Cristina Azous
Aug 22, 2017 · 3 min read

El click vence al cerebro

En una época dónde estamos constantemente siendo bombardeados con muchas más informaciones de las que somos capaces de asimilar, asistimos no sin una cierta dose de tristeza a la vitoria del click sobre el cerebro.

Estamos sumergidos en la falsa sensación de tener miles de amigos y que estamos siendo arropados por miles de abrazos y un sin fin de palabras de apoyo mientras luchamos por nuestros sueños y nuestros objectivos.

Nada más lejos de la realidad.

Vivimos en el momento de la soledad observada y compartida por millares de ojos indiferentes y perezosos.

Las redes sociales actúan supuestamente como una rede que nos une a todo el que está lejos de nuestros sentidos y de nuestros ojos.

Eso es una absoluta ilusión.

Jamás hemos estado más solos, vivimos objetos de la peor de la soledad: aquella que si produce en compañía de otra persona, o lo más grave, de miles de nombres en una pantalla.

En ese caso, vivimos en soledad mientras hacemos un esfuerzo para creer que tenemos mucha gente a nuestra vuelta.

Lo que tenemos son clicks.

Todo lo que nos ofrece los amigos en las redes sociales son clicks rápidos donde intentam demostrar que les importamos algo.

Si les gusta algo: un click, si no les gusta algo: otro click.

Son los click de la reacción inmediata, total y completamente visual.

Nadie para para ver de verdad lo que está mirando.

La gente mira, subentiende lo que está viendo y en cuestión de segundos expresa sus sentimientos a través de un click.

Los que usamos las redes sociales para informar, para promocionar trabajos y leccionar, deparamos constantemente con la indiferencia de los miles de amigos que solo reaccionan a cosas que les provocan una impresión inmediata, especialmente si es algo ya haya sido previamente “clickado” por otros de la misma red.

Casi siempre nadie quiere dar el primer paso.

El click también tiene mucho de borreguismo.

Ha desaparecido el placer de leer, analisar, pensar, otorgar criterios.

El cerebro está en desuso.

Pensar es un acto que exige mucho más sacrifício y trabajo que una mirada fortuita y un click orgullosamente ignorante.

La enfermiza necesidad de parecer feliz, bien sucedido, vencedor, superior, positivo, saludable colgada en fotos rigurosamente selecionadas, mejoradas, ha provocado que uno no pueda estar seguro acerca de dónde empieza la vida real y dónde termina el show.

La tristeza, los gritos de ayuda no son bienvenidos en ese mundo de amistades perfectas, todo lo que puedes lograr si ousas exponer tus debilidades y tus fracasos es que inmediatamente te eliminen de la lista de amistades. Amistades peligrosas.

La gente no quiere saber de que estás luchando por algo. Quieren saber el resultado, obviamente si el mismo es positivo, maravilloso.

Insinuas que tu empresa ha ganado millones de dólares y la gente inmediatamente te congratula por ello, mismo sin que jamás hayas dicho que tenías una empresa y que estabas trabajando.

Aunque hayas estado colgando en tus redes sociales que vivias del cuento, la gente se lo va a creer.

Es la emergencia del vivir todo al la vez.

De saber todo al momento.

Y olvidar todo al segundo.

)
Cristina Azous

Written by

Welcome to a place where words matter. On Medium, smart voices and original ideas take center stage - with no ads in sight. Watch
Follow all the topics you care about, and we’ll deliver the best stories for you to your homepage and inbox. Explore
Get unlimited access to the best stories on Medium — and support writers while you’re at it. Just $5/month. Upgrade