Se ha despertado otra vez

Se ha despertado otra vez. De hecho, por cuarta ocasión esta madrugada. Está sudando profusamente, tanto que tiene la incómoda sensación de las sábanas pegadas a su cuerpo. Toma su teléfono celular para ver la hora: son las 3:14 AM. Se dirige al baño, abre el botiquín y se queda mirando fijamente las pastillas que le habían recetado para dormir. Antes de acostarse se había tomado una, pero no ha funcionado. De paso le echa una ojeada a la botella de vodka que dejó en el baño, pero no le provoca tomar más. No hay forma de que concilie el sueño, se desespera, se siente frustrado, siente que le falta la respiración y lleno de rabia golpea con fuerza la pared hasta que los nudillos le sangran y no le queda piel en ellos. Desea tanto tener paz, pero simplemente ni siquiera puede dormir.

Por muchas razones una persona puede no experimentar paz. La Biblia nos habla de ellas. Una es cuando tomamos decisiones para vivir de forma egoísta, satisfaciendo nuestros deseos carnales y quebrantando así los principios divinos. La vida se rige por principios y si uno los quiebra debe esperar una consecuencia lógica. Si uno gasta más de lo que gana debe esperar deudas. Si uno consume más calorías de las que quema debe esperar sobre peso. Si uno es un estudiante responsable y aplicado es lógico aprobar el curso. Dios ha diseñado la vida de esa forma. Pretender quebrantar los principios dados por nuestro creador y no esperar que eso cause mella en nuestro interior es ilógico.

David escribió las siguientes palabras en el Salmo 4:8:

“En paz me acostaré, y asimismo dormiré; Porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado”.

Estas palabras son de especial significado porque en ese momento David era víctima de ataques. Las circunstancias externas no determinaban si iba o no a sentir paz en su interior. ¿Por qué le era posible? Había puesto su confianza en Dios.

Poner nuestra confianza en nuestro creador se evidencia por los hechos y no por simples palabras. Si confías en El debes tomar decisiones de acuerdo a sus principios. Dios dice que seamos fieles en el matrimonio. Tú decides ser infiel. Dios espera que tú perdones a quien te ofende. Tú decides que no te rebajas. Dios dice que bendigas a quien te maldice. Tú decides criticar. Dios dice que siempre digas la verdad. Tú decides hasta dónde y cuándo. Y así la lista sigue. Vivimos continuamente ignorando sus principios hasta que eso se forma un hábito en nuestra vida diaria y ya ni siquiera nos damos cuenta cuando lo hacemos. Detente un momento y examina tu proceder. ¿Hay alguna actitud interior o conducta incompatible con las expectativas de Dios en tu vida? Debes arrepentirte enseguida, abandonando ese pecado (sí, la palabra pecado todavía existe). Apegarnos a sus principios es confiar en Él y cuando confiamos en El sentiremos paz. Hoy es un buen día para comenzar, ahí donde estás, con quien estás y como estás.