El efecto dominó

Hoy Enrique terminó su trabajo temprano. La semana ha sido caótica y ha concluido sus labores no antes de las ocho de la noche hasta hoy viernes. Está sentado frente a su computador y ha mirado la pantalla por los últimos cinco minutos. No la mira porque tenga algo que hacer, sino porque no encuentra la forma de irse del trabajo. Quizás sea más preciso decir que no encuentra la forma de llegar a su casa.

Enrique y Sonia han estado en una relación por unos años ya. Las cosas no van bien. Ninguno de los dos se siente a gusto en la relación. De hecho, ya su relación hace tiempo que dejó de ser una fuente de gozo. Ahora es mayormente una fuente de disgusto y frustración. De vez en cuando ríen, pero aún en esas contadas ocasiones, hay tensión entre ellos. El busca la manera de pasar más tiempo en el trabajo para interactuar con ella lo menos posible. Ella ya no espera la hora de que su esposo llegue como antes, aunque no se atreve a admitirlo ni siquiera a ella misma.

El estado de su relación los ha cambiado más de lo que ellos se han dado cuenta y más de lo que están dispuestos a reconocer. Sus estados de ánimo se han transformado. Ella es maestra y, aunque sigue siendo una de las personas más dulces y gentiles que puedas conocer, se la ve taciturna, pierde la paciencia con sus amados estudiantes y ya no ríe con esa risa que una vez atrajo a Enrique. El, por su parte, ha perdido ese humor tan contagioso y que lo hacía tan agradable. Le cuesta concentrarse en su trabajo, pues no para de darle vueltas en su cabeza a las discusiones sin fin que tiene con Sonia. Tenían planeado comprar una vivienda, pero lo han pospuesto porque no saben si podrán seguir juntos. Hace un año querían tener su primer hijo, pero en vista de cómo se están llevando, se han preguntado si esa es la mejor decisión. El efecto dominó ha entrado de lleno en la relación.

Las relaciones son uno de los componentes más importantes para los seres humanos. Muchos aspectos de nuestras vidas pueden ir mal en un momento dado, pero si tenemos relaciones fuertes y saludables podremos hacerles frente a las dificultades. Sin embargo, si nuestras relaciones no marchan como debieran, somos vulnerables y esto afectará las demás áreas de nuestra vida. Es precisamente como cuando los dominós caen en fila. Cuando cae el primero, afecta al resto. El rey Salomón dijo:

Más valen dos que uno, porque obtienen más fruto de su esfuerzo. Si caen, el uno levanta al otro. ¡Ay del que cae y no tiene quien lo levante! Si dos se acuestan juntos, entrarán en calor; uno solo ¿cómo va a calentarse? Uno solo puede ser vencido, pero dos pueden resistir. ¡La cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente! (Eclesiastés 4:9–12)

Tener una relación estable no es algo que sucede. Aún encontrando una persona con la que congeniemos se requieren actitudes maduras y compromiso de ambas partes. Invertimos recursos, tiempo y gran esfuerzo en nuestros negocios y educación universitaria porque creemos que todo eso es necesario para tener cierto grado de éxito en el entorno profesional. Una relación requiere lo antes mencionado y más. Debe ser una prioridad ya que tiene un efecto en las demás áreas de nuestra existencia. De hecho, la evidencia apunta a que el efecto dominó también puede ser positivo. Creo que sería importante jugar una partida de dominó seria con la persona que Dios ha puesto en tu vida. Es hora de divertirse.

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