El amor compadece, y compadece más cuanto más ama. – Miguel de Unamuno
Cuando nos sobran razones por las cuales creer que nuestra existencia y nuestro paso en esta vida es absurdo, carece de sentido y es insignificante, comienzo a necesitar razones para aferrarme a los sentimientos.
Si la vida es absurda, trágica y finita en un espacio desconocido, no me importa, voy a elegir creer en algo para poder vivir un poco mejor en esta sociedad desesperanzada. Solo elijo creer en el amor como una fuerza más allá de vos y yo. Creo que es el único sentimiento que moviliza y despierta la absurda existencia de cada uno de nosotros. Entonces, yo creo en el amor cuando solo unos pocos, son capaces de dar amor sin esperar a cambio.
Pero ¿Hasta que punto el amor te moviliza y no te vuelve idiota? A mi el amor me vuelve idiota, nerviosa y ansiosa. Tengo que admitirlo, un poco de todo eso también me gusta. La magia del amor es que no es un sentimiento unidireccional que siempre marcha igual y eso es fascinante. Hay multiplicidad de formas de amar pero todas te hacen sentir vivo aunque sea por un ratito. Ames lo que ames.
Al final del camino, el amor es eso que se cruza en nuestras vidas casi sin darnos cuenta, a través de pequeñas historias construidas en este paso casi insignificante y diminuto por una parte de un todo mucho más complejo. En otras palabras, es lo que construimos con lo que hacemos, con lo que somos y con todo lo nos dejan todas y cada una de las personas que pasan por nosotros. En fin, plantearnos el amor como la construcción de un sentir constante que quizás te hace sentir vivo entre tanta monotonía absurda e incoherente que conlleva la rutina de vivir en esta vida.
