Un Respiro

Últimamente han llegado muy seguido esos largos y profundos respiros, y no hablo de aquellos que das cientos de veces al día, millones de veces en tu vida. Hablo de esos respiros en los que vives. Profundos, de aquellos que no sientes peso y te elevan, tan profundos que tu alma toma algo de aire, pues parece que estaba a segundos mismos de expirar.

La vida al parecer es algo contradictoria, no te exige nada de echo pero como te agota vivir, a veces. Mis respiros vienen cargados de palabras silenciosas, cargados de recuerdos a punto de olvidar, de tantas cosas etéreas, de tantas contradicciones y desacuerdos. Pero suerte la mía de poder respirar, imagina entonces una mente abombada de ideas y sentimientos que sin oxígeno solo logra saturarse más. Cómo hago entonces para respirar mas seguido sin la necesidad innata de estar al borde del colapso, cómo hago para no olvidar de darle aliento a mi alma, cómo hago para vivir más seguido y más consciente de vivir.

Y te repito, si es que no lo he hecho, no me quejo de mi vida. Me quejo de no saber sentirla.

Saber y sentir, ¿Has pensado alguna vez la diferencia entre querer y que algo venga sin querer queriendo? Sin duda alguna se sobrentiende el significado de voluntad y de espontaneidad, mas no es garantía de saber cómo actuar. ¿Sabemos actuar por voluntad? Y lo pregunto pues mi último y profundo respiro nació de la constante insistencia en un acto voluntario, pero mi respiro en si no estaba planeado.

Papá me dijo varias veces: -Amar no es un sentimiento espontáneo, amar es la decisión y voluntad de querer amar.-

Y ser crédulos cuando digo de verdad intenté amar, pero como toda historia de juventud nunca tiene un final trágico ni espectacular, simplemente tiene un final. Intenté amar los detalles de una vida muy simple de admirar, pues mi defecto no es no poder valorar lo pequeño, en su escasa exuberancia logro encontrar universos enteros por explorar, mi defecto es aburrirme de observar universos muy poco complejos. Espero no ser el único que se cansa de una rutina adoptada sin preguntar, espero no ser el único que aborrece la carencia de pasión y de emoción en su vida. Estoy seguro que de a poco todos sentimos no encajar, o al menos dudamos de no saber si estamos en nuestro lugar. Y así el tiempo pasó, todos los días mi constante voluntad aplacaba sin piedad contra mis instintos, mi rutina borró el itinerario de cientos de aventuras por vivir, y pensaba que era al fin un hombre que sabía vivir, que sabía amar porque hacía las cosas por voluntad.

Entonces llegó, sin planear ni tener la más mínima intensión, el cuerpo entero colapsó. Las venas del cuerpo, gélidas enredaderas del corazón, recorrían a velocidad de rayo haciéndome sentir un vacío asfixiante. El cerebro experimentó un muy preocupante episodio de hipertensión, mas no era la presión sanguínea su causa, si no la presión de cientos de temores, ideas y dudas. Para que contar la angustia aplastante que soportaban mis hombros, para que contar las lágrimas que sin precaución empezaron a brotar.

Y con la voluntad de vencer el temor y el dolor, nació, así simplemente espontáneo, un respiro. Sin preguntas ni permisos despertó.
Entendiendo entonces que el cuerpo tiene la voluntad innata de vivir, entendiendo entonces que tu naturaleza es a toda costa poder vivir, y sin importar cuan cansada esté tu alma, la divina espontaneidad de tu cuerpo saltará sin titubear aferrándose a la vida, porque es esa su voluntad, vivir.

Me atreví entonces a volverme a preguntar, ¿Debo actuar por voluntad? Qué tal si esta vez dejaría correr a rienda suelta la casualidad de mi ser, sin analizar ni rechazar todo impulso sagrado de mi interior. Qué sería de mí si esta vez dejo de querer hacer, y simplemente hago lo que quiero. Pues no tengo voluntad sobre mi aliento, ni mucho menos sobre mis latidos, ni para que hablar de mis sentimientos. Han sido resultados sin pensar, sin el más mínimo cuidado del que dirán ni que pasará. Se entiende entonces que estas letras no son un acto premeditado, no fue mi voluntad contarte lo que se siente empezar a sentir. No es mi intención hacerte pensar sobre cómo actuar, y la verdad quién soy yo para cuestionar mis impulsos y deseos, que sin duda tienen un propósito, pues si en tu mente estalló una duda sin voluntad fue porque mis palabras te tenían que llegar. Es su naturaleza.

Y nuestra naturaleza es respirar, sin voluntad respiras, porque para vivir no se necesita decidir, simplemente debes vivir.