El descuido mejor disfrazado

Durante un encuentro entre amigos encontré un problema cotidiano ignorado e irreconocible por todos.

Fue todo muy fugaz. Estaba sentado en una reunión de jueves entre amigos de mucha confianza, estábamos muy divertidos tomando unos tragos exóticos y comiendo una picada de quesos, salamines, jamones y otras variedades típicas. En un momento me levanto para ir al baño y cuando termino de orinar y comienzo a lavarme las manos observó que junto al grifo había una toma de corriente con la posibilidad de conectar tres enchufes. Uno de ellos estaba ocupado por una luz fluorescente que iluminaba el gigantesco espejo, la segunda por un secador de pelo que al parecer hacía un ruido extraño y la tercer toma era esclava de una máquina de cortar el pelo. No soy de observar el tema del uso de la energía pero esto me llamó mucho la atención por la cantidad de objetos conectados en desuso que había en la pequeña mesada del baño de mi amigo. No lo pensé demasiado y volví tranquilamente a mi sitio, a mi sillón donde una charla plagada de risas se desenvolvía. Sin siquiera poder unirme a la diversión comencé a mirar a mi alrededor pero esta vez con una concentración inusual. Me voltee y me percaté de que el equipo de música estaba sobre la mesa en volumen mínimo, es decir, sin ser escuchado. Asomé la cabeza por encima del corpulento cuerpo de mi amigo y vi que había tres celulares cargándose y otros dos sin conexión con sus respectivos teléfonos y ese fue el momento en que las fichas cayeron como bombas atómicas dentro de mi reflexivo cerebro. Dentro de este último se libró un lucha de pensamientos y teorías sobre si lo que estaba sucediendo era correcto, si realmente convenía y si debía accionar al respecto. 
Nunca me había sucedido esto pero es que me puse a pensar y al no llegar a una conclusión, hice caso a mi ansiedad y tomé el teléfono celular y realicé una búsqueda express y leí que según la periodista especializada en tecnología moderna, Gabriela Gonzalez: “Dejar un cargador de celular conectado sin el móvil gasta energía porque cualquier dispositivo electrónico que tenga un transformador, como el cargador del smartphone o la tablet, completará el circuito electrónico cuando se conecta a un tomacorriente. Y, por lo tanto, la única forma de romper este circuito es desconectando el cargador”. Me conformé con esta fuente y advertí inmediatamente a mis amigos y como respuesta obtuve una serie de monosílabos y procastinaciones de su parte así que me decidí a obrar por cuenta propia y fui apresurado hasta los enchufes y desconecté los tres que estaban al vicio sin sus celulares. Luego me dirigí a todos con un tono de voz autoritario y molesto reclamando la falta de atención por parte de ellos, repetí lo que leí en Internet y les comenté de las consecuencias que incluyen el gasto de energía eléctrica, el deterioro del propio cargador y el dinero que ese descuido implicaba.

Llegando a las una de la mañana, cansados y satisfechos por el encuentro, uno de mis amigos se me acercó y me rodeó con el brazo y me dijo con un dejo de sinceridad: “Conrado, puede sonar medio repentino y extraño tu consejo de hoy pero la verdad que lo pensé un toque y es la posta, tenés razón. Tenemos que ser un poquito mas conscientes, gracias hermano.” Yo contesté: “¿Viste? Todos los días se aprende algo nuevo”