7.

Y las perspectivas cambiaban. Se veía a ella misma sentada, con esas piernas recién razuradas sobre la silla de rejilla, la botella italiana a la mitad y la música mezclada con la lluvia y los grillos. Su espalda recta, la mano anillada arreglándose el cabello tras la oreja, el codo sobre la madera y los ojos achinados perdidos en algún pensamiento melancólico. Se miraba desde afuera, viviéndose y extrañándose, anhelando ser algo que ya era, que siempre fue.

C.

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