Nuevo año, nuevo capítulo

Una vez más ha llegado el comienzo de un nuevo año, y como siempre, mi momento favorito para ponerme melancólica y filosófica y reflexionar sobre los últimos doce meses de mi vida.

He de decir que el 2015 ha sido un año totalmente inesperado. Lo comencé en casa, en familia, y continué la celebración con mis amigas, vestida con un pijama de Koala y comiendo gelatina de fresa con vodka (nada mejor que una celebración tranquila en casa). A la semana volví a Irlanda, a aquella calle perdida en mitad de la nada del countryside del condado de Cork, con mis pequeños demonios. Viví mi primer St. Patrick’s en Dublín, y tuve las mejores vacaciones en familia de los últimos tiempos. Sin olvidar mi visita a Londres poco después, cuando aún pensaba que mi futuro cercano se encontraba en Irlanda. Acontecimientos inesperados hicieron que mi experiencia como Au Pair acabara antes de tiempo, y mis planes de quedarme en el país de la cerveza negra se redirigieran a Londres, brindándome la oportunidad de disfrutar de tres meses de vacaciones de verano en Almería. OH, qué vacaciones… Mi familia, mis mejores amigos, la visita de mi prima, Mojácar (oh, Mojácar), el aniversario de Porrón (benditos calimochos), mi paso breve por Cuenca, la feria… Sin duda, un verano increíble e inolvidable, lleno de experiencias.

Y con el fin de la feria y el comienzo de Septiembre, llegó el momento de una nueva aventura, Londres. Aquí conseguí mi primer empleo, en mi querido Starbucks, en una tienda en el centro de la ciudad y con un equipo increíble, mi primera oportunidad de crecer, de aprender sobre un negocio… La felicidad de ir al trabajo sin que te pese demasiado, de disfrutar con lo que haces. Mi primera experiencia compartiendo piso, cuyas “anécdotas” darían para otra entrada. Mi amor por Primrose Hill y las tardes de sidra y manta a finales del verano. Todos sus deliciosos mercados de comida, Camden, Portobolleo, Borough, Brick Lane... Y el ambiente navideño; Winterwonderland, las luces de Regent y Oxford Streets, la aglomeración de turistas en la calle (y su obsesión por ir a Starbucks), mi primera Nochevieja fuera de casa…

En definitiva, 2015 ha sido el año de los cambios inesperados, del final de muchas historias y el comienzo de otras. El año de no cumplir ni uno de los propósitos de Año Nuevo (salir a correr cinco veces en 365 días no cuenta como “Empezar a correr”, ¿no?), pero de haber conseguido otros logros.

Así que para el 2016 deseo (para mí en particular y para todos en general) que las aventuras no hayan hecho más que comenzar, aprender a vivir el presente y disfrutar de cada momento, que sea capaz de seguir luchando por lo que quiero, que nunca deje de ser positiva, y que tenga la oportunidad de seguir disfrutando los grandes momentos con mi familia y amigos.

(Eso, y otros pequeños propósitos de Año Nuevo que guardo para mí y para la entrada del año que viene)

¿Cuáles son los vuestros? :)

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