¿Supiste? Dios vino.

“Esa luz verdadera, la que alumbra a todo ser humano, venía a este mundo” (Juan hijo de Zebedeo).

La persona, idea o concepto de Dios siempre genera posiciones encontradas. Si Dios existiera, tendríamos ideas de cómo debe ser, su apariencia, donde tendría ojos si los tuviera, su voz, su altura, etc. Evidentemente, todo esto matizado por nuestro trasfondo cultural y religioso o por no tener un trasfondo cultural y religioso (¿tiene sentido esto que acabo de escribir? no, pero suena bastante lógico). Un rasgo sobre como debe ser Dios que está presente en la mayoría de las personas, sobre todo en los ateos, (sí, yo sé que no creen en Dios, pero el Dios que niegan lo describen de esa forma también) es distante. Es solitario. Es tirano. Se supone que nos creó (todo esto presumiendo que Dios existiera) pero sentimos, o creemos, que después de habernos creado no tiene mucho interés en relacionarse con nosotros. Se parece a esa persona que quiere tener hijos para luego detestarlos secretamente por lo mucho que cambian su vida.

Pues resulta que el registro escriturario sagrado deja constancia de una descripción muy opuesta a nuestra concepción de Dios. La cita de Juan dice que “…venía a este mundo”. Dios decide resolver el problema el pecado con la humanidad (problema que aparentemente mucha gente no sabe que tiene). En vez de tomar una decisión administrativa y a la distancia, decide involucrarse y de que manera. Decide venir en carne viva. Nace como un mero mortal. Voluntariamente se somete a todas las limitaciones que la naturaleza impone. Camina entre nosotros, ve nuestra miseria de cerca, toca leprosos, abraza enfermos, carga niños que a otras personas disgustaban, habla con prostitutas, se hace amigo de ladrones, nos ve luchar con nuestras debilidades y enfrenta todas las que su naturaleza humana le presenta.

No había necesidad de habitar por más de tres décadas entre nosotros, pero quiso. Vino y se hizo cercano a su creación. Porque su deseo, no su necesidad, es de experimentar cercanía e intimidad con la humanidad, con su creación. Dios tiene más deseos de que usted lo busque que el que usted tiene de buscarlo. La intimidad con Dios no se trata de una retahíla de normas y regulaciones. Es abrir su corazón a esa invitación que le hace ese Dios que se hizo cercano. Abra su corazón a El, ríndale su voluntad y comience a experimentar esa intimidad con la que su creador lo hizo capaz de disfrutar.

Dios vino. ¿Supiste?