Educación emocional

“Póngame en compañía de dos personas al azar, inevitablemente tendrán algo que enseñarme. Puedo tomar sus cualidades como modelo y sus defectos como advertencia”. (Confucio)

La parrilla televisiva está invadida por programas que apelan a las emociones. Nos enseñan a enamorarnos, a cómo tener una cita e incluso a superar una ruptura. Intentan dar consejos a los padres de cómo educar a sus hijos “problemáticos”. Dan sugerencias sobre los grandes métodos de castigo y aprendizaje. Pero, si tanto nos interesa la educación emocional ¿Por qué nunca nos enseñan algo sobre ella?

“Esta consiste en ser capaces de controlar y dirigir -en caso de que se produzca- la alteración vehemente, viva y presta de nuestro estado de ánimo cuando nos encontremos ante una situación placentera o difícil. Este tipo de educación no suele ser instruida a través de un área de conocimiento concreta en las escuelas de nuestro país, aunque sí es cierto que cada vez se le está otorgando la importancia que merece gracias por ejemplo, a la publicación de diversos estudios científicos (Lendoiro, 2015) que demuestran que el éxito de las personas no se debe a una cuestión meramente intelectual, sino que además intervienen factores de tipo emocional y social” (Rubio, 2017).

España, junto con Grecia, Italia y Portugal, está entre los cuatro países con menor rendimiento escolar según el último informe PISA. En 2020, se estima que la causa número uno de enfermedad en Europa sea la depresión. ¿Cómo evitar, o al menos prevenir esta hipótesis?

Esta asignatura no debería tener nada que ver con la Educación para la Ciudadanía del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ni con la de Valores que, como alternativa a Religión, ofrece el Ejecutivo de Mariano Rajoy. En realidad, se sirve de conceptos de los que han hecho bandera tanto el PP -”el espíritu emprendedor”- como el PSOE-”aprender a aprender”.

“Educar, aprender y emocionarse van de la mano: podemos aprender sin educarnos, pero sería ridículo afirmar que nos hemos educado sin aprender absolutamente nada. La emoción sin embargo, se encuentra presente en ambos procesos que, no sólo tienen lugar en el contexto formal que es la escuela, sino también en contextos no formales e informales. La emoción está presente, por lo tanto, en todas las facetas de nuestra vida cotidiana” (Rubio, 2017).

El problema, como siempre, reside en la base. Nos introducen la importancia del éxito y está va acompañada de una calificación donde el 10 es ser “excelente” y el 0 un “inepto para el sistema”. España, es el país donde se han producido más reformas educativas, y aún así, donde la educación es más precaria.

Si eres alumno, deja de preocuparte por tus calificaciones. Tener dos décimas más o menos no te hace ser brillante. Si eres padre, no inculques en tus hijos la importancia de las notas. Educa en valores, que es lo que no van a olvidar en su vida. Déjales de herencia la educación, basada en saber ser una persona completa, formada tanto intelectual como personalmente.

“Vivimos pensando en lo que sucederá mañana sin considerar, ni saborear el momento presente. Queremos, deseamos e incluso a veces anhelamos solucionar lo que a vista rápida parece lo más urgente de este mundo, mientras que posponemos lo que puede que de esa manera, nunca llegue. No dejamos tiempo para la reflexión ni para enriquecer el alma mediante lecturas, ejercicios de meditación o, algo tan sencillo pero definitivamente enriquecedor como es el silencio. Elegir esta pedagogía o, filosofía de vida para muchos es apostar por el desarrollo de la dimensión social, emocional y espiritual del sujeto. Cuando los niños sean adultos, se darán cuenta de que no puede existir éxito social y profesional si antes hay un fracaso interior” (Rubio, 2017).

Con la colaboración de María Teresa Rubio Martínez

Referencias

̶ Rubio Martínez, M. T. (2017, junio). Educación emocional, pedagogía de la interioridad y habilidades docentes.Andalucía Educa. Recuperado de http://www.andaluciaeduca.com/hemeroteca/ae_digital199.pdf

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