borrador de algo inconcluso.

la oscura mirada de aquel vacío chico se posaba en la ventana, viendo las gotas caer y chocar contra esta. Su mano sostenía la de su madre, buscando refugio en la misma. Por sus fosas nasales penetraba un ácido aroma a esterilización, aquel pulcro y silencioso hospital le ponía los pelos de punta a cualquiera. Por su mente divagaban tantos pensamientos, entre mezclándose, formando otros aún más disparatados, aunque su mente podría ser dibujada como un remolino de colores, la voz y los ojos opacos de aquel chico reflejaban monotonía absoluta. Sintió un leve apretón en su dedo pulgar y su cabeza giró para encontrarse con la vista de aquella mujer que tanto amaba, que sus labios ya estaban resecos y desvanecidos. Una sonrisa forzada se formó en su rostro, que más de demostrar un cálido gesto, hizo una rara mueca, cómo si fuera la primera vez que el chico sonreía. La voz quebrada y desgastada salió rasguñando la garganta de la mujer, pidiendo un vaso de agua, a lo cuál recibió como respuesta un asentimiento de cabeza. El castaño se levantó de la silla que tenía junto a la camilla de su madre y fue a cumplir el pedido que ella había hecho. Rascó la punta de su nariz, sintiendo sus ojos picar y llenarse de lágrimas, recordaba cuando su madre era una mujer que vivía plenamente, con su largo y rubio cabello, riendo a carcajadas por todo y alegrando el día a cualquiera, si alguien la veía ahora, no la reconocería, sin ningún tipo de pelo en su cuerpo, pálida y decaída, absorbida por la quimioterapia. La mano le temblaba ligeramente, por lo que se limpió los ojos y caminó a paso firme nuevamente a la camilla, entregándole con suma delicadeza el vaso a su madre, no sentía que le pasara algo a la mujer que le dio la vida, sentía que estaba haciéndole un favor a una desconocida total, ¿quién era?

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