Trabajadores y trabajadoras del transporte urbano protagonizaron un paro sin precedentes en la ciudad de Córdoba. Ante un gremio intervenido, se organizaron y enfrentaron a la burocracia sindical, los empresarios y el Gobierno Municipal.

Tras nueve días de conflicto, los choferes de las empresas de transporte urbano de Córdoba Capital decidieron finalizar el paro que llevaban adelante. El objetivo: intentar negociar la reincorporación de los casi 80 trabajadores que fueron despidos a raíz de la protesta.

Desde el acampe instalado frente a la sede gremial de la Unión Tranviarios Automotor (UTA), las delegadas de Coniferal, Ersa, Tamse y Aucor dialogaron con la prensa y aseguraron que volverían a circular los coches con normalidad como una muestra de “buena voluntad” para sentarse a negociar con los empresarios del transporte nucleados en la Federación de Empresarios del Transporte Automotor de Pasajeros (Fetap) y los representantes de la Municipalidad de Córdoba.

Los choferes y delegadas de UTA reclaman desde hace semanas que el aumento salarial del 21% que fue arreglado por UTA Nacional sea en un solo pago y retroactivo a enero. Además, exigían que el aumento nominal sea aplicado como corresponde sobre el convenio colectivo de Córdoba.

Lo dijo con todas las letras, ante las cámaras de televisión de Canal 8, Erika Oliva, delegada de la empresa Tamse, unas de las referentes del conflicto: “UTA nacional nos provoca con un 8% de aumento para nuestro sueldo para todo el año, es por eso que estamos acá manifestando, y nosotros no desconocemos ni rechazamos el 21% que viene de Buenos Aires. Lo único que pedimos es que sea aplicado como corresponde, en su porcentual de cifra nominal al básico de Córdoba y de una sola vez. No que sea en tres tramos. De una sola vez retroactivo a enero”.

La lucha de trabajadoras y delegados por el respeto de sus derechos y la resistencia ante las presiones de los gobiernos, las empresas y la burocracia sindical, provocó la solidaridad inédita de muchos gremios y organizaciones sociales de Córdoba.

El Gobierno Municipal del radical Ramón Mestre respondió con una batería de despidos, demonizó la lucha de los choferes con el apoyo de los grandes medios de comunicación, confirmó su alianza estratégica con el PJ al recibir el consiguiente apoyo del gobernador Juan Schiaretti para llevar adelante este nuevo ataque contra los trabajadores. No suficiente, contrató choferes provisorios y militarizó el conflicto: mandó a sacar unidades de transporte protegidas por la Gendarmería y efectivos de la Policía de Córdoba.

Finalmente, tras diez días, la presión ejercida por el intendente Mestre y sus cómplices mediáticos, sumado al miedo por perder la fuente laboral y la repentina pérdida de apoyo de importantes sindicatos cordobeses, llevaron a que muchos conductores decidieran volver a trabajar, restando poder a la única herramienta de negociación que tenían los choferes: la huelga.

En asamblea, los choferes decidieron levantar la medida de fuerza y sentarse a negociar en el marco de la conciliación obligatoria. Sin embargo, aclararon: “Si no se respeta el acta tal cual está firmada, vamos a venir nuevamente con las bases y vamos a establecer un nuevo plan de lucha”, alertó Sonia Beas, delegada de trolebuses.

Sin demasiado interés por destrabar el conflicto, Mestre aprovechó la cobertura mediática para sumar votos con el discurso antisindical a escasos meses de las próximas elecciones. “Nada es negociable para nosotros, los días no trabajados no se van a pagar, y los que están despedidos seguirán despedidos. Si siguen en la ilegalidad van a seguir saliendo más telegramas, ayer salieron treinta más. Estamos transitando el camino de la ley, más claro imposible”, dijo este lunes el Intendente.


Los “salvajes” detrás de la huelga en la UTA

Por Fernando Rosso / La Izquierda Diario

Se habla públicamente del punto y la coma del salario de los trabajadores, del detalle de sus recibos de sueldo, de las “internas” o disputas que afectan a sus organizaciones, de las cuotas en las que deben dividirse sus magros aumentos, de sus más o menos revulsivos métodos de lucha o del carácter presuntamente “excesivo” de sus reclamos. Pero todo este ruido rabioso que se agita desde los aparatos mediáticos y desde las usinas gubernamentales alrededor de la histórica huelga de los choferes de Córdoba, es directamente proporcional al silencio que rodea la trama de negocios monopólicos. Una turbia historia que une íntimamente al intendente Ramón Mestre, al gobierno provincial y a las empresas del sector, especialmente al grupo ERSA.

La intervención de la seccional Córdoba de la UTA a mediados del año pasado por parte de la conducción nacional en manos del eterno Roberto Fernández, se produjo en paralelo al momento en que el grupo empresario ERSA llegó a controlar la mayoría de los corredores del sistema urbano de pasajeros de la ciudad. Todo indica que el desplazamiento de la anterior camarilla que estaba al frente de la seccional (y que quedó afuera de estos negocios) se produjo para defender los intereses de ERSA.

Así lo relataba la periodista Virginia Guevara en el diario La Voz (de los patrones) del Interior: “La misma semana en que se conoció que la empresa ERSA quedará a cargo del 75 % del transporte público de la ciudad de Córdoba por deserción de Autobuses Santa Fe, y al mismo tiempo en que esa empresa correntina que también recolecta la mitad de la basura cordobesa a través de LUSA debutaba en el flamante servicio público al aeropuerto (Aerobus), la Unión Tranviarios Automotor seccional Córdoba (UTA) fue intervenida por la conducción nacional del gremio” (La Voz, 1/10/2016).

Luego de destilar diatribas a tono con la línea editorial de La Voz del Interior, demonizando a los choferes y a sus medidas de lucha, la periodista ponía el foco en el hecho de que la UTA nacional nunca había intervenido en los conflictos anteriores y se interrogaba: “¿Qué cambió? El lugar que ocupa ERSA en el transporte y en los espacios de decisión política –de varias jurisdicciones–, que son proporcionales.”, respondía. Traducido a criollo: la conducción nacional de la UTA realizó una intervención a la medida de la vigorosa ERSA.

Desde que aterrizó en Córdoba y especialmente bajo la gestión de Ramón Mestre, la firma correntina Ersa tuvo un crecimiento acelerado hasta lograr la adjudicación de casi la totalidad de los corredores, en un servicio que tiene la tarifa más cara del país ($ 12,50). El control del 75 % del sistema implicó que se asegure seis de un total de ocho corredores que posee el transporte urbano de la ciudad de Córdoba (los otros dos son operados por Coniferal, además del sistema de trolebuses de la municipal TAMSE).

Uno de los procesos de cartelización más rápido y furioso de la historia oscura de los monopolios de transporte en el país.

En síntesis: el Gobierno municipal (con el aval del provincial) habilitaron a ERSA para que monopolicen el transporte de Córdoba, la dirigencia nacional de la UTA intervino la seccional para garantizar el “orden y progreso”… de ERSA y, como corresponde, al final festejaron a todo trapo con “todo pago”.

Estos extorsionadores profesionales y sin escrúpulos, una santa alianza que une a empresarios, burócratas sindicales y políticos tradicionales, son los que hoy acusan de “salvajes” a las y los choferes que pelean por la defensa de su salario. Tienen la desfachatez de pretender fijar cuál es el mísero aumento “justo” que merecen quienes todos los días ponen el cuerpo para trasladar a los trabajadores y la población de Córdoba. Con sólo repasar el prontuario de cada uno, queda claro de qué lado hay que estar.


Córdoba atrasa

Por Alexis Oliva

Desde el coche de la línea 30, unos ochenta pasajeros apretujados miran la escena. Como si fueran actores de una obra teatral largamente ensayada, su expresión es la misma: una mezcla de abatimiento y resignación. Bajo esa mirada colectiva, en la esquina Humberto Primo y Lavalleja el chofer le pasa sus datos al taxista al que acaba de romperle el espejo retrovisor cuando intentaba sobrepasarlo.

Al lado, con idéntica cara de circunstancia los policías que custodian el coche desempeñan otra previsible labor adicional: la de testigos de eventuales daños causados por los colectiveros contratados de urgencia para quebrar la huelga de los choferes.

Es la segunda vez en el año que aparece esta figura en la Argentina del cambio macrista. En marzo, a partir del tuit de un ex militar devenido asesor ad hoc de la gobernadora bonaerense Eugenia Vidal, se lanzó una campaña para sustituir a docentes en lucha por “voluntarios”. Pero la iniciativa no prosperó. Tres meses después, con el aval del intendente Ramón Mestre y el gobernador Juan Schiaretti, la empresa Ersa contrató a un centenar de trabajadores con la suficiente necesidad como para asumir una tarea denigrante y peligrosa. Se trata de rompehuelgas, llamados krumiros o esquiroles. Una figura habitual en la década del 30, cuando el Estado facilitaba el avasallamiento de los derechos laborales y reprimía la resistencia sindical.

En El Capital, Karl Marx sostiene que en el modo de producción capitalista existe una sobrepoblación obrera, a la que denomina “ejército industrial de reserva, un contingente disponible, que pertenece al capital de un modo tan absoluto como si se criase y se mantuviese a sus expensas”.

Hoy, con el pretexto de prestar un servicio público degradado por sus responsables políticos y empresariales, Córdoba atrasa por lo menos 90 años el reloj de la historia del trabajo.



Negros de mierda

Por Luciano Debanne

Tienen unas ganas bárbaras de decir negros de mierda. Se mueren de ganas.
Van buscando modos de expresar la idea sin decirlo, con eufemismos, y adjetivos forzados, pero se mueren de ganas de decir negros de mierda. Saben que todavía no da, pero van hacia ahí, construyendo las condiciones simbólicas, armando el Frankenstein de la discriminación cosiendo pedazos de argumentos de todos los colores: una pata progre, un cacho de feminismo, un poco de discurso punitivo, algo sarmientino, un cachito de caridad cristiana, alguna idea liberal, un poco de enanismo facho. Un poco de cada cosa, para sonar a verdad universal.

Aquí y allá van armando la cosa para volver a hablar del aluvión zoológico. Abriendo los comentarios y azuzando el odio de clase, escuchando democráticamente a todos y todas, lo cierto es que en el fondo se mueren de ganas de decir negros de mierda.

Negros de alma, dirán para explicar la distancia entre los que son señalados y ellos que se peinan el jopo crespo, en las pantallas de televisión, en la fiesta del Día del periodista de la radio, en la fotito carnet que sale en la esquinita de las nota de la sección de política, policiales o cultura.

Se mueren de ganas de decir públicamente negros de mierda, de explicar así el mundo. Llamarán a eso decir la verdad, dirán que analizan objetivamente, cobraran sus sueldos y recibirán regalos de los auspiciantes. Y algún día, algún día, reclamarán para sí el apoyo irrestricto del​ pueblo, para luchar por sus derechos laborales, o por sus privilegios. Entonces sí, para las noticias, dejaremos de ser negros y seremos pueblo. Nos dirán que el periodismo es el garante de la libertad y de la democracia. Nos explicarán cómo​ nos basurean cotidianamente por nuestro bien. Nos explicarán que no hay periodismo sin periodistas profesionales, que más profesional es el que cobra más plata. Que mientras más comercial, más monopólico y más empresarial sea, de mejor manera defenderá nuestros intereses.

Pero ahora no, nada de eso ahora. Ahora se mueren de ganas de vomitar su odio de clase, se mueren de ganas de decir negros de mierda. En cualquier momento lo dicen, ya vas a ver. Están preparando el terreno.


(Fotografías Colectivo Manifiesto/La Tinta)

Algunas reflexiones urgentes

Por Lisandro Levstein

Vivimos tiempos complejos. Y sobre todo veloces. En los últimos diez días hemos pasado por la rabia y el dolor. Por el miedo y la esperanza. Cada emoción guarda algún elemento de valor que espera ser rescatado por una reflexión estratégica que contribuya a potenciar las luchas del pueblo laburante y a defendernos mejor de nuestros enemigos.

Una rabia

“Los despedidos seguirán despedidos”. La perversa sonrisa de un intendente cordobés que se va a dormir convencido de haber desarmado al valiente grupo de trabajadoras y trabajadores del transporte que se puso al frente de una lucha histórica por mejores salarios y condiciones de trabajo. En Córdoba hay doscientas nuevas familias que ni sonríen ni pueden dormir.

Una certeza

El conflicto no terminó, entró en una nueva etapa. Lo que empezó como un movimiento ofensivo para mejorar las condiciones impuestas en una impresentable paritaria nacional, se ha convertido en un movimiento defensivo para preservar las fuentes de trabajo. También están en juego las condiciones para ejercer el derecho a la protesta y para resolver los conflictos con militarización y represión. Algo en nuestra estrategia falló o no alcanzó y debe ser revisado.

Un dolor

El pueblo laburante está desgarrado. Si las jornadas que sucedieron al acuartelamiento policial del 3 y 4 de diciembre de 2013 pusieron al desnudo la enorme violencia social acumulada a lo largo de cuatro décadas de terrible desigualdad y brutal represión, estos últimos diez días hicieron evidente las enormes fisuras que persisten entre los distintos segmentos de nuestra clase. Al día de hoy, la mayoría de los cordobeses sigue convencida de que éste se trata de un conflicto que enfrenta a un selecto grupo de trabajadoras y trabajadores contra el resto de la sociedad. Desde arriba, las empresas y sus malos gobiernos festejan.

Un recordatorio

Hace cuarenta años que todas las trabajadoras y trabajadores estamos peor. Ocupadas y desocupados. Estatales y privados. Del transporte y de la educación. De la actividad financiera y la salud. De alimentos y del comercio. Nadie pudo recuperar el poder adquisitivo perdido con la violencia militar de la dictadura y la violencia económica de la hiperinflación. Si actualmente los trabajadores de un sector están mejor que las trabajadoras de otro es porque los primeros lograron perder menos que las segundas y no, en cambio, porque hayan logrado ganar más. La diferencia no es ideológica ni conceptual. Y tiene impactos sobre la mirada estratégica.

Una confesión

“Sálvese quién pueda” vs. “El pueblo unido jamás será vencido”. Si el pueblo laburante está desgarrado, no tiene que ver únicamente con la terrible violencia social, militar y económica que nos oprime desde arriba, sino también con la forma en que hemos respondido a esa violencia. “Sálvese quién pueda” es la horrible frase que sintetiza la estrategia que ha predominado en el mundo de las organizaciones sindicales. Al menos, hasta ahora.

Una intuición

“Esos culiados nos dejaron a pata”. Las trabajadoras y trabajadores que menos han perdido en estos últimos cuarenta años integran sindicatos que han descansado más en su poder estructural (que surge de trabajar en actividades estratégicas como el transporte y logística, la industria de la soja y el petróleo o la intermediación financiera o en el estado, donde hay mayor protección frente a despidos) que en el poder asociativo (que surge de la organización colectiva, solidaria y democrática del pueblo laburante). Las trabajadoras y trabajadores que más han perdido son, al mismo tiempo, las que más dolores, bronca y soledad han acumulado. Esa es la experiencia realmente existente de la que se alimenta el consenso anti-obrero que las empresas y sus gobiernos digitan y los medios fogonean.

Un aprendizaje

No sólo en la tele el tiempo es tirano. No podemos sanar en unos pocos días lo que llevó años destruir. Para enfrentar la unidad sin fisuras entre empresarios (incluidos de los medios), malos gobiernos (municipalidad, provincia y nación alineados) y burocracia sindical no alcanza con la valentía y tenacidad de las bases y un cuerpo de delegadas combativo. Tampoco alcanza con la capacidad de paralizar la ciudad durante una semana y generarle un importante costo a todas las empresas de la ciudad. La voluntad de organizarse para luchar es un elemento necesario y la posición estratégica es una ventaja. Pero sin la solidaridad activa del resto de nuestra clase no hay victoria posible. Y la solidaridad de clase no puede nacer de un decreto o de una declamación, sino que debe construirse pacientemente, conectando las luchas, no sólo desde lo ideológico, sino también desde lo reivindicativo.

Una esperanza

Unidad en la acción. A los pocos días de iniciado el conflicto fueron varios los gremios y organizaciones sociales que decidieron solidarizarse con las trabajadoras y trabajadores del transporte. Entre el aguante en la sede de la UTA durante la noche helada del miércoles 7 y la masiva movilización del lunes 12 estuvo el invaluable esfuerzo del activismo sindical y social. Esa solidaridad todavía puede crecer si logramos encontrar el modo de conectar las reivindicaciones propias del sector con las del resto de nuestra clase.

Una advertencia

La economía es a veces decidir quién paga la factura. Los diez días sin transporte público generaron importantes cambios en la economía del pueblo laburante. Por un lado, las trabajadoras en lucha podrían llegar a dejar de cobrar lo que les corresponde por cada día de paro y, en algunos casos, estarían por perder su único ingreso. Las trabajadoras de otros sectores tuvieron que hacer un gasto extra (si encontraron alguna alternativa de movilidad) o perdieron el presentismo o el jornal (si no llegaron a su lugar de trabajo). Lo que falta es un debate respecto a quién se tiene que hacer cargo de la factura: si cada laburante de su bolsillo propio o la Municipalidad y las empresas de transporte. Hasta ahora, son estas últimas las que están ganando la pulseada.

Una propuesta

Una semana de transporte gratuito por cada día de paro. Una cuenta rápida de un promedio de lo gastado en taxi o remis en cada día de paro nos devuelve el equivalente de 7 días de viajes en colectivo. La cantidad de días se duplica si tomamos el equivalente a un jornal según el salario mínimo, vital y móvil. Una propuesta similar ya fue iniciada por una asociación de consumidores basados en una experiencia exitosa en San Luis. Y comparte el mismo espíritu que el proyecto denominado “Boleto Cero” elaborado por las delegadas y delegados del transporte; que la Municipalidad y las empresas del transporte se hagan cargo de su responsabilidad.

Las tres propuestas son rechazadas en bloque por las empresas y los malos gobiernos y ninguna de ellas podría ser ejecutada sin la presión efectiva del conjunto de las trabajadoras y trabajadores en unidad. Mientras damos pelea, tal vez nos sirvan para convencernos de quiénes son los verdaderos enemigos comunes del pueblo laburante, a pesar de las diferencias y los errores que lamentablemente hemos acumulado durante tanto tiempo.


Cuaderno #02 La lucha Colectiva
Córdoba, Argentina. Junio de 2017. 
Producido por
Colectivo Manifiesto y La Tinta
Bajo una licencia
Creative Commons.

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