Cheque de realidad

Los trabajos en equipo que dejan hacer en la escuela son una especie de trampa estratégica que los profesores planean para que sus alumnos se conozcan más fuera del aula, pero, como siempre, existe una falla en el sistema. Yo soy esa falla en esa estrategia llamada «tarea de trabajo en equipo» ya que yo nunca prestaba «mi casa» para las reuniones, por una simple razón. Yo nunca viví en casa propia, ni rentada, más bien… en una especie de hostal familiar.
Comparto este pedazo de recuerdo ubicado en el turno vespertino de la primaria, del grupo «A» de aplicados y no en el B de burros…
Les decía, la expresión: «vamos todos a mi casa» ha sido inexistente en el guión de mi vida, tanto así, que si alguien me acusara de un crimen y dentro de su declaración acusatoria ubicara esta frase en mi boca, quedaría expuesto al ridículo casi de inmediato.
A lo que quiero llegar es que, dios sabe que nunca he presumido de lo que no tengo y mucho menos he ambicionado llegar a ser dueño de ese hostal de interés social familiar.
Estoy agradecido de su cobijo por más de veinte años y de sus paredes que guardan más de veinte mil historias de mi vida, pero nunca he querido tener un papel que me una en matrimonio con ese techo que me vio nacer, siempre he creído que, ese espacio es común para todos los que comparten la misma sangre.
Mi interés por regresar al lugar que fungió como referencia en cada examen escolar (de primaria a universidad) es, solamente, porque creo firmemente que el que se olvida de dónde viene, pierde el rumbo hacia dónde va. Para mí, siendo una persona tan distraída y rodeado de un ambiente lleno de banalidades, es necesario regresar de vez en vez al lugar que le dice quién es, pero sobre todo, al lugar donde encuentra a ese par de personas que siempre lo esperan con el gusto de quien recibe a un veterano de guerra, me refiero a mis abuelos.
Hoy, después de tantos años, he recibido un cheque de realidad, otorgado por la figura de máxima autoridad que he tenido en mi vida, quisiera decirles que de mi padre, pero no, precisamente, el cheque de realidad es válido por la cobertura más amplia que puede tener… un amado nieto… pero carece de valor para la figura de hijo…
Es por eso que hoy he decidido cortar el cordón umbilical con el filo de un boleto suizo aéreo, adquirido en temporada alta. Porque el corte debe ser tan fino y delicado, que se tiene que decir: en poesía.