Que no seas tú

Son muchas las personas. En realidad nadie sabe cuántas personas hay. Lo impresionante es que haya tantas personas, que estén amontonadas y que nadie diga ni una sola palabra. Todos están expectantes, mirando hacia una sola dirección. Ni siquiera los niños dicen una palabra. Si usted es padre de uno de esos angelitos sabe que la probabilidad de que eso pase y que un carro del transporte público haga una fila es muy remota.

El está adentro y está solo, o por lo menos eso cree. Sabe que todos afuera esperan a que él termine. Está en medio de su trabajo cuando, de forma repentina, una presencia se le aparece en frente y a su derecha. Su mente le dice que corra y salga rápidamente del lugar, pero las piernas no recibieron el mensaje. Es muy alto. Lo que ve es inexplicable porque este ser, o lo que sea que es, es reluciente. Tiene ropas blancas que parecen brillar y comienza a hablarle. Le dice que se llama Gabriel, que es un ángel y que tiene un mensaje de parte de Dios para él. Se siente sobrecogido por la sorpresa y el temor, no sabe cómo actuar ni qué decir. Este ser le comunica que, a pesar de que este señor es casi un anciano, que su esposa ha sido estéril y también está en edad avanzada, ellos tendrán un hijo. Un hijo que será grande ante los ojos de Dios y los hombres. Zacarías, que así se llama este señor y que además es un sacerdote, no le cree al ángel. Simplemente, no le cree. Ofendido y disgustado porque Zacarías no le creyó, Gabriel le comunica que se quedaría mudo hasta el nacimiento de su hijo, de su hijo Juan: JUAN EL BAUTISTA.

Aquí viene lo irónico. Dios decide bendecir a este hombre y a su mujer, quienes han esperado un hijo desde hace muchos años. Son una pareja ejemplar, guardando todos los mandamientos de Dios. Esto es irónico porque el principal obstáculo para que este hombre sea bendecido era él mismo, por su incredulidad. No creyó que lo que Dios decía podía ser hecho. En la Biblia encontramos esta declaración muy categórica:

“Pero sin fe es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que él existe y que recompensa a los que lo buscan”(Hebreos 12:6).

Dios tiene promesa de bendición para todos lo que le buscan y le obedecen. Esa es su intención, prosperarnos en todos los sentidos. Hay y habrá obstáculos para que seamos bendecidos por Dios: el enemigo de nuestras almas, otras personas, “las circunstancias”, etc. Sobre esto no tenemos ningún control, pero debes asegurarte de que tú no seas el obstáculo para ser bendecido.

En el caso de Zacarías era su falta de fe. En otras personas el obstáculo para que puedan ser bendecidos por Dios es otro. Hay algunos de nosotros que debemos examinar nuestro trato con el prójimo, incluso cómo les hablamos a las personas. Si menospreciamos a las personas en nuestro trato, forma de hablarles o nuestros corazón, no tenemos idea de cuan desagradable es esto a los ojos de nuestro creador.

“Seis cosas aborrece Jehová, 
Y aun siete abomina su alma: 
 Los ojos altivos, la lengua mentirosa, 
Las manos derramadoras de sangre inocente, 
El corazón que maquina pensamientos inicuos, 
Los pies presurosos para correr al mal, 
El testigo falso que habla mentiras, 
Y el que siembra discordia entre hermanos.”
(Proverbios 6:16–19)

Otros debemos cavar más profundo y ver nuestros pensamientos. Un corazón lleno de hipocresía, de malos pensamientos hacia nuestros semejantes o de orgullo es un obstáculo más grande para ser bendecidos de lo que podríamos creer. ¿Cuál es tu obstáculo?