Lunes 4 de agosto de 2013, Pozuelo de Alarcón.

El jueves que viene vuelve a ser 7 de agosto, o lo que es lo mismo, mi cuadragésimo primer cumpleaños. O el primero, según lo quiera ver, ya que sin duda este pasado invierno he vuelto a nacer. Para esta edición tan especial he decidido regalarme un blog. No es el primero ni el segundo. Este va a ser, al menos, mi tercer intento de blog. Y espero que el definitivo.

El primero fue Apuntes Prestados: en el parque somos mayoría, que como no podía ser de otra forma creé en La Coctelera, la plataforma que acabábamos de lanzar en The Cocktail. Tenía que hacerlo casi por obligación, aunque sólo fuese por aquello de “probar mi propia medicina”. Decidí tomármelo como un experimento para, ya que podíamos llevarla por donde quisiéramos, jugar con las posibilidades que tenía un blog para almacenar conocimiento técnico. La idea me la dieron la cantidad de correos interesantes que se movían ya por aquella época en la joven lista de Rails, y el firme convencimiento de que si algo es realmente importante al final nos llega a tod@s (para mí en aquella época ese alcance sólo lo otorgaba legítimamente el software libre) aunque no hayamos podido o querido ir a clase (que sería tanto el “estar a la última” como el utilizar todo tipo de software independientemente de su naturaleza).

Al principio jugué un poco con las categorías y los tags, reflexionando mucho sobre sus similitudes y diferencias pero sin llegar a conclusiones que mereciese la pena compartir. Finalmente terminó derivando en algo más convencional atreviéndome incluso a publicar algún post “normal”.

Con una intención totalmente distinta llegó U2: La Cometa… ¡Nueva!, un blog en el que decidí compartir mis experiencias con un ala delta que me acababa de comprar y que para variar, tras más de quince años volando… ¡era nueva! En realidad también algo de “probar nuestra propia medicina” había en este caso, ya que la plataforma que habíamos creado años antes con La Coctelera creció y terminó convirtiéndose en otra cosa mucho más gorda a la que llamamos The Shaker. El Grupo Vocento la adquirió y fuimos montando allí comunidades de publicación para varios de sus periódicos. Uno de ellos era Qué, de ideología aparentemente más neutral que el resto y en la que Jorge Correa se había currado una plantilla de burbujas muy simpática que terminó de animarme a crear el blog.

Años después cambié de ala y Qué también decidió cambiar la plataforma tecnológica de sus blogs. Yo ya me había enganchado a lo de contar mis “vueletes” y decidí llevarme el blog a Wordpress.com y cambiarle el nombre por Skyrides: se hace el camino al volar. El pasado 13 de octubre, volando en Granada, sufrí un accidente muy grave que me ha tenido de baja desde entonces. En medio de mi recuperación, el pasado 1 de mayo, el primer día de un campeonato que veníamos celebrando estos últimos años en Pedro Bernardo, un gran amigo con el que había disfrutado del vuelo y muy buenos ratos durante cerca de veinte años, Juanito, falleció tras romperse su ala en vuelo. Lógicamente eso supuso también el fin del ya de por sí medio sentenciado Skyrides.

Poco después de lanzar La Coctelera apareció un sitio de microblogging que estaba comenzando “a petarlo”. Una mezcla de envidia y perfeccionismo tecnológico-filosófico me hizo no abrazarlo de forma inmediata. Pensaba que un servicio así debía ser universal y federado, más parecido a un estándar como los ya existentes en la pila ISO por debajo de la aplicación web. Los primeros “sudores” que tuvo Twitter parecían indicar que efectivamente el modelo centralizado tenía inconvenientes importantes para algo tan masivo. Pero lograron resolverlos, y a pesar de que surgieron alternativas distribuidas, Twitter ya se había convertido en el estándar de facto para informar del estado de un “ente” (persona, empresa, colectivo, etc.).

Cuando comencé a postear mis vuelos me animé a entrar en Twitter por la puerta de atrás (y las orejas gachas) con una cuenta dedicada, al menos, a mi afición por el vuelo libre. El nombre @colgado me gustaba por los múltiples significados que puede llegar a tener y, aunque inicialmente no tenía muy claro haber elegido un buen nombre, le he ido cogiendo bastante cariño con el tiempo. Ahora, por ejemplo, me ha permitido encontrar un nombre que considero muy apropiado para este mi nuevo blog, ya que surge de hecho como una necesidad de “mas espacio” para explicar mis tuits (o piídos, como he leído por primera vez hace muy poco), que siempre ando luchando (recortando, continuando, o… marinando) para poder soltarlos en bloques de 140 caracteres como máximo.

Ahora voy a poder desarrollarlos aquí, no sin miedo a extenderme más de la cuenta y aburrir, o a todo lo contrario, a no tener un mínimo de constancia que hagan de este un blog que merezca la pena visitar de vez en cuando. Asumiendo que algo de interés puede llegar a tener lo que aquí cuente, que no es poco.

En cualquier caso, sea lo que sea, aquí está... ante todas y todos ustedes: Apuntes Colgados: que sin hacer nada nada quede por hacer.

Un abrazo,

— nando

PD: Para no engañar a nadie, ya desde el principio empiezo con dos semanas de retraso sólo en la creación del blog. El 4 de agosto mandé este “Sobre mí” a la compañera que me regaló el libro en el que está inspirado tanto el tagline como el espíritu del blog, para saber su opinión. Pero como era bastante probable en estas fechas, se encuentra de vacaciones con sus niñas, a pesar de lo cual se lo ha leído y me ha dejado entender en un mensaje que le parece “muy guay”. Podría verlo perfectamente como un “muy guay… ¡¡¡pesado!!! No te estoy diciendo que… ¡estoy de vacaciones!”. Pero mi ingenuidad y optimismo recalcitrante me lo impiden, y me lo he creído literalmente ☺.

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