calle porque el día estaba soleado y esos lujos, en Inglaterra, hay que aprovecharlos. Así que me cambié de ropa, comí algo rápido, deslicé mis pies en mis flats, y salí a la aventura.

Bastó con que bajara las escaleras del edificio para que el sol se desapareciera. El cielo simplemente se nubló, aún así continué caminando esperando que el viento se llevara las nubes y me regresara esos rayos de sol que hacen que Europa se vea más bonita. Pero como esto es Inglaterra, comenzó a llover. Fue como si el universo hubiera esperado a que pusiera un pie en la calle para arruinar el día y de paso reírse de mi torpe idea de salir a la calle en ropa inadecuada para la lluvia.


A veces siento que así es todo en mi vida. Veo algo bonito por la ventana, y por más que sé que en mi vida el clima es de lo más inestable, me arregló, me pongo lo zapatos y salgo a enfrentar el mundo esperando ver el sol.

Siempre siento que ir a la calle, aunque sea sin un destino fijo, es la mejor decisión de mi vida y nada puede salir mal. Pero inevitablemente llegan las nubes y la lluvia, y entonces hago y deshago mi vida mil veces porque nunca estoy preparada para el mal clima. Yo quería ver el sol y mi esperanza estaba en eso.


Estaba a mitad de camino, mis dos opciones eran mojarme y enfriarme para llegar al centro y ahí buscar refugio en alguna tienda (manteniendo la esperanza de que el clima mejorara), o regresar al departamento y pasar el resto del día en un lugar cómodo pero en el que ya no quería estar. ¿Debía continuar a lo incierto o regresar a lo conocido?

Ese domingo llegué al centro, me entretuve un rato viendo tiendas en el centro comercial, y para cuando salí el mundo se veía brillante y hermoso. Y aunque no me tocó ver ningún arcoíris, la ciudad tenía esa imagen que solamente se logra con la yuxtaposición de los últimos rayos de sol bañando las calles y edificios, y el suelo encharcado reflejando el cielo azul.


He estado en ese dilema incontables veces. Es la lluvia, ese elemento inesperado, la que siempre me hace dudar de mis decisiones y produce resultados inciertos. Muchas veces la ignoro, llego a mi destino y me doy cuenta de que era simplemente una nube. Pero otras veces continúo y me arrepiento de mi decisión una vez que estoy en el destino, o regreso y me doy cuenta de que lo mejor era haberme quedado a fuera.

Continuar mi camino fue la mejor decisión que pude haber tomado ese domingo. Y ahora me pregunto si la decisión que tomé el otro día será igual de buena, porque yo sigo caminando y por aquí sigue lloviendo.

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