Sentir la deuda y la incomodidad

Como estudiante de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata, me propongo pensar el periodismo que hoy se construye, y cómo nosotros, estudiantes, podemos revertir la crisis de esta institución.
El periodismo hoy es la metáfora de una caja de pandora. Las cercanías a la objetividad se han transformado en abismos. La inocencia, la escasez, el intento de neutralidad, la aceptación de la diferencia, la no distorsión, parecen, paradójicamente, no estar dentro de los cánones de la institución madre de la información. Está en nosotros, estudiantes, romper con el mito que aqueja el porvenir de esta profesión.
¿Cuál es el germen de esta realidad? El Director de “Le Monde Diplomatique”, Ignacio Ramonet, sostiene que hoy “La información tiene un valor mercantil y el sistema se organiza para comprar y vender informaciones que tengan un valor mercantil, sin ninguna referencia ya a la generosidad cívica. Esto no quiere decir que en este sistema no afloren algunas verdades o que no haya periodistas que hagan su trabajo. En algunas ocasiones, la información sigue siendo un instrumento útil para despertar el sentido cívico.” Lo que sucede es absurdo: el periodismo es hoy vapuleado por su presunta pérdida de ética y credibilidad, pero también está más institucionalizado que nunca debido al acercamiento y complicidad por parte de la sociedad.
Rodolfo Walsh, en su emblemática frase que hoy leemos al recorrer los pasillos de la Facultad, y al escuchar reinventarla a muchos referentes de esta profesión, dijo que “el periodismo es libre o es una farsa.” ¿Se puede pensar ambas en simultáneo? Hoy vivimos en un sistema donde prima la superabundancia de información. Me pregunto qué sucede con este fenómeno en la práctica periodística. Como estudiante, intento tomar una postura intermedia, y discernir entre los pro y los contra para llegar a un punto de equilibrio y entender que, como dice Ramonet, “más información no significa más libertad.” ¿Cómo encontrar un límite entonces en la cultura de los excesos? En primer lugar, viendo qué sucede y entendiendo la realidad, porque de eso también se trata esta profesión. Después, escribiendo, aprendiendo, descubriéndome desde ahora como periodista, y no como estudiante de la Universidad.
También pienso en comparar presente y pasado para tomar dimensión, porque por suerte el pasado no se olvida. Vuelvo Ramonet, quien sostiene que “Teóricamente, hasta ahora, se podía explicar el periodismo de la siguiente manera. Tenía una organización triangular: el acontecimiento, el intermediario y el ciudadano. El acontecimiento era transmitido por el intermediario, es decir, el periodista que lo filtraba, lo analizaba, lo contextualizaba y lo hacía repercutir sobre el ciudadano. Ésa era la relación que todos conocíamos. Ahora este triángulo se ha transformado en un eje. Está el acontecimiento y, a continuación, el ciudadano. A medio camino ya no existe un espejo, sino simplemente un cristal transparente. A través de la cámara de televisión, la cámara fotográfica o el reportaje, todos los medios de comunicación intentan poner directamente en contacto al ciudadano con el acontecimiento.”
Ramonet es claro, conciso y tiene experiencia. Pero yo empezaba a escribir estas líneas hablando de una caja de pandora. Me propongo pensar en la desmitificación, ya que esa caja surge de la mitología. Hoy parece que mutilar, vulgarizar, criticar, son lugares habituales, de comodidad en esta institución. Pienso en eso como una locura. ¿Periodismo y comodidad? No puedo pensar en que una persona que se propone esta profesión, busque comodidad. No me asimilo una futura periodista cómoda cuando mi formación es pública, en donde el Estado es quien me banca con el soporte del granito de arena de la sociedad. Es como pensar en no demostrarle a mis viejos que estoy feliz con lo que hago, cuando sé que eso les da felicidad y orgullo. A mí me incomoda no hacerlo. Siento la demanda, incluso. Me hace ruido. Entonces me propongo romper con ese mito de que el periodismo es sólo transmitir información, para intentar demostrar que es, o debe ser, el lugar de la incomodidad, de la incertidumbre, del hambre voraz de encontrar la información que está oculta en un recoveco incómodo y que pide a gritos salir y respirar. Y hoy, cómodos sobran. Yo no quiero eso.
El estudiar en una universidad pública me hace sentir en deuda. Es una deuda interesante, sugestiva, poderosa. Una deuda que alimenta mis ganas de endeudarme. Porque la posibilidad de lo público lo construimos todos, como también construimos la democracia. Entonces, ¿cómo no voy a sentir esa deuda, más aun siendo joven? Estudiar periodismo me hace profundizar ese sentimiento. Porque tiene su parte pública, y es ahí adónde nosotros, quienes nos estamos preparando, tenemos que apuntar. Hablo de esa parte pública en términos de que seremos formadores, en el buen sentido a mi entender, de opinión. Nuestra palabra será legítima para quienes nos leerán y escucharán.
Pienso en mi futuro dentro del mundo del periodismo y es como un laberinto, donde cada camino es una opción. El desafío importante es poder elegir. ¿Es arriesgado? Sí, muy. Pero ahí está la incomodidad necesaria. Pandora cerró la caja porque en su interior dejó la esperanza y expulsó los males. Romper este mito es nuestro desafío, para poder abrir la caja y estar preparados para lo que de ella salga. Porque el mundo de hoy, y el de mañana más, es vertiginoso, y la información, excesiva y en algunos casos, traicionera. Entonces mi desafío expresarme, escribir, hablar, equivocarme, encontrarme, desentramarme, identificarme. Y sobre todo, me propongo, cada día, y en cada línea, pensar en superar la crisis del periodismo de hoy. Porque existe, y porque la objetividad también es un mito, y la subjetividad se transforma en una libertad hiperbólica, de la cual hay que aprender a no abusarse. Por eso quiero comprender y desde mi futuro lugar, hacer entender, que las palabras son todas diferentes, y que pronunciarlas, es construir una realidad. Y no tengo dudas, que si miramos fijo la inmensa cantidad de oportunidades que tenemos a futuro en esta profesión, superaremos la crisis. Y lo más importante es disfrutar viviendo el periodismo, como dijo Alejo Carpentier, como “una maravillosa escuela de vida.”
Clara Di Virgilio