Ya se han quitado toda la ropa

Ya se han quitado toda la ropa. Ambos arden de pasión y se aman hasta el cansancio. No hay vergüenza, no hay tapujos, no hay límites. Las caricias de él la encienden y la llevan hasta lo más intenso del placer. Le hacen olvidar sus malos momentos, sus tristezas, sus conflictos y hasta…que es casada.

Es sábado por la mañana. Su esposo está en el templo como acostumbra y ella aprovecha este tiempo. Le dijo que se sentía enferma y que se quedaría en casa. Sabe que no volverá hasta la tarde. Así que no hay prisa. Nadie la había descubierto y no cree que lo harán.

Pero un niño pequeño, aprendiendo a caminar, empuja la puerta que estaba mal cerrada. Sus padres, que coincidencialmemte van de camino al templo, entran a la casa a sacarlo, creyendo que no había nadie. Los sorprenden en pleno acto sexual. Dan la voz de alerta a los demás que vienen más atrás y dentro de los cuales hay varios fariseos. Entran con violencia y la sacan desnuda. Apenas alcanza a agarrar unas cortinas de la puerta y con ellas se cubre. La arrastran hasta el templo para llevársela a un tal maestro llamado Jesús. Allá se la lanzan a los pies y le cuentan como la atraparon en pleno acto y le preguntan lo que sugiere que hicieran ya que la ley decía que debían apedrearla.

> Los maestros de la ley y los fariseos llevaron entonces a una mujer sorprendida en adulterio, y poniéndola en medio del grupo le dijeron a Jesús:

> — Maestro, a esta mujer se le ha sorprendido en el acto mismo de adulterio. En la ley Moisés nos ordenó apedrear a tales mujeres. ¿Tú qué dices?

La reacción de estos hombres que le llevaron a esta mujer sorprendida en adulterio, refleja la naturaleza humana cuando alguien comete un error. Actuaron como si ellos nunca hubieran cometido pecado y como si la mujer no fuera humana. Hay dos razones por las que todos debemos mostrar misericordia con los demás. Cada uno de nosotros ha pecado, peca y pecará. Algunos son más escandalosos mientras que otros son más discretos. Pero son pecados. No podemos olvidar nuestra condición cuando evaluamos y juzgamos a los demás. Pero algunos mejoran como personas y ya se creen por encima de los demás, con el derecho de juzgarlos y condenarlos.

La segunda razón es que somos humanos. Como tales fallaremos en incontables ocasiones. La perfección no puede ser la norma de las relaciones, pues nadie tendría una. Cuando nosotros fallamos queremos que los demás nos comprendan y entiendan que somos seres humanos con debilidades (y tenemos razón), pero si alguien nos perjudica con sus debilidades no somos capaces de recordar esto para usar de misericordia. Santiago 2:13 dice:

“Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; y la misericordia triunfa sobre el juicio”.

Examina tus relaciones con tu esposa o esposo, tus hijos, amigos o compañeros de trabajo y te sugiero que si tienes una piedra en la mano, la sueltes.

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