Don Juan Carlos

¿Cómo le hago para llegar caminando a Desamparados?

Nos preguntó a Cristina y a mí mientras esperábamos en el boulevard de Rohrmoser

Imagen tomada de aquí

El viernes conocí a don Juan Carlos. Nos lo topamos Cristina y yo en el boulevard de Rohrmoser cuando estábamos esperando el bus a San José a eso de las 12 m.d. Él venía con su hija Sol alzada, se detuvo a preguntarnos que por dónde se seguía hacia San José, le señalamos hacia donde tenía que seguir, nos preguntó que una vez ahí cómo hacía para llegar a Desamparados, a la clínica Marcial Fallas, Cristina y yo le dijimos que era muy largo, que hay que agarrar bus a San José y luego los de Desamparados, nos volvió a ver y nos dijo ¿y caminando?, le insistimos que era muy largo, pero entendimos que era cuestión de dinero, no de longitud, por lo que nos ofrecimos e insistimos en pagarle los pases -¿y cuándo se los voy a pagar?- nos pregunta, -no se preocupe-.

Don Juan Carlos es guarda; el viernes, cuando llegó a su casa luego de trabajar, a eso de las 4 am, le dijeron que su esposa, quien trabaja como empleada doméstica en Desamparados, había sufrido un atropello, que estaba en la clínica Marcial Fallas y que tenían pronóstico reservado -¿qué es pronóstico reservado?, nos preguntó, Cristina y yo no pudimos decirle la verdad.

Don Juan Carlos vive en El Tajo, en San Ramón, dice que sólo hay un bus hacia afuera a las 5 am y una hacia adentro a las 6 pm, y que se dura casi 2 horas de ahí a San Ramón centro.

Don Juan Carlos y su esposa tuvieron hace 4 años a Sol y a Seth, quién tuvo el nombre por el papel de Nicolas Cage en City of Angels. Cuando ellos nacieron, nadie sabía que eran gemelos, pensaban que, en lugar de 6 meses, tenían 9, por eso su panza tan grande, tampoco sabían que Seth no tenía intestinos y que si no se le alimentaba con sonda, podía contraer una infección, tener tres infartos cerebrales y provocarle una parálisis cerebral.

Don Juan Carlos salió a las 5 am de su casa, le pidió a la vecina que cuidara de sus hijos para poder ir a San José, pero ella sólo podía cuidar a Seth, no a Sol porque es medio inquieta, así que don Juan Carlos se llevó a Sol con él a San José. Sol nunca había ido a San José.

Don Juan Carlos y Sol se bajaron en el primer hospital que vieron: el hospital México, sin embargo, ahí no estaba su esposa, le indicaron que era en Desamparados, más para allá.

Don Juan Carlos y Sol comenzaron a caminar. Sol no había comido nada desde las 5 am, así que cuando vio a unos niños en un parquecito comiéndose algo, ella les fue a pedir, don Juan Carlos fue corriendo a impedirlo. Sol vio a unos muchachos corriendo y quiso correr detrás de ellos, pero se dobló un piecito y no quiso caminar más. Don Juan Carlos alzó a Sol el resto del camino. Sol no estaba muy feliz cuando nos vimos.

Nos montamos al bus los 4, Sol sólo volvernos a ver y preguntándole a don Juan Carlos que quiénes eran esas muchachas, Cristina y yo, por mientras, discutíamos que no podíamos dejarlos que se fueran con hambre, y aunque estuviéramos cortas de dinero, entre las dos podíamos hacer algo.

Nos bajamos en el mercado de la Coca y le pedimos a don Juan Carlos que si nos dejaba comprarle algo a Sol de comer, él se alegró mucho. Claro compramos para los dos, pero agua no -comprar agua es un pecado, nos dijo don Juan Carlos.

Le indicamos que nosotras podíamos encaminarlo hasta las paradas de Desamparados, así que caminamos la avenida, siempre don Juan Carlos con Sol alzada.

Sol estaba impresionada: el montón de gente, el montón de carros, los edificios altos, el muchacho haciendo de estatua, los músicos tocando marimba, las bombas de jabón -como las de la lavadora, dijo don Juan Carlos- la camisa de la selección, la de la liga, la de saprissa -Dios guarde saprissa, le advierte don Juan Carlos.

Don Juan Carlos nos contó que es guarda en una piñera, y no para espantar personas, sino coyotes, a los que les encanta comer piña, a Sol también le encanta la piña. Nos contó que por la casa de ellos hay nacientes, que hasta llegan camiones a llevársela por montones. Nos contó que sale a montear, 2 días, más o menos, y que trae tepezcuintle y taltuza -muy rica es esa carne, nos dice- y huevos de codorniz-¡qué caros que venden los huevos de codorniz acá, allá uno sólo sale a montar. Nos contó que Sol tiene una muñeca a la que le quitaron un brazo para que ella aprenda sobre niños especiales -mi bebé especial, dijo Sol.

Llegando a la Plaza de la Cultura, don Juan Carlos apunta al edificio de la Caja — ahí veo algo del Seguro, yo sé que es por ahí- le damos las últimas indicaciones y nos despedimos y le deseamos lo mejor, a lo que don Juan Carlos nos dice que espera vernos en algún otro momento, uno mejor -recen, por favor- nos pidió al irse.


No publico esto para que vean qué cargas somos Cristina y yo, porque no se compara en nada con lo que don Juan Carlos hizo hoy y todos los días para su familia, sino por la cachetada de realidad que recibimos y, principalmente, por el amor tan grande de este papá por su esposa y sus hijos, quien, sin importarle los kilómetros y las horas qué recorrer, tenía que ir a ver a su esposa, y quien, a pesar de la angustia de no saber la situación de su esposa, no le hizo una mala cara a Sol, no se quejó de alzarla, no dejó de mostrarle, en todo el camino, cosas bonitas y divertidas para entretenerla y no angustiarla a ella también.


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