Seca

El hombre tiene la mano derecha seca. Literalmente. Su mano derecha, en vez de parecer una parte de su cuerpo, parece mas bien una rama seca injerta en su brazo. Es una imagen grotesca. Los que la ven por primera vez no pueden esconder la impresión desagradable que les causa y aun muchos que ya la han visto varias veces no pueden evitar sentir nauseas. Es una enfermedad extraña y la contrajo desde hace mucho.

El está en medio de la sala de este gran lugar repleto de personas. A un lado hay un grupo y al otro lado está su única esperanza de ser normal de nuevo. El rabí les hace una pregunta al grupo que está presente. No hay que ser muy perceptivo para darse cuenta de la actitud hostil de ellos hacia el rabí. El dice:

“¿Es lícito en día de reposo hacer bien, o hacer mal? ¿salvar la vida, o quitarla?”

Los mira fijamente, uno a uno. Pasea su mirada dos veces de izquierda a derecha lentamente, esperando una respuesta que él sabía que no llegaría. Luego pone su atención en el hombre de la mano seca que está en medio de ellos y le dice:

“Extiende tu mano. Y él lo hizo así, y su mano fue restaurada.”

El grupo se llena de furor hacia el rabí. Están todos airados y su deseo es matarlo. ¿por qué? Porque hizo esta sanación en el día de reposo. En la ley de Moisés Dios había dictaminado que habría un día en el que no se haría ningún trabajo. El propósito era que las personas hicieran una pausa en sus rutinas y afanes, que no se enfocaran solamente en las necesidades físicas, sino también en las espirituales.

Este grupo aquí presente, los fariseos, habían añadido su propio sistema de pensamiento (o creencias) a lo que Dios había dicho. Según este sistema, una sanación era trabajo de un médico y por tanto estaba quebrantando una ordenanza. Estaban enfocados tanto en la ordenanza que ni siquiera se dieron cuenta que el hombre había sido sanado, liberado de una terrible enfermedad.

Su forma de pensar era el obstáculo para que Jesús fuera aceptado y reconocido por ellos. Ellos tenían su forma de pensamiento definida y cuando Jesús aparece en la escena no estaban dispuestos a cambiar. Según vamos siendo criados y educados, vamos adquiriendo una forma de pensar en la que hay aspectos religiosos incluidos. Además de esto, la sociedad en la cual nos desarrollamos impone su forma de ver la vida en nuestro pensamiento. Debemos ser capaces cuestionar lo que siempre hemos creído y comparar eso que siempre nos han dicho con una fuente de autoridad confiable sobre esos aspectos. Podríamos estar perdiéndonos mucho de lo que Dios nos ofrece por creencias sobre El o sobre lo que El espera de nosotros que no están en contenidas en su voluntad. ¿Te has preguntado alguna vez si mucho de lo que piensas sobre Dios está sustentado en Biblia o si es solo parte de tradiciones o supersticiones que a las que hemos sido expuestos desde una edad temprana?

(Lucas 6:6–11)

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