64 años

Compramos pizzas, refrescos y cervezas. La familia se reunió y todo se había terminado en menos de 15 minutos. Somos unas máquinas de comer.

Mi papá aún es portero en el fútbol de salón de los martes, jueves y sábado. Los demás días juega 5 partidos de bádminton, y según él, gana todos. No es difícil creerle, yo también era sensacional con la raqueta.

Recuerdo varias personas felicitándolo al término de un torneo de fútbol en la YMCA Sur. Esa noche sacó como 15 goles cantados del equipo local. Volaba para detener los balones que iban a los ángulos de la portería. No le temía a pararse frente a una pierna preparada para chutar a gol. Sí, esa noche lo vimos invencible. Después, su hijo entró con el equipo menor y se dejó meter 11, pero hoy no hablaremos de esa vergüenza familiar.

No he notado que envejezca, ni que le sea fácil rendirse ante alguna situación. Ni con la muerte de mi mamá lo vi débil. Estoy seguro que lloré más veces en la regadera que él. Algunas veces me cuenta que se despierta por las madrugadas y ya no puede dormir, o que sueña con mi mamá y la emoción lo abraza llorando. Debe ser difícil perder a tu pareja de toda la vida.

A partir de esto, ha resaltado lo diferente que somos, a él le gusta platicar mucho y yo, yo no soy bueno para mantenerme atento a una plática. Le he comentado en varias ocasiones a mi hermana que si las palabras de él o de cualquier otra persona no me capturan durante los primeros 10 segundos de conversación, seguramente ya estaré pensando en qué hacer el domingo que viene por la tarde, o a cuál equipo apostarle en las semifinales de la Eurocopa el día de mañana. Pienso que él sabe que me cuesta trabajo escuchar, y aún así hace lo posible por recuperar a su hijo.

«Es muy callado. Nunca platica nada, ¿a ti te cuenta algo?» le ha preguntado a mi hermana. «Sí. ¿No te contó cómo le fue el fin de semana?» «No. Nunca me cuenta nada».

No me gusta el fútbol nacional, me enoja, a él lo apasiona un equipo de segunda división. No me gusta opinar sobre lo que hacen otras personas, él no duda en hacerlo, y en un alto porcentaje de sus comentarios, tiene la razón. Estar con mi papá un día es suficiente para saber qué pasará los siguientes 5. Cada día es una repetición de lo mismo, y aunque ésta situación siempre me pone de mal humor, en el momento en que la recuerdo me provoca mucha risa.

64 años cumplió hoy «mi viejo» como suelen decir en varios lados al padre de familia. Yo, cuando hay alguien más con nosotros, le digo «Roli» . Cuando me despido y se queda viendo el mismo resumen del partido del fin de semana: «Pá, nos vemos mañana. A ver qué desayunamos.»

La vida y el tiempo le trajeron a este hijo raro y callado, aun así su actitud sigue siendo la misma.

Eso jamás lo voy a olvidar.