Yo no pedí… esa sopa.

Una frase que nunca he repetido en voz alta, salvo como reiteración, pero en la que pienso constantemente, más de unos años para acá; es aquella de “yo no pedí venir a este mundo”. Probablemente sea la culpa católica hablando, pero siempre la entendí como una forma de menospreciar el regalo más valioso de todos, la vida. Y cuando diga que la vida es el regalo más valioso, no me refiero de la forma que lo hacen instituciones religiosas o preceptos moralistas. No, la vida es lo más valioso, porque es lo más misterioso, lo más básico pero a la vez que complejo; es el principal y tal vez el único objetivo como especie: reproducirse, así que nunca te sientas mal de estar tan caliente que te quieres masturbar todo el día o que tengas esta necesidad absurda de tener hijos, pues son las instrucciones grabadas en tu sistema nervioso, un instinto de supervivencia de especie.

Pero la realidad es que yo no pedí venir a este mundo. Nadie lo hizo. Y más allá de que suene peligrosamente como a berrinche de adolescente o plegaria suicida, real, yo no pedí venir a este mundo. Porque si lo hubiera hecho, seguro hubiera solicitado las instrucciones antes de hacerlo. Si lo hubiera hecho, exigiría que me enviaran con una misión divina. Venir con la seguridad que tengo que hacer algo en específico o resolver algo, en vez de pasar una vida preguntando variaciones del “Bueno…¿y luego?”.

Siento que la vida se nos pasa haciendo preguntas retóricas al estilo de ¿qué sigue? ¿ahora? ¿y si no? y por eso esa necesidad de establecer roles, cadenas de comando, sistemas y comunidades. Si la sexualidad es un instinto de supervivencia de especie, la necesidad de pertenecer es otra, aunque ciertamente una menos sexy. Tú eres Juan Enrique Fierros y vas a forjar metal, tú eres Chumel Torres y vas a ser una estrella, tú eres Elliott Smith y vienes a hacer canciones. En mi caso siento que yo soy Chema Solari y ni puta idea a que vine a este mundo.

Creo que a lo único a lo que realmente le encuentro sentido es a escribir. Y lo entendí más hace unos años, cuando leí a Don DeLillo argumentar que la escritura es una forma de pensar condensada. Y creo que sí. Creo que lo único que siempre me ha gustado y me va a gustar es escribir. Porque es la forma en la que ordeno mis pensamientos, es la forma en la que le encuentro sentido a las cosas cuando la estática de un millón de sinapsis ocurren en los terminales nerviosas y ninguna se forma en una imagen completa. Eso sólo me pasa cuando me siento a escribir. Y así no divago entre las ocho mil cosas que traigo en la cabeza que al final sólo se resumen a un miedo a la muerte y a todo lo que está más allá de nuestro entendimiento.

Si por mi fuera, yo me encerraba en mi casa toda la vida a leer y a escribir, a ver todas las películas y series que tengo pendientes o que quiero repetir, para medio tratar de encontrar en lo que la gente ya dijo antes, las respuestas que tanto anhelo, pero que seguramente no existen. Pero buscarlas, mientras te ríes, tal vez y sólo tal vez, ese sea el único significado de la vida. Agrego esto último, porque de repente me cuesta trabajo explicarle a la gente que a veces necesito estar solo. Necesito acomodar mis ideas y entender mi lugar en la gran maquinación de las cosas. O simplemente necesito entender que ese lugar no existe.

A veces me desaparezco de mis amigos, de redes sociales, sin mayor explicación. ¿Estoy deprimido? Pues sí, supongo que llevo una vida sobrellevando eso lo mejor que puedo. ¿Tienes que preocuparte por mi vida o por mi salud? En serio que no. Neta.

La realidad es que yo no pedí venir a este mundo. Ja. Yo no pedí tener que buscar algo que me guste hacer, para hacerlo todos los días y poder tener una entrada económica por ello. Yo no pedí esta necesidad de abrirme a personas y buscar validación. Yo no pedí soñar diario con la misma gente para amanecer siempre entendiendo que la importancia que mi inconsciente les pone a ellos, no lo tengo ni en su mundo consiente o inconsciente. Yo no pedí tener que buscar un trabajo en el que no me sienta miserable y con el que pueda llevar una vida dos tres decente para salir con alguien del sexo opuesto (en mi caso) y cumplir con este instinto más antiguo que cualquier sociedad, pero que se entiende como salir con alguien que te agarre el pedo, con quien cojas y puedas sentir empatía y cariño.

Yo no pedí nada de esto, pero eso no significa que arremeteré en berrinche porque se actuó en contra de un derecho que ni siquiera existía al crearlo. Vaya paradoja.

Yo no pedí venir a este mundo y aunque es una pinche existencia de hueva en la mayoría de las ocasiones, tiene sus momentos. Como ver un capítulo nuevo de Rick and Morty; respirar después de que hiciste mucho ejercicio; que te duela la panza de los nervios de pensar en alguien; ver que tu Mamá te quiere; asombrarte de que los dioses griegos modernos retaquen el balón en un juego; reírte; las películas del MCU, un chingo de libros; la afrenta a la idea de Dios que representa la tecnología y algunas otras cosas que la neta sí me emocionan, contra otras millones que me provocan una flojera cósmica y existencial de proporciones de Moby Dick.

Gracias por preocuparse por mi, si es que lo haces cuando mis depresiones existenciales agarran fuerza. Estoy bien y el escribir esto es sino la mejor, por lo menos sí la única que tengo de como explicarme.

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    José María Solari

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    Bring me the head of Alfredo Palacios. King of the bon mots. Shaman. Used to tweet a lot. But then one day I just decided instead to read a lot of books.