El niño Gustavito

Con el mazo dando
Jul 21, 2017 · 1 min read

Gustavito estaba ahí para cuidar. Esa era su única función: cuidar esa casa enorme, de tres pisos, con diez personas viviendo ahí. Lo trajeron sin que se diera cuenta, y lo colocaron en un lugar húmedo, sucio, oscuro, cerrado por largas temporadas. Yo me pregunto quién puede cuidar algo así. Pero así estaba Gustavito. Cuidó y vivió en ese lugar por muchos años, hasta que poco a poco esa casa comenzó a decaer. De diez personas, pasaron a vivir cinco, y actualmente viven sólo tres. Era una casa grande, opulenta, con mucha vida, muchas fiestas, con grandes ollas rebosantes de comida. Ahora está llena de telas de araña en cada esquina, con polvo en todos los rincones, alfombras que no se lavan desde que se murió el patriarca de la familia, con lámparas tipo arañas que no se limpian desde que el último hijo soltero se mudó, con cuadros apolillados y con losetas quebradas. Gustavito nunca olvidó cómo llegó. En un frasco de formol, cerrado herméticamente, traído de un hospital. Para cuidar eternamente la casa de la que iba a ser su mamá.

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Con el mazo dando

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dicen que “a dios rogando y…”