Todas/os abordo: Travesía por la paz en el mes de los ODS.

Cortesía de Peace Boat

Panamá ha sido uno de los destinos del Barco de la Paz en su vuelta al mundo número 98. El crucero atracó en el puerto de Colón con su mensaje de paz y derechos humanos y propició durante dos días el intercambio entre jóvenes de diferentes países que viajan a bordo promoviendo los ODS y portavoces juveniles de Panamá que protagonizan proyectos de desarrollo sostenible.

Antes de surcar las aguas del Canal de Panamá y seguir su rumbo en el océano Pacífico, estos jóvenes tuvieron oportunidad de aprender sobre la vida comunitaria de los pueblos indígenas Emberá y Kuna, y enriquecieron sus conocimientos sobre el trabajo de las Naciones Unidas en su visita a la Casa de la ONU, en la capital panameña. En su travesía a lo largo de 23 países, el Barco de la Paz disemina en los puertos del mundo el mensaje de paz de los supervivientes de Hiroshima y Nagasaki, quienes son el testimonio vivo de los horrores de la guerra nuclear.

Cortesía de Peace Boat

El sueño de Grace Appiah es trabajar en las Naciones Unidas para abogar por el derecho de las mujeres y crear más espacio y oportunidades para las mujeres afrodescendientes. Originaria de Ghana y actualmente cursando sus estudios en los Estados Unidos, Appiah es una de las siete jóvenes que se embarcaron en el Barco de la Paz para llevar el mensaje de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) allende los mares.

Estos jóvenes han impulsado diversas iniciativas para el desarrollo en sus respectivos países y fueron seleccionados para participar en el programa “Jóvenes por los ODS”, sumándose a la travesía global desde Panamá hasta México. Appiah fue elegida por liderar Still I Rise, un programa de liderazgo para empoderar a mujeres africanas, promover su acceso a los estudios y lograr así el Objetivo 5, que busca la igualdad de género.

Appiah y los Jóvenes por los ODS forman parte de una familia más amplia, compuesta por los más de mil trescientos pasajeros y tripulantes que viajan a bordo del Barco de la Paz, un crucero que surca los mares para llevar un mensaje de respeto a los derechos humanos y al medioambiente, la desnuclearización y el desarrollo justo y sostenible.

Cortesía de Peace Boat

La coordinadora internacional del Barco de la Paz, María Pérez, define el crucero como un “espacio neutral, de educación, una universidad flotante que permite superar fronteras e iniciar vínculos de cooperación y diálogo”.

El Barco de la Paz es una organización no gubernamental con sede central en Japón, que impulsa temas globales como prevención de conflictos, conservación ambiental, desarrollo sostenible, cultura indígena, personas refugiadas e igualdad de género. Para ello, organiza programas educativos globales, de turismo responsable, proyectos de cooperación y campañas de sensibilización y apoyo.

El Peace Boat, como se conoce en inglés, hizo un alto en su travesía mundial número 98 y atracó en el puerto de Colón por espacio de dos días, coincidiendo con la celebración de julio como el Mes de los ODS, decretado por el Gobierno para promover la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible.

Antes de cruzar el Canal de Panamá y proseguir su rumbo hacia México, portavoces juveniles de grupos y organizaciones que trabajan en pro de los derechos de la juventud en Panamá tuvieron la oportunidad de recorrer el crucero para conocer más acerca de su misión e intercambiar experiencias con los internacionales.

Ese es el caso de Meyvis Blackman, activista por los derechos de la juventud afrodescendiente y que ahora trabaja desde las instituciones de la Alcaldía del Distrito de Colón, en la primera secretaría creada en el país para la promoción de políticas públicas pensadas en la juventud y adolescencia.

“Trabajamos para ser incluidos en la toma de decisiones del país. La población joven y afrodescendiente es una población frecuentemente marginada, que sufre una discriminación estructural. Es una realidad que se traduce en mayor desempleo y mayor índice de embarazos y de contagio del VIH”, explicó Blackman, quien también forma parte de la Red de Jóvenes Afrodescendientes.

En Panamá, donde una de cada cuatro personas es joven, estas iniciativas buscan brindar nuevos horizontes a la juventud a través de su participación en la vida institucional y en distintos proyectos educativos, de promoción de las artes visuales, la danza, el teatro o proyectos musicales.

Otros portavoces que pudieron compartir sus experiencias provenían del grupo Evolución Artística y Cultural de Adolescentes y Jóvenes (EACAJ), la Juventud Activa y en Progreso (JAP) de San Miguelito, y de la Academia de Liderazgo para Jóvenes sobre Cambio Climático y RET, entre otros grupos. El PNUD acompaña estas iniciativas a través de la cartera de proyectos de su oficina en el país.

El primer viaje del Barco de la Paz fue en el año 1983, cuando el mundo todavía estaba dividido por la tensión de la Guerra Fría. Desde entonces, su misión y objetivos han ido adaptándose a los nuevos desafíos globales como el cambio climático y la realidad de países en conflicto, incorporando los ODS y el logro de la sostenibilidad ambiental en su mensaje por la paz.

VISITA A LA ONU

En su paso por Panamá, los participantes del Barco de la Paz visitaron las oficinas del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), ubicadas en la Ciudad del Saber, en la capital panameña, donde pudieron aprender de primera mano los principales avances y esfuerzos realizados en la región latinoamericana y en el país para materializar los ODS.

El representante residente adjunto del PNUD, Fernando Hiraldo, explicó los 5 ejes que promueven los Objetivos de Desarrollo y que se resumen en el cuidado del Planeta, el bienestar de las Personas, y en la búsqueda de la Prosperidad, la Paz y las Alianzas para conseguirlo. En el recorrido por la Casa de la ONU tuvieron asimismo la oportunidad de conocer la labor del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), ONU Ambiente, y de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

CONOCIENDO LA DIVERSIDAD CULTURAL PANAMEÑA

Cortesía de Peace Boat

Como parte del programa de estudio para conocer la riqueza cultural de Panamá, los Jóvenes por los ODS visitaron las comunidades Kuna y Emberá Quera, donde pudieron compartir sobre el conocimiento ancestral de sus comunidades. En Panamá existen siete pueblos indígenas que representan aproximadamente el once por ciento de la población total.

Rigoberta Menchu, premio Nobel de la Paz, activista de los derechos de los pueblos indígenas e invitada a El Barco de La Paz en viajes anteriores, expresó que el conocimiento de los pueblos indígenas “deja una semilla de conciencia en muchas personas. Los visitantes se llevan un recuerdo de los pueblos visitados, conocen su realidad, y practican de alguna manera su espiritualidad. El Barco de la Paz ayuda a cambiar perspectivas y representa también una hermandad muy profunda que hemos podido sentir”.

UN MENSAJE DE PAZ

Los viajes del Barco de la Paz crean un espacio donde las personas puedan encontrarse, profundizar sus lazos, apoyarse unas a otras y descubrir un interés común más allá de las fronteras.

Uno de los mensajes que contribuyen a crear este espacio fue el transmitido por los Hibakusha -sobrevivientes de las bombas atómicas-, Jouji Ueda, Terumi Kuramori y Kaoru Shinagawa, ciudadanos japoneses que llevan un mensaje de paz y en favor de la no proliferación de las armas nucleares en el mundo.

En el intercambio a bordo del barco con personal del PNUD, los supervivientes recordaron que la cadena de producción nuclear ha dejado víctimas con secuelas no solo en Hiroshima y Nagasaki, sino también en lugares como Tahití, donde se llevaron a cabo pruebas nucleares, o en regiones donde se extrae el uranio, como Australia, y ahora en Chernobil y Fukushima.

Desde 2008, supervivientes del horror nuclear participan cada año en los viajes del barco para dar su testimonio sobre el efecto de las armas nucleares. El Barco de la Paz inició el proyecto Hibakusha, una red global que agrupa a víctimas de la radiación nuclear, con el fin de destacar el aspecto inhumano de las armas nucleares y fomentar la desnuclearización en el mundo.