La ley del “tupper”

De cierto lagunero
Por: Fco. Javier López Alvarez

La primera ley indica que cuando lo sueltas, a menos que salgas de pleito, no volverá. La segunda te dice que nunca le pongas lonche a tu marido o tu hijo en uno de ellos, porque no saben absolutamente nada de su valor y lo van a perder.
Otra de las que deberían ser reglas es que decirle “coquito”, “frasco”, “bote” o de otra forma que no sea por su verdadero nombre, es el principio del ya no regresarás. Por lo general son como la moneda y siguen circulando sin fin, o aunque creas que están arrecholados sin usar, están entre los preciados tesoros de acaparadoras cuya avaricia no tiene fin.
Las suegras suelen ser el blanco preferido de nueras perversas que no saben que cada ocasión es una prueba que les es puesta y que hay un Dios que todo lo ve y todo lo juzga. Las abuelas merecen una colonia con su nombre por ser las mártires que los seguirán soltando porque siguen siendo generosas.
Y es que el sentido común está bloqueado, pues a pesar de que ya lo sabes de todas formas los vas a soltar para no verte mal, confiarás en que regresan incluso con el reglamentario contenido sorpresa con que se te devuelve la cortesía (a veces delicioso) y que cuando sucede, puedes inequívocamente declarar que tienes en frente a una persona íntegra. Lo malo es que esto es menos probable que un accidente aéreo.
La de historias que se tejen con los bien famosos “tupper” por todos lados. La de anécdotas que en cada familia hay con respeto de estos utensilios costosos y útiles, imitados por otras marcas, populares en centros comerciales, venta por catálogo, en tiendas donde dicen que todo cuesta igual y que en algún momento dado nos ayudaron en algo.
En las presentes fechas, de festejos diversos en las escuelas laguneras, los “tupper” hacen mancuerna con el papel aluminio y ahí vamos de nuevo con las declaraciones, reconstrucción de hechos, peritajes y demás diligencias parte de las investigaciones que corresponden para averiguar quién se los llevó.
Agregar que aquellos que te son verdaderamente útiles y de los que terminarás encariñado no te pertenecen y que vas a justificar todo lo que has debido soportar al momento de, hacer como todo mundo hace, quedártelos. Así es la vida.
¡La conducta humana es fascinante! Gusto en saludarte.
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