De aquel “Baby Project”

Ésta es una historia que debí contar hace más de dos años, cuando mi esposa llevaba a nuestra bebé en su vientre. Les compartiré los mejores aprendizajes de aquel proyecto al que denominamos el “Baby Project”, donde la meta era mi pequeña hija Amanda, hoy con 1 año y 8 meses de una muy saludable vida.

Confío esta lectura habrá de servirles a todos aquellos que se encuentran planeando, o a la espera de, un nuevo bebé. Iré desde los planes para conseguir el embarazo, hasta cuando el bebé comienza a hablar en su propio idioma.

Preparando ‘la cancha’

Cuando mi esposa y yo nos casamos apenas teníamos 21 y 24 años respectivamente. Éramos bastante jóvenes para pensar en bebés y prometimos soñar la llegada de nuestro tercer integrante por al menos 5 años de matrimonio. Pensábamos que esto permitiría no sólo aprender a vivir en equipo, si no nos daría la oportunidad para robustecer un enlace que el día de mañana habría de ser lo suficientemente fuerte para no ceder ante el estrés y el cansancio que produce un recién nacido. Así, enfrentamos al primer mito.

Mito 1: “Si tomas anticonceptivos durante mucho tiempo, vas a batallar para embarazarte”

Durante poco más de 5 años, mi esposa estuvo tomando los anticonceptivos que recomendaba su ginecólogo, casi diariamente. Además, siendo una persona de ciclos irregulares, esto incrementaba la incertidumbre de la dimensión del reto que enfrentaríamos al buscar el embarazo. Sin embargo, siempre transparentes con el ginecólogo sobre nuestros planes, él nos recomendó comenzar a ‘desintoxicar’ — a preparar la cancha — a poco menos de 6 meses de nuestra ‘fecha ideal’.

Ojo con el uso de hormonas sintéticas, mi esposa no tuvo complicaciones pero sin duda gran parte de la escena que narraré a continuación ha sido parte de la gran cantidad de sintéticos a los que las mujeres son expuestas.

Continuamos con otros consejos como incrementar la ingesta de zanahorias por su alto contenido de vitamina A (retinol) y el usar ropa interior holgada en mi caso para permitir la correcta temperatura para la producción de esperma, nuestra sorpresa fue que casi al tercer mes de no tomar anticonceptivos nos dimos cuenta que ya teníamos 5 semanas de embarazo. En mi perspectiva, lo más importante había sido preparar a la mente en un contexto listo para concebir de tal manera para que el cuerpo supiera hacer su parte. La ‘desintoxicación’ habría sido inmediata.

Como un paréntesis, a estas alturas ya contábamos con un seguro de gastos médicos mayores, con al menos 2 años de antigüedad y con un promotor de nuestra total confianza, nuestro amigo Adrián Rodríguez. Esto redujo mucho las complicaciones logísticas al momento de tomar decisiones conforme se acercaba el fin del embarazo.

Psicoprofilaxis: estudiando para ser papás

Retomando la historia, ante la emoción de saber que pronto habríamos de tener a nuestro tercer integrante en casa, gritamos a los 5 vientos (incluyendo al viento digital que caracteriza nuestra época): “¡estamos embarazados!”. Pronto las felicitaciones comenzaron a transformarse en un mundo de opiniones que no hacían más que contradecirse entre sí. Decíamos mi esposa y yo que si todos aquellos, familiares y amigos, que opinaron lo hubieran hecho a la misma hora y en el mismo lugar, habríamos desatado un conflicto quasi-religioso. Por lo tanto, emprendimos la aventura del estudio ampliando nuestro vocabulario con la palabra “psicoprofilaxis”.

La psicoprofilaxis es aquella que ofrece los recursos afectivos, cognitivos, y comportamentales, para afrontar un evento quirúrgico de manera natural y facilitar la recuperación.

Convencidos de cuerpo y mente sanos para un parto sano, nos inscribimos en un curso de Psicoprofilaxis Perinatal ofrecido por Nacer y Crecer. La promesa era muy simple: llegar al final del embarazo con excelente salud física y emocional para tener a nuestro hij@. La realidad fue mucho más amplia, aprendimos y desmitificamos cosas que me motivaron a establecer la línea con que hoy redacto este post. Permítanme relatar lo aprendido.

Entrenando el baño, mamá tiene mucho contacto piel a piel con el bebé durante la lactancia. La única oportunidad para fortalecer este vínculo de parte del papá es encargándose de los primeros baños. Yo viví un tiempo maravilloso escuchando Pink Floyd for Babies mientras Amanda disfrutaba del agua calientita de su bañera.

El Parto humanizado

Al entrar en estos cursos, además de ver una multitud de rostros que claramente compartían nuestra misma incertidumbre y a una serie de esposas con pancitas que apenas sobresalían en sus blusas, nos recibieron con el concepto de “parto humanizado”.

Resulta ser que el nacimiento de un bebé es un proceso tan incierto, que típicamente se rige por la agenda de profesionistas con itinerarios repletos, tan ocupados, que protagonizan una película que no les corresponde. Dicho de otro modo, nuestras sociedades modernas apostaron por la agilidad en la industrialización de traer bebés, que se olvidaron que es la mamá quien debe protagonizar el nacimiento de su bebé.

Sí, la mamá es quien debe decidir, incluso si quiere ser acompañada por especialistas o prefiere hacerlo en la privacidad de su casa, ella manda en cómo va a recibir a su bebé. Así como preparamos el contexto para conseguir el embarazo, hay que preparar el contexto para conseguir el nacimiento.

Sin embargo, la realidad es tan distante que es justamente su falta de protagonismo la que rompe con una serie de cosas que incluso algunos expertos enlazan con la calidad de vida y los niveles de violencia que vive una sociedad. Les comparto un dato frío:

México es de los países con mayor número de cesáreas, y ¿saben qué? Monterrey, la ciudad en que nacimos mi esposa, mi bebé y yo; es la capital del mundo en cesáreas. No wonder, es una ciudad industrial…

Pero, ¿porqué las mamás no protagonizan?

A estas alturas, en mi comprensión del concepto del parto humanizado no lograba entender porqué las mamás delegan la tarea y con ello abandonan su indispensable protagonismo. Encontré una serie de cosas que suman para se haya olvidado la importancia de ese rol protagónico que le compete y sobre todo, al que tiene derecho. Aquí narro dos de ellas: la infraestructura y los demonios imaginarios.

Infraestructura: no todo lo que brilla es oro

Mi ciudad, Monterrey, habiendo sido una de las ciudades Top 10 para vivir hace al menos 10 años, cuenta con más de 100 hospitales, algunos de alta especialidad y calidad de reconocimiento mundial. Sin embargo, entre todas esas opciones solo uno de ellos cuenta con un par de salas LPR — salas de Labor, Parto y Recuperación — en toda la extensión de la palabra, es decir, que permitan a la mujer total control y libertad y no estar en un quirófano disfrazado. Aquí me permito contarles la breve historia del paquete de hospitalización que compramos.

Hacia la doceava semana de embarazo, es decir, por ahí del 25% de cocción de nuestro bebé (un bebé nace hacia la semana 40) comenzamos a tomar decisiones sobre el lugar donde nos gustaría naciera. Con el parto en primera prioridad, pensábamos muy conveniente recibir al bebé en un hospital para actuar rápido en caso de cualquier emergencia. Después de todo sería nuestra primer experiencia y, créanme, la incertidumbre crece al ritmo del bebé en el vientre.

Decidimos ir a un hospital súper bonito y reconocido, que evidentemente cabía dentro de nuestra póliza de seguro de gastos médicos. Fuimos con el pretexto de ver a nuestro bebé en una de las maravillas modernas que permite generar un aproximado de su forma en 3D. Fue un momento maravilloso.

Entramos al elevador y mientras leía los reconocimientos mundiales que ubicaban las instalaciones dentro del Top 10 de los hospitales del mundo, nos encontrábamos subiendo por una pared de cristal que mostraba toda la hermosa ciudad con su Cerro de La Silla al fondo. Yo me imaginé clarito bajando con bebé brazos y haciéndole al más puro estilo de El Rey León diciéndole que todo lo que tocaba la luz era su ciudad y le daba la bienvenida.

Ese hospital tenía todo… menos un espacio de labor, parto y recuperación. La maravilla del siglo XXI que habían construido está hecha para ser una máquina de producción en serie cuando de recibir bebés se trataba. Incluso nos ofrecieron fecha para el nacimiento de nuestro bebé, nos daban escoger cuando queríamos que naciera aunque el embarazo era por demás un etapa temprana — “les recomiendo en fin de semana”, nos dijo una vendedora.

Resignados, preguntamos a la que ya ilusionábamos como nuestra Doula, Eli Cholow (te amamos profundamente), qué nos recomendaba hacer. Eli sin titubear nos dijo que preguntáramos al ginecólogo de mi esposa dónde él se sentía tranquilo de trabajar y dónde podríamos encontrar una sala LPR para que mi esposa pudiera dirigir y protagonizar.

Reservar un paquete de parto (o cesárea) no es sólo decisión nuestra cuando deseamos que especialistas intervengan, es decisión del equipo, todos debemos estar en perfecta sintonía para lograr una bienvenida armoniosa.

Nos decidimos por un hospital de mucho menor lujo pero mucho más preparado para cumplir nuestras expectativas. Debo añadir que por ahí de la semana 30, al 75% de cocción, volvimos a aquel hospital de lujo para ver nuevamente a nuestra ya reconocida niña en la maravillosa reproducción 3D. Cada hospital servía en su parte del plan para acercarnos a la meta de nuestro “Baby Project”, pero había otros retos que apenas estábamos por enfrentar.

Nos quitamos un tanto de tecnología pero Amanda se veía igual de perfecta. Es más, aquí se le ven hasta los dientes =)

Demonios populares y clásicos del profesionista moderno

  • ¡ Se me rompió la fuente, corramos al hospital !
  • ¡ Trae el cordón enredado, se va a asfixiar !
  • Viene un bebé muy grande
  • Parir natural es saber amar a Dios en tierra de indios

Tan sólo por mencionar algunos, esos 4 puntos son los mosqueteros de un parto traumático. El primero es de los más populares, nadie queremos correr el riesgo de ir a alta velocidad y a media noche al hospital porque se rompió la fuente sin avisarnos y el bebé tiene que salir de inmediato. O imagina que se te rompa la fuente y tu ginecólogo se encuentre de vacaciones y no pueda atenderte. O que tal que tú estás de vacaciones, se rompe la fuente y no puedes regresar a casa para tener a tu bebé en el paquete que incluso ya habías pagado. Esas son las absurdas historias de terror que acompañan a la incertidumbre de ‘no saber cuándo va a nacer mi bebé’. Permítanme decirles:

Una fuente rota no significa emergencia, pueden pasar días sin que el bebé corra algún riesgo. Si se rompe tu fuente a media noche, tranquila, cambiate de ropas, avisa a tu ginecólogo y vuelve a dormir.

Más adelante explicaré cómo descubrirse ante una labor de parto inminente, pero en una fuente que se ha roto la única sensación de emergencia que debemos cuidar es si el fluido vaginal es verdoso o sangriento, esto es cuando se presenta meconio o el indicador de una placenta que se ha desprendido y de un bebé que desea o necesita nacer. En ambas situaciones es preciso actuar yendo inmediatamente al hospital para no poner al bebé en riesgo.

Finalmente, cabe mencionar que puede romperse la fuente, o bien, puedes expulsar el denominado tapón mucoso, pero solo son indicios de que tu bebé ya está alistándose para su nacimiento, nunca motivos de alarma. Incluso podrías entrar en labor de parto y tu fuente seguir intacta. Una recomendación experta es que si han transcurrido 24 horas desde que se rompió la fuente, hay que monitorear al bebé para confirmar que esté registrando un estado de perfecta salud, quizás entonces se sugiera inducir contracciones de maneras sintéticas.

El siguiente mito es el del cordón enredado, éste es otro de los grandes demonios. Se dice que si el cordón se enreda el cuello, entonces el bebé corre el riesgo de asfixiarse. Como si a nosotros nos amarraran una soga al cuello y no pudiéramos respirar. Aunque gráficamente hace perfecto sentido, imagina cómo se va asfixiar con el cordón si ni siquiera respira por vías aéreas. Este popular demonio que preocupa a muchos papás primerizos, yo era de estos, demanda por la comprensión casi con calificativo de obviedad que el bebé se la ha pasado respirando a través del cordón y la placenta, nunca por la nariz.

Un bebé con el cordón en el cuello no es un bebé que no puede respirar. Mientras se encuentre en el vientre materno el bebé no respira por vías aéreas, es decir, no usa su nariz para respirar, usa su ombligo.

Solo hay un par de complicaciones alrededor del cordón umbilical que pueden poner en riesgo al bebé: (a) cuando el cordón se desprende sea del ombligo o de la placenta, o bien, la placenta se desprende, y (b) cuando el cordón tiene alguna anormalidad. Para el primer tipo de complicación es preciso inducir labor de parto, o bien, optar por la césarea. La única manera en que el bebé se mantiene vivo en el vientre materno es por su conexión a través del cordón, si este se desprende la cosa se puede poner peligrosa y sin duda es momento de aprovechar las bondades médicas y tecnológicas de nuestra época. Algo parecido sucede cuando son múltiples bebés y ya son muy grandes en el vientre, en esos momentos hay que decidir por una intervención quirúrgica para evitar cualquier riesgo en nuestro bebé.

Para el segundo tipo de complicación hay casos en que el cordón se anuda a si mismo y este nudo puede apretarse tanto que complique el crecimiento normal del bebé por falta de oxigenación y nutrientes. Si en las visitas al ginecólogo se detecta un nudo y las medidas del bebé se van alejando del promedio saludable, es momento de tomar decisiones. También suceden otro tipo de anormalidades, a mi esposa y a mi nos sucedió algo casi chusco que narro más adelante.

Continuando con los mitos, cuando la agenda del ginecólogo comienza a complicarse porque tu bebé apunta para nacer en pleno verano o el día de navidad, es cuando aparece el tercer demonio. Un clásico es decir que el bebé es ‘muy grande’. He escuchado a muchos seres queridos justificar su cesárea con este argumento. Aquí solo hay algo que podemos y debemos cuidar:

Son los huesos de la pelvis de la mamá los que mandan. Incluso el cráneo del bebé es una membrana que puede deformarse al igual que sus hombros y pancita que son mucho más flexibles.

Sí, es el perímetro del cráneo el que típicamente se usa para alarmar, pero aunque éste parezca demasiado grande, es más una membrana que un hueso y no será un obstáculo. Por eso los famosos caput succedaneum, o simplemente caputs, que son como ‘chipotes’ con los que nace un bebé mientras topaba con la pelvis en su esfuerzo por nacer.

La verdadera razón de alarma existe solo si la pelvis de la mamá tiene alguna deformación, pues entonces es probable que el bebé no pueda salir y haya que proceder directo a una cesárea. No obstante, si la mamá ha tenido partos naturales previos, este demonio se descarta por completo.

Finalmente, el cuarto demonio es de esos viscerales, esos que toda mujer comparte y parece empática de saberlo aún sin haberlo vivido. El calificativo de un dolor inimaginable e indescriptible que nadie debería vivir y, me atrevo a escribir, razón principal para que Monterrey y México sean los campeones en cesáreas.

El problema es que nadie explica que quien narra esa experiencia fatalista es porque vivió un dolor proveniente de un efecto dominó modernista que nunca debió haber sucedido. Lo narro a continuación para que sepan reconocerse en tal situación y sepan exigir una cesárea antes de vivir una tragedia y luego terminen siendo promotoras de este mismo demonio.

  1. La mamá cree que ya debe ir al hospital porque va a nacer su bebé porque se rompió la fuente o alguna razón no fundamentada de las que ya expliqué (más adelante explico cómo reconocerse en una verdadera labor de parto).
  2. La mamá es recibida e internada para que su bebé nazca, digamos que es víctima del momento y la agenda que funciona.
  3. La mamá, siendo que va a parir, se ubica en la posición equivocada, la posición industrial de cesárea. Imagina a una mamá a punto de parir, dime si esa imagen difiere de aquel clásico de películas de la mujer sentada en la cama del hospital con las piernas semi-dobladas, pujando sin cesar mientras asistentes observan si el bebé viene ya en camino. Esta posición es tan popular porque así es como le enseñaron al profesionista a protagonizar, se ubica a la mamá para que el doctor y los asistentes faciliten su trabajo, nunca facilitando que el bebé pueda encontrar apoyo en la gravedad y bajar por naturaleza.
  4. El bebé claramente obstaculizado por una “V” que se forma entre la espalda y las piernas, no puede bajar y comienzan las preocupaciones. Como paréntesis, cuenta mi abuela que ella tuvo a sus hijos tomándose con fuerza del marco de una puerta de su casa para poder pujar hasta que salieran, tuvo 6 hijos así.
  5. Como el bebé no ha logrado bajar, la mamá recibe oxitocina sintética para provocar contracciones más fuertes y que el bebé sepa que va a nacer y que tiene que bajar sí o sí.
  6. Cómo la mamá tiene contracciones provocadas sintéticamente, ahora está sintiendo un dolor insoportable, un dolor que su cuerpo no esperaba en ese momento y para el que no alcanzó a prepararse. Por ende, la mamá recibe anestesia para tolerar ese amar a Dios en tierra de indios.
  7. El dolor no es en vano, es la fuerte y antinatural contracción de sus músculos obligando al bebé a abrirse paso a como dé lugar. Al bebé se le está obligando a bajar, mientras que al ducto se le está exigiendo ceder. Es entonces cuando el bebé comienza a bajar de una forma inadecuada y a la mamá se le aplica la maniobra kristeller — con los antebrazos, codos, manos y con todo el peso de uno o hasta varios doctores comienzan a destrozar el vientre materno girando y empujando al bebé hacia la salida.
  8. La mamá cada vez más agotada siente que se desvanece, se ha olvidado de parir y solo piensa en sobrevivir. La anestesia no es suficiente ante tal dolor y por ello cuando el bebé asoma un poco la cabeza los doctores desesperados hacen uso de fórceps para intentar sacarlo. Literal, toman la cabeza con unas pinzas de metal y lo estiran para lograr salir por un ducto que jamás se dilató para abrirle paso.
  9. Al no conseguir sacarlo por falta de espacio, los doctores realizan una episiotomía, es decir, hacen la vagina un poco más grande mediante una incisión hacia donde se ubica el ano. La mamá ya no existe, es un objeto de quirófano al que han decidido mejor practicarle una cesárea.
  10. Toda labor ha sido en vano, esta mamá terminó en cesárea y con una historia para aterrar a cualquiera. La mamá se transforma en vendedora de pánico en vez de promotora del parto humanizado.
En resumen, una mamá ignorante de su labor de parto obstaculiza la salida de su bebé demandando por tratamientos sintéticos como la oxitocina inyectada, la anestesia y maniobras inhumanas que solo demandan por transformar el parto en una carnicería y a la mamá en un testigo de algo simplemente aterrador.

Lo peor es que la historia no acaba ahí, la recuperación de una mamá destrozada demanda por intervalos de abandono al bebé que nulifican el apego, complican la lactancia e incrementan las probabilidades de una depresión posparto. Después de todo, cómo encontrar felicidad ante tales acontecimientos. Permítanme revertir el escenario.

El deber ser

Habiendo descrito las razones del porqué las mamás no protagonizan hoy en día, es preciso narrar el deber ser. Ahora les narro una historia romántica de cómo es un parto humanizado incluyendo la historia no tan satisfactoria que experimentamos mi esposa y yo.

  1. La mamá sabe que está llegando a la fase final del embarazo, se encuentra más allá de la semana 35 y por ello prepara el ducto de salida suavizando el cérvix con prostaglandinas, aceite de prímula u onagra y, sobre todo, incrementando las relaciones sexuales con el papá. Todo esto hará que el camino de salida se encuentre cada vez en mejores condiciones para dar paso al nacimiento y que los orgasmos de la mamá terminen por encajar al bebé en vías de salida.
  2. Hacia las semanas finales, la mamá se reconoce en labor de parto: había expulsado el tapón mucoso incluyendo quizás un poco de sangre pero sin meconio, y percibe unas contracciones que son cada vez más frecuentes, digamos cada 3 minutos.
  3. Además, el bebé se encuentra en posición occípito anterior izquierda. Esto significa que el cuerpo de la mamá está empujando a un bebé que se ha posicionado en sintonía con su nacimiento y que está perfectamente acomodado para bajar con el menor esfuerzo. He escuchado historias de bebés que comenzaron en posiciones que demandaban por cesáreas y con ejercicios, bailes y conversaciones dirigidas hacia ellos lograron acomodarse justo previo a la labor de parto. Lo importante aquí es siempre monitorear con el ginecólogo la posición del bebé e ir haciendo los ajustes necesarios para lograr acomodarlo antes de que el bebé sea muy grande, pues entre mayor sea su tamaño menor espacio de maniobra tendrá para posicionarse. Cabe mencionar que existen diversos ejercicios que ayudan a acomodar a un bebé que viene en una posición inadecuada e incluso tratamientos homeopáticos para incrementar la movilidad a través de pulsatilla. Todo esto es un proceso natural para preparar al bebé en su camino al nacimiento.
  4. Para este momento la fuente ya se rompió. Sin embargo, si la fuente no se ha roto, existen otras formas de romperla, se llaman punturas. En el caso de mi esposa, la bebé con uno de sus deditos creó una puntura antes de tiempo que nos exigió inducir las contracciones con oxitocina sintética y recordar que el camino es el parto, pero el destino es un bebé sano.
  5. Rota la fuente y las contracciones en aumento hay varias maneras en las que papá puede ayudar a aminorar el dolor y recibir pacíficamente al bebé: (a) colocando un par de dedos en la nuca de la mamá cuando viene la contracción, esto crea una fuga de energía en el cuerpo de la mamá permitiendo que el dolor se comparta y por se ende se perciba menor, (b) otro método es dando apoyo post-contracción con las manos en el sacro de la mamá para balancear la energía al vientre materno y dar soporte, (c) usando elementos contextuales como inciensos, música, agua, caricias, palabras de aliento o inclusive una pelota de esas que se usan en pilates es bastante adecuado. Mi esposa y yo tuvimos la oportunidad de variar esas 3 opciones a, b y c, y créanme, todas funcionan.
  6. Con el ritmo de contracciones cada vez más frecuente, el bebé encontrará la manera de salir. No sólo eso, gracias a la línea alba, esa línea que se oscurece como dividiendo la pancita de la mamá en dos, y al ensanchamiento y oscurecimiento de las areolas en sus pezones, el bebé solito puesto en el vientre gateará hasta encontrar el pecho de su mamá y comenzar un nuevo proceso para ambos: la lactancia materna. Yo me imaginaba un proceso como aterrizar a un avión de noche, donde quizás el panorama no es muy claro pero se logra divisar una línea de luz que dirige al vehículo hasta su destino. Así un bebé sigue la trayectoria que la naturaleza puso a su disposición para poder alimentarse de su mamá justo al instante en que ha nacido, aún y cuando la mamá esté en total agotamiento.

Aquí permítanme compartir un toque de realidad. La puntura que nuestra bebé provocara en la fuente hizo que mi esposa estuviera casi 48 horas con fluidos constantes, como si fuese un globo con agua con una pequeña pinchadura por donde tira unas gotitas sin cesar. Esto nos llevó a la necesidad de inducir el parto. Habiéndonos preparado para ello, con la compañía de ginecólogo y Doula, y con Michel Odent y Laura Gutman siendo principales autores y guías en mi mente, sabía que las cosas podrían no salir como planeamos. Pero mi esposa seguía protagonizando y dirigiendo su propia orquesta, esto era lo más importante para mi.

Después de pasadas 12 horas de labor, nuestra bebé asomaba un poco la cabeza abriendo la pelvis de mi esposa y luego volvía a subir. Así se mantuvo por cerca de 3 horas hasta que mi esposa decidió ir por cesárea.

Camino a la cesárea mi esposa platicaba con todos los médicos en el quirófano como si nada sucediera y todo estuviera en paz. Ella sabía que habíamos luchado en conjunto y algo no andaba bien por lo que la mejor decisión era justo aquella que jamás quisimos contemplar. Mientras tanto su ginecólogo me decía a mi que él no comprendía porque la bebé estaba haciendo eso, que seguramente al abrir el vientre encontraríamos el porqué. Como mencioné anteriormente, un parto primerizo aumenta la incertidumbre para todos los involucrados, incluso de profesionistas como el ginecólogo de mi esposa quien fuera quien la trajo a ella misma al mundo y tuviera ejerciendo más de 30 años.

Tomado de la mano de mi esposa, escuchamos el milagroso llanto en tan solo unos minutos. Sabíamos que ya estaba nuestra niñita con nosotros, sana y salva. Resultó que nuestra pequeña Amanda tenía un cordón umbilical tan pequeño, que al no desprenderse la placenta, en cada contracción estaba haciendo un efecto de bungee, bajaba pero regresaba en un momento elástico cuando la contracción pasaba. Quizás si hubiéramos esperado un poco y la placenta se desprendía, Amanda hubiera pasado por una tragedia de falta de oxígeno, complicando mucho más el haber nacido por parto natural e incluso poniendo en riesgo el camino a la cesárea.

En fin, 48 horas previas de puntura y 12 de parto ponían a mi esposa en un agotamiento importante y a la bebé en un riesgo cada vez más latente, por eso insisto en la enseñanza que dice:

El camino es el parto, pero el destino es un bebé sano.

Bebé en brazos

Mi esposa y yo, felices de tener a nuestra bebé en brazos nos encontrábamos cansados pero gozosos de haber pedido alojamiento conjunto. Esto significa que no hay momento de bebé en cuneros ni horarios de visita establecidos. La bebé estaría con nosotros todo el tiempo y aunque la incertidumbre de papás primerizos era muy alta, el hecho de tenerla desde los primeros minutos con nosotros facilita de manera impresionante el apego y el inicio de la lactancia. Dos factores que marcan de por vida al bebé.

El apego es de suma importancia porque es el momento en que el bebé entiende la energía, y las bacterias, que conforman a papá y mamá. Por ende, siempre le servirán de antibiótico y apapacho. Por eso decimos que no hay mejores brazos que los de mamá y papá. Aquí, como papá se aprenden cosas importantes, por ejemplo:

El “shhh, shhh, shhh…” que hacían nuestras madres y abuelas al dormirnos cuando éramos bebés es algo de carácter instintivo. Un impulso animal que imita al sonido que el bebé escuchaba cuando latía el corazón de mamá y la placenta irrigaba sangre. Este sonido lleva al bebé a su momento de mayor tranquilidad y seguridad, cuando estaba dentro de mamá, por eso se calman al escucharlo.

Asimismo, aunque en nuestra época YouTube puede resolvernos dudas primerizas, es importante saber que existen cosas como el Dunstan Baby Language, el idioma de los bebés para decirnos cuando tienen:

  • hambre — neh.
  • sueño — owh.
  • deseo de eruptar — eh.
  • gases — eairrh.
  • incomodidad (pañal sucio, ropa apretada) — jjheh.

Al principio fui escéptico, pero créanme, funciona, para muestra este video. Funciona tan bien como hacerlos ‘taquito’, sigan este tutorial y su bebé los dejará dormir un poquito más, o al menos su llanto será significativamente menor.

Finalmente, aunque el tema de la lactancia es digno de otro post, debo decir que todas las parejas que hicieron apego, siguen amamantando a sus bebés. En cambio, el 100% de las mamás que no hicieron apego y cuyos bebés recibieron fórmula mientras ellas carecían de la estimulación en sus pechos, a todas, las he escuchado decir que “no pudieron amamantar porque su bebé no completaba”, otro clásico del profesionista moderno.

Si queda algo por decir es que aquí he narrado mi experiencia y mis lecciones, y puedo confirmar que la naturaleza te premia el esfuerzo pues tenemos una bebé saludable y una mamá que no conoce la depresión posparto. Cada quien tendrá un historia que compartir, cada cual preparará su momento como mejor le parezca.

Lo más importante es saber envolver al bebé en un contexto de paz, amor y bienvenida que le generen la alegría de nacer. Para infundir este sentimiento es preciso hacer sentir amada, segura y protagonista a la mamá. Por ello cierro citando a nuestra querida Eli, quien en una frase nos invita a optar siempre por el amor a lo natural y al parto humanizado:

Nunca habrá suficiente amor en el presente para cambiar el pasado, nunca suficiente alabanza para equilibrar el rechazo y desaprobación. Hay que ser siempre abuelos de nuestros hijos.
Amanda y Eli, reconociéndose. Amanda era capaz de distinguir la dulce voz de Eli, quien acompañara y diera tanta paz a su mami y, por ende, a ella también, se sentía feliz de estar en sus brazos.