Foto: Nicolás Tavira

Acoso a mujeres ciclistas en la CDMX

Estaba en una reunión en la que había varios hombres, uno de ellos comenzó a hablar de lo terapéutico que le resultaba moverse en bicicleta por la Ciudad de México. En ese momento pensé que incluso esa sensación es un privilegio que muchas mujeres no tenemos al andar en bicicleta.

La violencia de género que sufrimos las ciclistas es una extensión de lo que nos ocurre cuando caminamos y que se presenta de la misma forma; es agresiva por muy veloces o hábiles que logremos ser en las calles.

Hace un año formé con tres amigas un colectivo feminista llamado Morras, desde entonces nos han preguntado muchas veces cómo se nos ocurrió la idea de este proyecto y la respuesta siempre es la misma: somos mujeres que transitamos en esta ciudad y somos acosadas todos los días, vayamos a donde vayamos, vestidas de la manera que sea, en el transporte que sea, a la hora que sea, en cualquier zona y estamos hartas. Cuando publicamos el primer video, muchos de los comentarios iban relacionados a la zona en la que documentamos ese acoso. Nos retaban a realizar “nuestro experimento” en zonas de alto nivel económico.

La bicicleta es mi medio de transporte oficial desde hace 5 años y, déjenme decirles, he recorrido esas zonas “ricas” en bicicleta, a una velocidad considerable y también soy acosada. Nombra las colonias en las que sueñes tener una casa y también ahí hay acoso callejero.

Hace tiempo yo también era una mujer machista y, si sufría acoso, me culpaba a mí misma por mi ropa o por andar sola de noche.

En una ocasión cuando iba rumbo a mi trabajo, con un vestido gris, medias negras, flats y mi bici, en un cruce de la colonia Roma un taxista se bajó a decirme que yo era una indecente por andar enseñando “todo”. No pude evitar sentirme culpable y regresé a mi casa a ponerme zapatos sin tacón y pantalones.

Esa es una de decenas de anécdotas que podría contar recordando las veces que, en mi rol como ciclista, me han señalado por llevar shorts por encima de la rodilla, automovilistas que me han agarrado las nalgas o intentado tocar desde sus ventanas, taxistas que para acosar aprovechan el tiempo que pasa durante un semáforo en rojo. Los he perseguido, les he gritado hasta el cansancio y siempre terminan burlándose.

Hace unos años, me compré una nueva bicicleta mucho más colorida. El único problema, me dijo una amiga, es que tengo que inclinarme “mucho” para llegar al manubrio, lo que quiere decir que mi trasero está más expuesto.

Parecía que ese problema me lo estaba diciendo uno de los acosadores porque, en efecto, con la nueva bicicleta aumentó el acoso.

William Saroyan escribió en La Comedia Humana que la bicicleta es: “el invento más noble de la humanidad”. Hasta que tienes que pedalear por Doctor Vértiz, eso lo digo yo.

Por suerte, me compré un candado de metal en forma de U, que cargo en una mochila y que, en caso de emergencia, es mi arma de autodefensa. Como muchas mujeres que sacan sus llaves de la bolsa al salir del Metro y las cargan en la mano hasta que entran a sus casas.

Circuló hace unos días la historia de una ciclista en Londres que alcanza a sus acosadores y les rompe un espejo de su camioneta. Un video que te motiva a hacer algo similar cada que alguien te acosa, hasta que pienso que sería más sencillo que nos dejaran circular en nuestras bicicletas en paz, sin chiflarnos, sin hacer comentarios sobre nuestros shorts, nuestras piernas o sobre nuestros traseros, que están inclinados y se le marcan las líneas de nuestros calzones. ¿Realmente es tan difícil no acosar a una mujer?

Mi feminismo también hace apropiarme de las rutas ciclistas que más me convengan porque estoy harta de cambiar mi camino para no sufrir acoso sexual y estoy harta de que nosotras, en la Ciudad de México, nos tengamos que poner un silbato para ver si así alguien nos hace caso después de sufrir acoso, tengamos que crear un mapa digital advirtiendo a otras mujeres por qué zonas no pasar y tengamos que pensar todos los días en la mañana qué ropa nos vamos a poner en función del acoso que ese día estemos dispuestas a tolerar.

Las calles también son nuestras y las vamos a recuperar.

PD: En la esquina de las calles Monterrey y Querétaro, en la colonia Roma, hay un taller de bicis libre de acoso.

A single golf clap? Or a long standing ovation?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.