Comparte La Mesa

Somos bendecidos al vivir en el desierto. Hemos forjado, a través de siglos de historia un legado importantísimo en esta tierra árida del norte de México; un país tan diverso en el que se desarrolla y se transmite a las nuevas generaciones un patrimonio gastronómico de los que más llama la atención en el mundo, con técnicas como el envasado y la deshidratación, creadas siglos atrás, para la conservación de nuestros alimentos, previniendo así su escasez en ciertas épocas del año. Nuestra singularidad radica en la técnica, pues cual artesanos, creamos sabores por medio de estos procesos inigualables en las cocinas norteñas, que son gran ejemplo del poder de la adaptación de los seres humanos en entornos hostiles alrededor del mundo y que hoy en día, nos colocan en el mapa de la cocina internacional.

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México entero es una amalgama de sabores, de olores, de platicas interminables.

Sin duda, las culturas del mundo se diversifican por múltiples factores y la cocina es uno de los más remarcables. Ello, por la utilización del suelo para la obtención de ingredientes específicos y únicos, la cría y caza de animales, así como la invención y fabricación de instrumentos para la transformación de los mismos. Y en nuestro caso, los distintos modos de almacenamiento y modificación de los elementos para ser conservados y utilizados en las muy probables temporadas de sequía, que permitió desarrollar recetas inigualables cuya preparación que hasta el día de hoy, llevamos a las mesas chihuahuenses.

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Pero México entero es una amalgama de sabores, de olores, de platicas interminables. Alrededor de la mesa que podemos compartir, a la hora de comer en nuestra rutina cotidiana, o cuando tenemos la oportunidad (o la necesidad) de viajar y conocer otras regiones en cualquier parte del mundo, recurrimos a lo que tenemos al alcance y que más quisiéramos que esa experiencia sea enriquecedora para nuestro paladar y recolectar esa linda experiencia en nuestros recuerdos.

Recurrimos al consumo de comida rápida.

Ya no es tan sencillo encontrar el tiempo necesario para realizar un platillo; asar chile, cocinar cuete, esperar a que cuaje la leche, etc. Para muchos, por no decir que para la gran mayoría, ya no es opción al solamente contar con una hora (a veces menos) para alimentarnos, sumando las grandes distancias que tenemos que recorrer para regresar a nuestra casa y de vuelta al trabajo; recurrimos al consumo de comida rápida que, además, nos aporta un muy bajo nivel nutrimental. Si bien el embolsado o enlatado de algunas preparaciones para su comercialización, nos otorga la posibilidad de poder al menos percibir el olor y el sabor de un chile pasado, nos aleja aun así del placer de cocinar y ni hablar de la experiencia de comer en compañía.

Disfruta otros sazones y vive la experiencia de comer en otro hogar.

Share the bread nace de ésta necesidad de encontrar lugares comunes, tanto para la gente que busca alimentarse (no solo para cumplir con el requisito de alimentarse y ya), y para todos aquellos que deseamos compartir un lugar en nuestra mesa ofreciendo el sazón, que heredado o adquirido, nos distingue y, por que no, ver un beneficio económico con ello.

Por medio de una aplicación al registrar nuestros datos, tenemos la oportunidad de encontrar un lugar cercano a nuestro trabajo, un lugar con buenas reseñas, o bien por medio de ella también, ofrecer el plato que hoy prepares para tu familia o que prepares especialmente para recibir gente interesante en tu mesa. Vive la experiencia.

Texto por Alejandra Ojeda Rincón.