Perdonada

Han invitado a Jesús a comer. Están a la mesa compartiendo cortésmente, pero el ambiente no se siente exactamente amigable. Algunos de los que están a la mesa con él, lo miran de reojo y con recelo. De repente, a la sala entra una mujer sin decir una palabra. No se sabe cómo la dejaron entrar ya que es de reputación dudosa. Tiene una buena posición económica, pero todos saben los favores que hace a los clientes del sexo opuesto. Sin decir una palabra derrama un frasco grande de perfume en los pies del invitado, llora desconsoladamente y sus lágrimas se mezclan con el carísimo perfume. Luego usa su larga y hermosa cabellera para secarle los pies. Todos se quedan atónitos viendo lo que está haciendo y esperando una reacción de parte del invitado.

El anfitrión es uno de esos y dice para sí: “si este hombre fuera de verdad un profeta sabría quién es la mujer que lo está tocando y no dejaría que lo hiciera”. Parecería que el invitado “escuchó” sus pensamientos porque procede a contarle una historia de dos deudores. Ambos deben una suma que no pueden pagar y a ambos se les perdona la deuda. Las sumas que debían eran diferentes. Una de ellas era más alta que la otra. ¿Quién estaría más agradecido? Sin duda, aquel a quien se le perdonó más.

Le dice a su anfitrión que él no lo había tratado con la cortesía con que se trataba a un visitante: no le saludó con beso, no hizo que le lavaran los pies ni que le ungieran la cabeza con aceite (todo esto era la norma de cortesía en ese tiempo y en esa tierra). Sin embargo, esa mujer no había cesado de hacer eso desde que entró. ¿Por qué? porque a ella se le había perdonado más (o por lo menos, eso era lo que ella creía). Según el anfitrión, él no tenía tanto de qué arrepentirse (o por lo menos, eso era lo que él creía).

Como este hombre, hay mucha gente que piensa que no tiene una gran necesidad de arrepentimiento. Asisten a una comunidad de fe por mero formalismo de la misma forma que este hombre invitó al Señor, por mero formalismo. Nunca llegan a experimentar esa intimidad con Dios que oyen que otros han tenido. ¿Por qué? porque nunca han sido conscientes de su pecaminosidad, de cuán ofensivos han sido a Dios, de lo mucho que han desagradado a Dios. Por lo tanto, no están conscientes de lo muchísimo que Dios les ha perdonado. ¿Con quién te identificas en esta historia? Mira tu relación con Dios y tu forma de ser, ¿Cuál de las dos formas de ser refleja más exactamente la tuya?

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