¿Traer el pasado al presente? ¿Para qué?

Recuerdo alguna frase de Galeano dónde decía que no estamos hechos de átomos, sino de historias, porque son estas historias las que uno evoca, imagina, recrea, reconoce como parte de sí. En este territorio que se convierte día a día en un lugar recurrente para sus reflexiones y la mías, quiero entender porque es tan importante recordar. Claramente es una pregunta que puede pasar inadvertida, incluso de obvia, pero que cuenta con profundidad única que contribuye a la construcción de nuestros propios proyectos.

Fuente: Lola Álvarez Bravo “Unos suben y otros bajan”. 1940

Hace algún tiempo me vengo enterando del legado historiográfico de la humanidad, basado en un conjunto de biografías de grandes personajes que han generado rupturas en el mundo y la sociedad conocida. Quienes merecen tinta y papel, ceremonia y reverencia. Sin embargo, llego a la pregunta que muchos antes se han planteado ¿Y los de abajo? ¿Los oprimidos e invisibilizados? Ya E.P Thomson se pensó en los sesenta una historiografía de abajo, de los oprimidos, uno de sus trabajos prominentes fue “La formación de la clase obrera en Inglaterra”, también, pueden traerse a colación a Gayatri Spivak que se pregunta si los subalternos, es decir, los dominados, tienen o no derecho a hablar.

Las autoras y autores que menciono en el párrafo anterior sólo intensifican mi intriga con la capacidad de traer el pasado a nuestros días que en su tiempo ya encontraba Walter Benjamín cuando realizaba su crítica a la historicidad y la relación de esta con el progreso y la sociedad que a propósito, también plantea la importancia de “rememorar”. Sabemos entonces que la historiografía, hasta cierto punto y sin contar con los y las intelectuales comprometidos que se han propuesto una historiografía de abajo, se ha mantenido coartada por un imaginario de objetividad contando la versión dominante de turno.

Siguiendo la línea, sería importante sopesar sobre los medios que nos ofrecen contexto de nuestras realidades, evidentemente hay tanto elementos de “sui generis” que suceden por primera vez en nuestra temporalidad, pero contamos con tantos “deja vu’s” históricos que hasta Maquiavelo se propuso escribir “El Príncipe” alimentando sus preposiciones con ejemplos históricos. La importancia de reconocer el pasado es precisamente reconocer las continuidades históricas, nos permite incluso, reconocer tendencias, hablando, claro está, en términos macro.

Por otro lado, alejándonos un poco de la historiografía como herramienta para traer de regreso al pasado, lo siguiente es cómo se percibe ese pasado en nuestro entorno, cotidianidad, lugares relacionales dónde nos encontramos. La historia no te dará cuenta del pasado de tu familia, comunidad, barrio y lugares que habitas. Reconocer el pasado de todos los lugares que mencioné anteriormente se convierte casi en un deber: Aprender, construir, recomponer los tejidos sociales que guardan nuestros recuerdos, tanto individuales y colectivos que de alguna manera, pueden y deberían tener la función de intervenir sobre las decisiones que tomamos a futuro.

En ese sentido, el proceso de recuperar evocaciones del pasado ya no se convierte en un asunto reflexivo, se convierte en un agente transformador, por tanto, se hace relevante para nuestros quehaceres, sobre todo si nuestra intención es ser conscientes de los lugares que habitamos. A partir de esto llegué a los conceptos de sociologías de las ausencias y emergencias, que ya mencionaba Boaventura de Sousa Santos al plantearse unas Epistemologías del Sur. Lo importante de recuperar estos conceptos que plantearía como herramientas, es que nos ofrecen dos puntos de abordar esta transformación: ausencias (pasados), emergencias (presente/futuro). Tomando la primera desde esa perspectiva de invisibilización que mencionaba anteriormente con la historiografía.

Fuente: Jesús Abad Colorado. San Carlos, Antioquía. 1998

Las ausencias son las que se pierden en el tiempo, que se encuentran en la oralidad, en el relato, en las narrativas, en los cantos, son elementos que pertenecen a la construcción misma de nuestra identidad y que de alguna manera se niegan a borrarse completamente, a silenciarse para siempre. Quizá, estas ausencias son difíciles de recuperar, ya que se parte de que están enterradas en algún lugar, que se encuentran expectantes a la espera de desobedientes y tercos como aspiramos ser. Así pues, el relato nostálgico de una persona mayor de la comunidad, una canción que a suerte de juglar canta una persona como vestigios del pasado, incluso, lugares que en su momento hicieron parte de algo que a lo largo del tiempo se fue apagando como un foco desgastado por el uso pasan a hacer parte del entramado pasado que buscamos desenredar.

Por otro lado, las emergencias son los esfuerzos mismos por reivindicar ese pasado que marcó las identidades. Pero no sólo eso, también es reconocer que transforman, que incluso, algunos de los elementos que alguna vez fueron invisibles se incorporan de manera consciente a las resistencias, luchas y proyectos de los cuales hacemos parte. En este punto, pienso que ahora con esta forma de ver la importancia del pasado, a lo mejor valdría la pena buscar la manera de conservarlo. No para las grandes historias de las enciclopedias, pero sí para sentir que caminamos, con direcciones equívocas o acertadas, pero caminamos.

Fuente: Sebastião Salgado, Ecuador. 1982

Quizá estas divagaciones de una mente inconforme sirvan o hagan mella en sus vidas, en sus comunidades y procesos. Como siempre, la intención no es nunca la de construir una estructura que explique cómo hacer las cosas pues considero que ya llevamos mucho tiempo adaptando construcciones de otras personas en otras latitudes que nunca se adaptaran a contextos específicos además que este espacio en el cual escribo y ustedes leen, para mí es catarsis, es aspirar a responder preguntas obvias que no son tan obvias y se convierten en elementos que podrían incorporarse en nuestros caminos. En futuras entradas sopesaremos la idea de estas emergencias a partir de la memoria como contraposición a la historia. Invitadas e invitados a seguirnos leyendo.


Escrito por: Daniel Ordoñez S.

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