Miss Representation

Llegando al último día de este puente larguísimo gracias a la “Semana Santa”, Netflix sí, ¡bendito Netflix! gracias por ayudarnos y ser parte de nuestra procrastinación en estos días, me puse a ver aquellos pendientes en mi lista, Miss Representation se encontraba ahí, un documental que nos habla de cómo los medios de comunicación influyen en la imagen de la mujer y nos cuestiona: ¿Por qué las mujeres no somos líderes?.

Quiero aclarar que no soy de las mujeres que se proclama feminista pero si coincido en que todavía no existe una equidad de género y que nos falta mucho por recorrer, para empezar entre nosotras mismas nos saboteamos, entre nosotras hay una gran competencia por ver quien se ve más linda, quien luce el mejor cuerpo, quien tiene a su lado el “amor de su vida”, esto me recuerda que próximamente tendré una reunión con mis antiguas compañeras de la secundaria en la cual, obviamente resaltaremos los éxitos, los míos serán en mi área laboral como siempre, mientras ellas dirán “ya me casé”, “estoy embarazada”, “estoy enamorada” y como le dije a un amigo: contra eso yo no puedo competir, lo que yo hago no se iguala a los hechos de tener una familia, no me siento menos por eso pero ante una mayoría que ha pensado así, lo soy. ¡¿Por qué?! nos han ido generando patrones que debemos seguir como mujer por varias generaciones y aunque yo no vengo de una madre sumisa si he sido engendrada en una base tradicional en la que el mayor éxito como mujer es ¡cásate!.

El matrimonio es todo un paquete, marido, casa e hijos todo esto igual a la felicidad suprema. Hemos crecido con películas que nos dicen que debemos ser unas princesas, rescatadas por ese príncipe azul, guapo y valiente capaz de dar la vida si es necesario, que eso es el amor. Probablemente estoy cayendo en este típico argumento de “fuck it con las películas de disney” pero seamos sinceros, por años nos han inculcado esto y lo sigo viendo en las futuras generaciones, como mujer la tenemos complicada.

Recientemente leí un artículo, no recuerdo que Universidad pero en su plantilla de profesores, pocas eran profesoras de Filosofía, pocas eran las que se dedicaban a la investigación, pues como mujer te tienes que decidir por dos caminos el ser madre y tener una familia o elegir por tu carrera y si eliges por tu carrera para ser exitosa hay que comportarse como una bitch. Por una parte, si se decide ser madre y complementarlo con ese trabajo soñado al final con alguno vas a quedar mal, perder citas al doctor, festivales, vacaciones de tu hijo por estar trabajando y con ello después vienen los reclamos, o estar con tu hijo y después añorar las cosas que pudiste hacer, aún cuando se tenga una pareja no se cambia el pensamiento de que él puede ser el que se quede en casa cuidando a los hijos y hacer las tareas domésticas pues continuamos con esta idea de que el hombre es el que tiene que proveer.

Como mujer también seguimos fomentando este pensamiento, al buscar a “ese hombre” que nos proteja, nos cuide o más bien nos mantenga, buscar a ese estereotipo de macho fuerte, en un ejemplo tan sencillo seguimos creyendo que el hombre tiene que ser el que dé el primer paso para una cita, nosotras como mujeres debemos esperar a que nos elijan, pues somos unas señoritas y cualquier acto que vaya en contra de ser una “niña bien” caeremos en la absurda etiqueta de “puta”. Y para conseguir ese hombre perfecto, es nuestra tarea vernos lindas, cuidar nuestro cuerpo, mantenernos lo más virginal posible (esto último no entenderé como puede ser posible, quieren el mejor sexo y con poca experiencia ¿cómo?), y algo importante, no destacar ante ese hombre. El hombre es el del éxito, no nosotras.

Como dije, hay todavía muchos patrones muy arraigados en nuestra sociedad, Miss Representation nos cuestiona la falta de líderes mujeres, que todavía nos hace falta las voces de mujeres en varios campos, que no debemos representadas como un objeto sexual, que no todo se basa en una belleza física, tenemos la capacidad, la fortaleza y la inteligencia para triunfar en lo que queramos, para ser escuchadas, para tomar nuestras decisiones, que nosotras elegimos también, para ser líderes. No hace falta que busquemos ejemplos, nosotras mismas podemos ser un ejemplo, por ello he hecho pequeños cambios en esa base tradicional en la que fui educada al salirme de mi casa, vivir independientemente sin tener la razón de que vivo con alguien más o voy casarme, que sigo creciendo profesionalmente y voy en búsqueda de superarme continuamente, no tengo pretextos para no hacerlo, seré un ejemplo para mis sobrinas, quizás para mi hijo o hija, que la única persona que puede ponerse límites es uno mismo, uno decide hasta donde quiere llegar.

Empezar por creer y practicar nuestra libertad, libertad en nuestro pensamiento, que nadie nos obligue a seguir con esos paradigmas simplemente para darle gusto a los demás, si quiero verme bonita es por mí, para gustarme, si decido casarme es porque quiero construir y compartirlo con esa persona, si quiero acostarme con alguien es porque se me antoja, si no quiero una familia es mi decisión y debe ser respetada, no juzgada, tengo el poder de cambiar cuando yo quiera no cuando alguien lo quiera. Al diablo lo que digan los demás, ¡somos libres!