El Centro Juana Azurduy después de la batalla
La crisis económica del 2001 encontró a la Institución, hoy ubicada en la calle Sarmiento, en Caseros, en pleno crecimiento pero dada la recesión se vio obligada a cerrar al igual que el resto de las salas barriales.

El espíritu de la heroína que le dio su nombre se hizo carne, y quienes hasta ese momento llevaban adelante los más de 60 talleres, decidieron luchar por mantener vivo lo que habían soñado para el Centro Cultual Juan Azurduy.
El espacio recreativo nació en 1999, por obra de un grupo de “locos” dirigidos por el actor Juan Carlos Gatto, junto a los artistas Pablo Álvarez, José Cura y Daniel Gema. Tal vez como una premonición, o por simple azar, bautizaron el Centro con el nombre de una auténtica luchadora durante la guerra por la independencia americana, “pensando en reivindicar el espíritu femenino de perseverancia, elegimos a Juana Azurduy, dice Gatto.
En sus primeros dos años de vida, el Centro contaba con menos de 40 alumnos y con solo cuatro talleres: música, teatro, pintura y escultura. Sin embargo, comenzaron a brindar clases gratuitas y la gente del barrio se sumó a las actividades, llegando a ser más de 60 estudiantes.
En el 2001 debieron desalojar el local, por entonces ubicado en la calle Mariano Moreno también en Caseros, porque no podían solventar el alquiler, ni los alumnos sus clases. Ninguno bajó los brazos, los lazos barriales y afectivos fueron motor de superación y comenzaron a buscar alternativas y lugares. Lograron retomar las actividades en 2004, en un lugar donde antes funcionaba una Escuela de Danzas, en la calle Urquiza. Allí lograron reabrir, ya con más de 40 talleres y 600 alumnos.
Luego de cinco años de crecimiento y participación, se vieron obligados a peregrinar en busca de otro nuevo espacio para sus clases de teatro, guitarra, yoga, gimnasia, tejido y fotografía, y encontraron una sede de la Biblioteca Juan Bautista Alberdi, en Caseros que en ese momento cumplía 100 años, y golpeada por la falta de recursos, al igual que el grupo del Centro Juana Azurduy, debía cerrar sus puertas.
Unidos por la decisión de permanecer y crecer de ambos, agruparon sus esfuerzos y a través de un convenio firmado en 2008, el Centro se comprometió a destinar el 30% de lo recaudado por las clases a la Biblioteca, a cambio del espacio, lo que les ha permitido hasta el día de hoy permanecer en pie.

Integrantes: Bonato, Polanco, Serrano, Zullo.