St. Patrick’s Parade — Dublin 2015

San Patricio — Parte I

Tras el abandono de las últimas semanas por motivos de estudios (de un día para otro me dio por presentarme al IELTS), hoy os voy a contar cómo ha sido vivir un día de St. Patrick en Dublín.

Todo comenzó una tarde de Septiembre en la que mi hostmum me recordó que si quería pasar St. Patrick’s en Dublín, tenía que empezar a mirar albergues en ese momento. ¡Y menos mal que lo hizo! Cuando me quise dar cuenta el hostal donde había pasado unos días el mes anterior estaba completo para esa fecha, y como ese, unos pocos más. Por suerte, mi hostmum, salvándonos otra vez, nos encontró el Égali Hostel, donde pudimos encontrar nuestro hueco en una habitación de 16 por 35€ la noche (y sí, a pesar de faltar seis meses para esa fecha).

El tiempo pasó rápido desde entonces, y cuando quisimos darnos cuenta estábamos a dos semanas del viaje, decidiendo que el pijama de Leprechaun que vimos en Penneys tenía que ser, claramente, nuestra ropa oficial para el día de St. Patrick. Y con el pijama/disfraz en la maleta, la mochila cargada de sidras, y dispuestas a pasar una de las mejores noches de nuestras vidas, llegamos a Dublín.

He de confesar, que a pesar de ser súper felices con la idea de ir vestidas de Leprechaun por Dublín, nos dimos cuenta que nos hacían falta un par de sidras antes de salir así a la calle. Así que vestidas de duendes verdes, nos bajamos a la sala común del hostel a beber, donde tuvimos nuestros primeros admiradores. ¡Y qué alivio! Porque anda que no nos costó entrar a la sala común vestidas así. Y tras un par de sidras (o tres) decidimos unirnos al grupo de chicos y chicas del hostel y salir a la calle con ellos.

Fue en Temple Bar donde descubrimos que no estábamos solas, que había más Leprechauns por el mundo. Y entre las risas y las charlas sobre lo original de nuestro disfraz, nos dimos cuenta de que habíamos perdido al grupo original. Así que nos sumergimos en la multitud beoda de Temple Bar, donde aprendimos que Dublín tenía más brasileños que Brasil, donde nos pusimos a hablar con unos y con otros, a echarnos fotos con todo el que nos lo pedía, hasta que nos encontramos a dos chicos del staff del albergue y decidimos que era hora de volver a casa.

La noche había sido sólo el aperitivo de lo que nos esperaba al día siguiente, pero ya nos hacía pensar que sólo por este viaje había merecido la pena todo el tiempo como Au Pair.

Pero eso ya os lo contaré otro día, los niños esperan.