COMIENZOS Y FINALES
Para empezar diré que es el final
Puede que lo bonito de los veranos, al fin y al cabo, sean sus finales.
Tengo la sensación de que cada año nos hacemos la misma promesa: este va a ser el verano de nuestras vidas. Y sinceramente, creo que llegan a serlo cada uno a su manera. Pero las hojas empiezan a teñirse de marrón y las noches ya no las podemos alargar tanto como nos gustaría.
Y este año tengo muy claro que en este nuevo curso hay algo que voy a echar de menos: Madrid. Debería haberme vuelto más sensible el día que me fui y haber escrito ese adiós que llevo tanto pensando, pero siempre se me dieron mal las despedidas.
A Manhattan la llaman La Ciudad, los neoyorquinos son tan sumamente egocéntricos que se creen que es la única ciudad que existe en el mundo. Bueno, pues para mi pequeño mundo ególatra ese símil lo hago con Madrid.
Poner en orden todo lo que he aprendido entre sus calles es demasiado complicado. “Madrid es como ese novio del que estás muy enamorada, pero te jode la vida”. No te deja tomar aire para poder ver con perspectiva lo que pasa en tu vida, pero necesitas que te asfixie porque si te deja respirar, crees que el mundo se va a venir abajo.
Odio el ruido constante que hay, sobre todo por las noches, lo mal que conduce la gente, que el metro vaya lleno en hora punta o peor aún que haya huelga y tarde más de cinco minutos en llegar. Odio tener que salir veinte minutos antes de casa para llegar al sitio donde he quedado. Me molesta que los sitios que más me gusten sean los más clichés, que la gente llame de manera diferente a ciertas cosas y que siempre todo el mundo vaya corriendo. Y, sobre todo, mirar al horizonte y no poder ver el mar.
Pero no podría vivir sin pasear por la cuesta de Moyano, sin saber que cada día puedes hacer un plan diferente, sin asomarme a la ventana y ver a la gente yendo de un sitio a otro y pensar en tu propio rumbo. Ya no soy capaz de encontrar un cielo tan bonito al atardecer….
Ahora a todos los que me preguntan qué cuando pienso volver les tendría que preguntar ¿volver a dónde? Casa es aquel lugar que te ha visto crecer, tú no lo eliges simplemente es un juego de suerte y azar. Es dónde vuelves cuando te sientes vulnerable, cuando necesitas escapar de todo lo demás. Pero el hogar es dónde decides trasladarte y formar tu vida. A veces casa y hogar coinciden, pero si tienes suerte, puedes encontrar un sitio al que sin ser tuyo perteneces, y es una prolongación de tu casa. Un sitio que también te ha visto crecer, como persona. Al que no vas a huir de nada, sino a quedarte.
Sabes que un sitio es importante cuando tienes recuerdos en él. Cuando andas por la calle recuerdas una efímera parte de tu vida en la que fuiste feliz. Cuando un portal te traslada a una historia, un barrio a una persona.
A mí Andrés Suarez o Leiva me suenan a Madrid. Una Mahou me traslada a una esquina de Tirso de Molina. Las noches más largas las recuerdo volviendo a casa en cercanías y las más inusuales en un antro de Tribunal.
Así que, si antes de vez en cuando ya tenia morriña de volver a mi casa, ahora le sumo los días que eche de menos mi hogar.
Dicen que a lo largo de tu vida tienes tres grandes amores, y yo sé que uno de los míos es Madrid.