El Restaurador (Segunda Parte)

Lo hizo de nuevo. No, no salió campeón como en su otra etapa (https://medium.com/@cilindromagix/el-restaurador-6e4730aade2b). Pero hizo campaña de líder. De hecho dirigió al equipo que más puntos logró (junto a River) en 2017. Esta vez ni siquiera armó el equipo. Peor aún: lo recibió con la moral baja, tras la ida de un entrenador que perdió en pocas semanas el respeto de muchos de aquellos jugadores que él trajo en 2014.

De movida, sufrió la lesión de Lisandro, símbolo absoluto en aquel momento en el que Lautaro no había explotado y a Bou le costaba ser Bou. Luego la baja de Martínez y su convocatoria al Mundial Sub 20 (no puso peros a la hora de cederlo), la ausencia de Acuña también por temas físicos, la salida de Orión, la mala suerte de Musso y, para rematarla, el desgarro y la venta de Bou. Ah, además se resintió Lisandro y no volvió a jugar.

Después de las derrotas con Independiente y Central la clasificación quedó muy lejos. Algunos aprovecharon y largaron lo que tenían atragantado y que un técnico que pierde muy poco nunca les dejaba escupir. Quedaban sólo cinco partidos y cuatro de ellos eran contra rivales directos. La victoria ante San Lorenzo frenó el sangrado. Pero el empate ante Aldosivi entregó a la salida tantas cabezas gachas como desesperanza cabía en el Cilindro.

Y mientras la prensa mostraba sus erecciones impúdicas que apuntaban hacia el otro club de Avellaneda, El Restaurador pensó. No había tiempo para algo pulcro y progresivo. Era momento de trazos gruesos y concretos.

Armó la línea de cinco. Protegió a su arquero, un debutante que creció a la sombra de otro que esperó años y se lesionó en su segunda aparición. Reforzó un sector vulnerable, el de la defensa, quitándole un hombre a un mediocampo al que después de darle mil vueltas diagnosticó incapaz de contener a los rivales. A cada uno lo cuidó de algo: a Pillud de sus distracciones, poniéndole a Vittor detrás. A Vittor de sus desprolijidades, colocando a Barbieri cerca suyo. A Barbieri de su inexperiencia, acercándole a Grimi, nuestro defensor más experimentado. A Grimi de su inactividad, ofreciendo dos centrales más para que no tenga que cubrir espacios. Y a Insúa de su torpeza, dejando a un lateral de oficio cerca suyo para cubrirlo.

Ahí estuvo el gran acierto: quedaban pocas armas, había que usarlas al máximo de su potencial. Era a todo o nada, porque perder así no iba a resultar simpático. Vaya si tiene coraje este tipo, Vaya si tiene espalda. Sumó a Zaracho, gol y asistencia. Bancó a Cuadra, clave en el último partido. Cocca tiene a Milito, decían antes. Cocca tiene culo, repetían hace un ratito nomás. Cocca mete a Racing en la Libertadores y, por lo expresado, con una enorme incidencia en la clasificación. Novena Copa Libertadores para la Academia, tercera con El Restaurador en tres intentos. Un tercio en esta historia.

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