La distancia

La distancia. La que no puedo recorrer o acortar. Esa distancia te acerca a mí, cuando debería ser lo contrario. Saberte imposible acentúa el brillo de tus ojos, inmortaliza tu sonrisa en mi mente y me obliga a buscarte en el recuerdo en las sombras del ayer y en el silencio.

La distancia te hace más hermosa, más sensual, más apetecible. Suaviza tus labios y los hace más carnosos, profundiza tu mirada en las fotos que encuentro guardadas en el respaldo de mi disco duro, en las de tu muro, tu perfil de Face, en las que te etiquetan, Las que otro suertudo toma, tus selfies, y en las de tu familia.

Todas ellas a la distancia, agudizan los gestos de tu sonrisa, te perfecciona la piel, te hacen más bella, más mujer, más de otros y menos mía, más musa, más tierna, más perfecta. Y en cambio a mí, la distancia solo se burla de mí.

Me recuerda lo perfecto que era una tarde contigo, un café, un abrazo, señala inicuo todas tus virtudes y las hace exclusivas, tuyas y solo tuyas, quizá fueron para mí en algún momento, momentos que callé, que mentí y que tuve miedo. Miedo que se hace gigante, miedo de no volverte a ver.

La distancia me convierte en un devoto del remordimiento. Por no darte razones para quedarte, o no haber tenido el valor de irme contigo. La distancia y la soledad me gritan cobarde! Y yo, callado, pendejo, tengo que conformarme, porque a lo lejos solo soy un recuerdo, el recuerdo de un amigo.

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