Casa Club Ramones: allá en un cerro de “Ecatepunk”

Escribí esta mini crónica para Garuyo.com, hace ya unos años.

Pensé que ya sabía todo sobre el fanatismo luego de ver a las chicas que enseñan las chichis en los conciertos, de acompañar a alguien a tatuarse el emblema de Pearl Jam (sin importarle ni el dinero ni el dolor), de ver a los que hacen más de ocho horas en una fila para entrar a un concierto, de pasar caminando entre las groupies que están fuera de un hotel para ver — aunque sea — los vidrios polarizados de la camioneta en la que va su ídolo, o incluso de saber tristes historias de chicos que cambian a su novia por un concierto.

Obviamente no era así, y es que aún no sabía de la existencia de Alejandro Garrido, mejor conocido por sus cuates como “El Roka”. Este fan desde hace 30 años ha juntado más de 2000 objetos de la banda más icónica del punk — Ramones — con los que ha creado la Casa Club Ramones: un lugar donde se pueden encontrar desde los boletos de la gira que los trajo al Ex-Balneario Olímpico Pantitlán en 1992, hasta fotos originales autografiadas y discos de pasta que tocan al ritmo de “Hey Ho Let’s Go”.

Allá en Forest Hill, o que es lo mismo, allá en el cerro de “Ecatepunk”

En 1974, Johnny, Dee Dee, Tommy y Joey conformaban la típica bandita de chavos “raros” que se juntaban en Forest Hill, un distrito de Queens en Nueva York. Eran un poco vándalos, sí, sobre todo Johnny y Dee Dee. Pero a pesar de ser muy diferentes entre ellos, la música de The Stooges los unió. Si eras uno de los que le gustaban los movimientos de Iggy Pop, te convertías en un amigo de volada.

Algo así pasó en la colonia Piedra Grande, allá en Ecatepec, donde los verdaderos fans de los Ramones — además de chutarse todos los discos o vestir como ellos — suben sin respingar los más de 100 escalones de un cerro para poder llegar al club que armó Alejandro Garrido hace cinco años. Todos los que entran son amigos.

Una chamarra de piel pintada en una pared, un escudo, dos banderas — una de México y otra de los Ramones — , estrellas en el piso con nombres de grandes artistas como Eric Clapton, dan la bienvenida. La recompensa, luego de sudar la gota gorda, está por llegar.

Alejandro abre las puertas de lo que muchos han llamado museo y ahí es donde cada objeto que cubre las paredes y las vitrinas te cuentan la historia del más fan del cuarteto ramonero.

Yo he sido rockanrolero de toda mi vida. Yo sé que los Ramones no son el mundo del rock and roll, pero son inventores de una forma de vestir y del punk-rock. Recuerdo que le pedí a mi hermana que me cortara el cabello como Johnny. Así empecé a vestirme como ellos, y es que su estilo es de la calle, algo con lo que me identifiqué: pantalones rotos, tenis rotos y el cabello largo.

He sido seguidor de Pink Floyd, Black Sabbath, Deep Purple, pero los Ramones siempre fueron parte de mi vida.

A los 14 de edad empecé mi colección con un pin, y de ahí junté todo, desde los boletos de cuando los Ramones se presentaron en el Ex Olímpico de Pantitlán, hasta los carteles de los conciertos que ofrecieron en México (Tijuana, 91 y Ciudad de México, 92 y 93). Me acuerdo que me dieron unos de estos para repartirlos, pero me gustaban tanto que me quedé con algunos.

Así fue el inicio de la casa ramonera…

Según cuenta Alejandro, el brote de punk en México salió de la colonia San Felipe de Jesús, en el D.F. Ahí surgieron la mayoría de las bandas en los 80 como Polo Pepo, el primer cantante de punk rock, Rebel’d Punk, El Síndrome del Punk y Masacre 68, pero fue Ecatepec el que mereció el mote de Ecatepunk por tener lugares de grandes medidas donde podían hacerse tocadas masivas.

Habría sido una grosería que la casa de los Ramones no estuviera aquí, así que el domingo 12 de mayo de 2010 se inauguró el sueño de Alejandro: la Casa Club Ramones, en la que pudo exhibir su colección a manera de tributo a aquella banda que lo acompañó desde chavito, y la cual ha crecido gracias a las donaciones que otros fans le han hecho, como Arturo Vega, el quinto Ramone y creador del logo de los Ramones, quien después de exponer sus fotografías de la banda en el Chopo, se las concedió a Alejandro.

Arturo desde entonces se volvió un gran amigo de la casa, pues no sólo ayudó a la construcción, también dio las más preciadas joyas del lugar.

Arturo Vega es muy importante en Casa Club. Él nos dio una de sus dos playeras que Johnny Ramone, el más mamón, firmó en el hospital antes de morir. También nos dio fotos originales autografiadas por la banda. Pero lo mejor fue que nos dio chance de hacer lo que quisiera con el logo. De ahí lo deformé un poco al ponerle un mazo en lugar de un bat y unos nopales en lugar de las espigas de trigo que llevaba originalmente el escudo.

Cuando venía a México — porque él vivía en Nueva York — después de visitar a su familia en su casa en Chihuahua, él venía a vernos porque decía que esta ya era su casa también.

La música no pudo faltar aquel domingo del corte de listón y en el espacio que Arturo bautizó como “Garden of Serenity”, tocaron bandas como Las Rotas, Sin Solución, Los Lyos y Los Yaps (ya desintegrados, pero que se unieron sólo para el festejo de la casa), banda punk que desplazó a La Lupita y abrió el primer concierto en México de Los Ramones.

Desde entonces, cada domingo, día en el que Alejandro no va al Chopo a vender chamarras de cuero, diversos grupos se dan cita aquí para su toquín, incluso los más pesados como Xenofobia o Expulsados, “una banda argentina que está verdaderamente enferma de Ramones”, contó Alejandro.