Mi gran truco

Hay ciertos episodios en mi vida que creo nunca olvidaré, momentos de extremo estrés y que de pronto se tornan en extrema calma. En esos instantes logro zafarme de toda preocupación y liberar mi mente percibiendo única y exclusivamente lo que me sucede en ese ahora. Cuando estoy en ese estado, siento absolutamente todo lo que ocurre a mi alrededor, todos mis sentidos se agudizan, en especial la piel, para mí, un sentido que permanece dormido más de lo que yo quisiera. Esos momentos de bienestar absoluto son finitos y extremadamente preciados. Lo bueno es que desde aproximadamente diez años esos momentos son más frecuentes. Para ello tengo un gran truco. Me conseguí una bruja. Es una muchacha con poderes sobrehumanos. Solo al tocarme con su mano mi cara disminuye cualquier preocupación, y eso es lo más sencillo que hace. Cuando me abraza o me consuela con sus palabras cariñosas, me despego de toda mi vida pasada y me centro en ella – cabe destacar que es preciosa – es ese el momento, mirando sus ojos, cuando consigo la calma anhelada, mi bienestar absoluto. Nadie más puede hacer eso en mí. Nadie me dijo que iba a ser así cuando firmé el pacto en 2007.

Temo no ser lo suficientemente justo con mi bruja, espero que ella también pueda ser muy feliz bajo nuestro contrato.

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