El precio del error

Es cierto que uno debe vivir en el presente, y en segunda instancia planificar y crear el futuro, pero también es verdad que muchas veces el presente nos envía inevitablemente al pasado y a la reflexión de las decisiones personales y colectivas que asumimos tiempo atrás.

La industria del periodismo y los medios no suele ser de las más reflexivas y autocríticas, lo sabemos, pero inevitablemente hoy ante la incierta y caótica situación por la cual está atravesando, se cuestiona decisiones y estrategias asumidas en el pasado, que forjaron la situación actual. No queda otra forma de construir un futuro alentador si no reconocemos la situación actual y porque llegamos de esta manera.

Leía ayer un artículo sobre los 20 años del Periodismo Digital en Argentina, cuando los más osados medios tradicionales decidieron poner “online” sus contenidos, allá por al año 1995, Los Andes, en Mendoza dió el primer paso, luego siguieron La Nación, La Nueva, Clarín y así se fueron sumando muchos más, como una aventura loca y creo, sin el razonamiento y la visión adecuada de lo que iba a implicar esa decisión, esa lapidaria decisión.

Es verdad que en esos años la penetración de Internet en el país era mínima, y también creo en mi humilde opinión que ninguno de los editores y gerentes de empresas de medios imaginó en ese momento el futuro de lo que iba a significar Internet como fenómenos de masas y por supuesto lo que hoy ya sabemos, que iba a cambiar definitivamente la vida de las personas.

En ese contexto se gestó algo, o mejor dicho no se decidió quizá lo que debía haberse tenido en cuenta visionando el futuro: Publicar los contenidos online y dar acceso gratuito a los primeros lectores digitales.

Lo que sucedió después ya es sabido, la explosión de Internet fué tan disruptiva y abrumadora que las masas se volcaron a leer noticias online más rápido que la reacción que pudieran tener las empresas de medios. Luego la publicidad desembarcó en las plataformas digitales prometiendo algo que nunca iba a llegar, con los ingresos de sus ediciones gráficas estables, no había de que preocuparse.

Pero ya en 2016 la situación es distinta, el paciente ya se encuentra en estado crítico, no llegan las medicinas, muchos doctores opinando sobre un diagnostico que nadie puede dar como certero y salvador, y lo peor de todo…del reloj están cayendo los últimos granitos de arena.