Los pobres son pobres porque quieren

Durante mis primeros años de vida, mi casa fue un cuartito, un cuarto que nos prestaba mi abuelita materna de una casa vieja en la que ella vivía y que más tarde se hizo una vecindad. En ese cuarto vivimos mis 2 hermanos, mi hermana, mi mamá, mi papá y yo. Durante esos años no supe lo pobres que éramos, lo vulnerables que estábamos, para mi era una situación tan normal como lo era ver el cielo ponerse azul durante el día y dejar caer la noche casi negra todos los días.

Con el tiempo también se me hizo normal mudarme a otra casa, esta vez un poco más grande que un cuarto, tenía 2 recámaras y recuerdo perfecto que dicha casa le pertenecía a la hermana de mi papá, vivíamos a lado de la casa de mi abuela paterna en la que habitaban varios de mis tíos y sus hijos, tener tantas personas a mi alrededor mas que un símbolo de pobreza, vulnerabilidad y desigualdad, en ese momento se leía como un montón de personas más por las cuales podía ser consentida, mimada y abrazada. Más tarde el esfuerzo, dedicación e inversión laboral de mis papás dio frutos y tuvimos una casa propia, cerca de la familia de mi papá donde mamá tenía un terreno desde hace varios años. Hasta hace poco tuve una revelación que para mucha gente se le hace obvia; fui pobre, al menos los primeros años de mi vida fui parte de las y los 60 millones de mexicanos que tienen que aguantar el hambre al ver pasar un día, y ustedes en este momento se preguntarán, cómo no me di cuenta antes, cómo hasta mis 27 años de edad miro hacia atrás y me doy cuenta de todo esto.

La respuesta en realidad puede llegar a ser demasiado simple, era una niña y no tenía manera de comparar mi vida con la de alguna otra persona en ese momento, tal vez era sólo una niña que se quejaba de no ver a sus padres porque estos trabajaban hasta tarde o porque llegaban demasiado cansados del trabajo como para jugar conmigo, mirando hacia mi infancia puedo llegar a la conclusión de que agradecí muy poco y fui terriblemente severa con mamá y papá por todo lo que yo sentía que me faltaba en lugar de agradecer porque sacrificaron años de su vida manteniéndome no sólo a mi y a mis hermanos sin carencias, sino a veces hasta con un par de lujos, nos mantuvieron engañados (cegados por el amor que nos tienen) logrando que entráramos a escuelas privadas con becas de casi un 90%, porcentaje que solo se mantenía a través de calificaciones excelentes , en consecuencia se dio también a mi alrededor la normalización del triunfo y maximización de los fracasos, porque si fallábamos, la educación que con tanto esfuerzo mantenían podía caer en cualquier momento. Mamá y papá me dieron educación privada y pública de excelencia, no sólo en estudios sino también en valores a pesar de las limitaciones económicas que pudiéramos haber tenido y que con el tiempo cada vez se iban haciendo menos; con el tiempo aún cuando hubiera ciertos lujos que no pudiéramos pagar, nunca tuve hambre, frío, necesidad de trabajar y más tarde pude estudiar la universidad fuera de la ciudad sin preocuparme en ningún momento sobre cómo haría o qué necesitaría. Durante la infancia recuerdo pocas vacaciones pero sí interminables horas de trabajo de mis padres como razón de la falta de su participación en las juntas de padres o festividades escolares, recuerdo no haber conocido la playa hasta ya bastante grande, subirme a un avión por primera vez hasta que fui una adulta, ver comidas de 3 tiempos sólo fuera de casa y las que son de 4 tiempos a la fecha me parecen algo inconcebible y hasta pretencioso.

Era importante para mi poner un poco de contexto de mi historia, porque hace poco escuché a una persona conocida hacer uso de una de las frases más horribles que una persona es capaz de pronunciar “El pobre es pobre porque quiere”, apenas sus labios dejaron de moverse me giré para mirarle de frente y debatir “La pobreza es consecuencia de un sistema que crece en desigualdad, y desde el cual es poco probable que se salga en un contexto como el actual, sino se tiene oportunidad de estudios, de desarrollo, de conocimientos, de diversión, de entretenimiento, de hacer relaciones, de desarrollarte en diferentes ámbitos es muy difícil salir de pobre. Así que no, no se es pobre porque se quiere”, la persona me miró con una sonrisa burlona, y mirándome directamente comentó “Tu saliste de pobre” ¡Que atrevimiento usar mi contexto personal como arma en contra de mis argumentos! “Yo no soy representativa de una mayoría” dije con una mirada fulminante y mientras esta persona me veía como si estuviera esperando que le explicara mi historia y por qué mi experiencia no era una receta replicable, no pude resistir, así que agarré aire en los pulmones y comencé con una letanía llena de pasión pero sobre todo enfado, enojo ante el atrevimiento de que gente cuyo nacimiento se dio en cuna de oro, cuya mayor lucha se trata sobre qué comer durante los 4 tiempos de las 3 comidas que tiene al día, se atreviera a minimizar la lucha que millones de familias combaten todos los días. Si queda duda, aclaro que realmente me enojé, y acepto que soy mujer de mecha corta, pero normalmente aguanto bastante bien con una sonrisa educada en el rostro, intercambio un par de palabras condescendientes y me retiro, sé disimular y canalizar el enfado, pero con esta persona no pude.

“¿Estas diciendo que fuiste un caso de suerte? ¿O sea que no importa cuánto se esfuerce una persona pobre, seguirá siendo pobre? ¿Cuál sería entonces el incentivo para (no exagero así lo dijo) ese tipo de personas si saben que se mueren pobres?” yo no sé qué hice ese día para cruzarme con una persona de ese tipo, pero juro que si alguien me da la respuesta, no lo vuelvo a repetir; en primera me sorprendió lo que mis oídos estaban escuchando, siempre digo que es importante conocer a todo tipo de personas, porque es importante saber que aunque buenas o malas, existen, y reconocer su existencia facilita la eliminación de las brechas, pero… la verdad, no estaba preparada ese día para reconocer en una persona conocida ese tipo de discursos tan horrendos. “Yo soy producto de un contexto, así como todos; soy hija de padres trabajadores, de padres que supieron y valoraron en la educación y la formación el arma más grande, soy hija de personas que se rompieron la espalda todos los días para meterme en escuelas privadas y públicas de excelente calidad y darme valores éticos que al día de hoy me guían, padres que me recuerdan todos los días y hasta el cansancio de dónde vengo y a qué me debo. Tengo personas a mi alrededor que creyeron en mí y que ocultaban su hambre y su miedo para que yo no los padeciera y no tuviera que trabajar desde pequeña para mitigar la pobreza familiar.

No fue suerte, porque jamás me atrevería a minimizar el trabajo de mi familia a decir que fue sólo cosa del destino. Pero tampoco puedes pensar que toda persona pobre tiene el mismo contexto, que no hay personas que son abusadas en su casa, que viven y conviven con enfermedades todos los días o que simplemente tienen que apoyar en su casa para tener que comer ese día. Sobre todo cuando viven en un país que les ignora, que les minimiza y les violenta, donde el gobierno y el sistema económico les excluye y les hunde en profundas brechas de falta de oportunidades y les pone en competencia con quienes las han tenido todas y esperan los mismos resultados, cómo esperas que salgan de pobres cuando se encuentran directamente con personas como tu que les culpan por su situación como si la pobreza no se heredara, como si la pobreza no les tomara del tobillo y pusiera todo su peso sobre ellos cada que intentaran salir de la trinchera en la que han vivido toda su vida y por generaciones”.

Genuinamente de escribirlo, me vuelvo a enojar jaja. Me gustaría decir que con mi discurso, casi monólogo, logré convencer a la persona y vio las cosas de una manera diferente, lamentablemente no fue así, prefirió negar con la cabeza mientras me miraba con ternura que escondía condescendencia; de mi parte decidí declararlo una batalla perdida, porque también es importante reconocer diferentes visiones de la vida, porque pinches libertad de expresión (que a veces me enoja pero la defenderé hasta el cansancio y hasta mi último aliento), así que hice un máximo ejercicio de tolerancia y lo dejé morir por la paz; pero bueno, de menos corrí hacia mi computadora y empecé a escribir de nuevo, así que aún dentro de ese tipo de vivencias que te dejan un mal sabor de boca me dieron cosquillas de inspiración en la punta de los dedos.

Creo que me enfada más, porque normalmente convivo con personas que ideológicamente pueden ser extremadamente diversas, así como personas cuyos contextos sociales varía desde la carencia, la violencia, el privilegio, entre mil y un cosas más; sin embargo normalmente en el tema de la pobreza hacemos todas y todos un reconocimiento al sistema económico tan injusto en el que vivimos, donde la pobreza y la desigualdad es consecuencia de mil factores y jamás nunca del deseo propio de los individuos. Lo que gané de esta experiencia fue hacer un ejercicio propio de reconocimiento a mi historia, a mi perfil, a mi pasado y una lucha que nunca fue propia, una lucha que me perteneció a mi tanto como a mi familia, a mis amistades, mis profesores, mis colegas y mis relaciones. A pesar del enfado creo que fue una situación que me enseñó en diferentes cosas, aprendí que siguen existiendo discursos donde culpan a las víctimas de ser víctimas, de nacer en el lugar y en un contexto desigual, porque es más fácil culparles que vernos a nosotros como cómplices de un sistema que los hunde y violenta todos los días. Al final aprendí que las y los pobres son pobres porque lo seguimos permitiendo.

Dibujo de mi hecho por Raúl Ávila (: Dibujo que seguiré usando durante el resto de las publicaciones

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