Devaluar a la vergüenza cual si fuese moneda

Claudia Jaidar
Aug 27, 2017 · 3 min read
… and it was called Yellow.

La princesa Diana devaluó la vergüenza como una moneda, pero sólo lo entendemos hasta ahora.

Ahí estaba ella, incesantemente ante nuestros ojos, intrincadamente documentada, incesantemente presente. Realmente no vimos el punto … Y luego el accidente de auto.

No fue hasta ahora que vemos el cómo ella se ocupó públicamente de la vergüenza. Ella la miró a los ojos.

La Vergüenza. Esa gran carga a través de la cual tratamos de respirar cada día.

La culpa nos dice: “Algo que hice causó problemas.” La vergüenza nos dice: “Yo soy el problema.”

¿Somos suficientes? ¿Gustaremos algún día? ¿Deberíamos sentirnos siempre un poco avergonzados de nosotros mismos.?

Tantos han sido nuestros errores. Todas las personas a las que hemos decepcionado.

Diana hablaba acerca de que su esposo ni la amaba ni la quería cerca de él. Hablaba del hecho de que estaba destinada a ser echada fuera; que la familia con la que se había casado la consideraba histérica en el mejor de los casos, inútil en el peor de los casos. A la vergüenza no le importa si vives en un palacio. Y la vergüenza, ahora sabemos, no puede sobrevivir a que se hable de ella.

Diana, con toda su vivacidad, usaba su imperfección sobre su brazo. Ella sobrellevó la vergüenza con una sonrisa. Lo cual como resultado, le impedía ser aburrida. Porque la perfección es fría y desalmada, y la misma idea de perseguirla es emocionalmente peligrosa.

¿Buscas la perfección? ¿Qué método más agresivo se te ocurre que prepararte de antemano para fracasar? ¿De hacerte desagradable incluso a ti mismo ? De eso se trata crecer.

La perfección es cruel y aburrida. Diana también era, al final, una estratega. No todo corazón. Suficiente, pero no en todo. No era una santa. La perfección es para las máquinas. No para las personas.

Debió de tener mucho miedo. Pero otra lección que hemos aprendido es que sólo porque estés asustado no significa que no seas valiente. Cuanto más temeroso eres, más heroico eres al seguir avanzando.

Y mientras ella seguía avanzando, mientras mostraba una vulnerabilidad repulsiva para algunos, entró en una especie de modo de batalla. Mezcló la empatía con el poder y es cuando ella creó un legado.

Se necesitan agallas para ser una mujer adulta, temple de acero y sinceridad. Allí estaba ella, enfrentándolo todo. O no.

La llamaban loca. Por supuesto que lo hicieron. Se usó la vieja vara que se ha utilizado para medir a las mujeres durante milenios.

Podemos, la mayoría de nosotros, parecer tan en control, tan maravillosamente funcionales cuando de hecho, estamos caminando muy cerca del borde. Diana puso de relieve ese borde. Democratizó ese borde. Devaluando la vergüenza como una moneda.

Como mujeres a las que la vida ha golpeado un poco, de repente la respetamos. Y sólo ahora, vemos que su oscuridad definió su luz.

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