8.

Una vez que la botella italiana llegó al final, se decidió a escribir la nota, tomó el lápiz y con pulso firme escribió, ya no puedo más, lo siento.

Se escuchó un bang que despertó la jungla, mientras la sangre se mezclaba con algunas gotas de vino derramadas en el roble amazónico que servía de piso, en ese momento reconoció el sabor de ese vino nuevo, que ya había bebido.

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